QUÉ ES LA OPERACIÓN PANGEA

Hay un mercado global de medicamentos falsos: estos son los riesgos

Este mismo mes ha tenido lugar el último operativo del programa de la Interpol que desde hace más de una década intenta atajar el creciente problema del negocio médico ilegal

Foto: La Guardia Civil desmanteló el pasado abril una trama internacional que fabricaba en un laboratorio de Teruel medicamenos ilegales que se distribuían en Asia, África, Europa y América. (Efe)
La Guardia Civil desmanteló el pasado abril una trama internacional que fabricaba en un laboratorio de Teruel medicamenos ilegales que se distribuían en Asia, África, Europa y América. (Efe)

Quizá no haya trascendido demasiado, pero entre los pasados 9 y 16 de octubre tuvo lugar la Operación Pangea XI, un golpe global a la industria de los medicamentos falsos que se incautó de 500 toneladas de medicinas ilegales cuyo valor rondaba los 12 millones de euros. En la operación en la que participaron 116 países (incluida España) se detuvo a 859 personas y se cerraron 3.671 páginas web. Como anunció Interpol, se trataba sobre todo de medicamentos contra el cáncer y analgésicos, así como de jeringuillas, instrumentos médicos o lentes de contacto ilegales. La mayoría, “potencialmente peligrosos”.

En Polonia, por ejemplo, se localizaron pastillas anticonceptivas escondidas en cajas de DVD. En Irlanda se incautaron píldoras para dormir, guardadas en libros falsos. En Macedonia, las autoridades localizaron hasta 737 instrumentos de cirugía cardíaca que no habían pasado los controles necesarios. Es tan solo la punta del iceberg de un conglomerado cuyo tamaño total se desconoce, y que cada año mueve miles de millones de euros al mismo tiempo que pone en riesgo la salud de millones de personas en todo el planeta, tanto lo de aquellos que consumen estos productos como la de sus vecinos. No es la primera operación que ha tenido lugar este año, pero sí la más contundente: el resto, debido a las nuevas estrategias de los traficantes, han sido golpes más pequeños.

El pasado año, la Guardia Civil intervino más cuatro millones de dosis de medicamentos ilegales en la operación Pangea X

“Los criminales están moviendo ahora cargamentos con un menor número de pastillas para intentar sortear los cada vez más estrictos controles que se han convertido en rutinarios en muchos países como resultado de las operaciones Pangea”, ha manifestado el secretario general de la Interpol, Jürgen Stock. “Sin embargo, los resultados de este año han puesto de manifiesto una vez más nuestro éxito a la hora de evitar que productos potencialmente letales lleguen a los consumidores”. La primera Operación Pangea tuvo lugar el 12 de noviembre de 2008 centrada en el comercio de medicinas por internet, donde se mueve la mayor parte del negocio. España comenzó a colaborar en la segunda opreación, en 2009.

El año pasado, la Guardia Civil intervino más cuatro millones de dosis de medicamentos ilegales en la operación Pangea X, en un dispositivo que incluía 23 operaciones distintas y 62 sospechosos. La mayor parte de ellos eran potenciadores de la función sexual, aunque también figuraban algunos productos para adelgazar que se comercializaban en algunos herbolarios, gimnasios, sex-shops o parafarmacias. Como recordó la Guardia Civil, se trata de “una actividad delictiva global, constituyendo un riesgo para la salud mundial y ligada, en muchos casos, a la delincuencia organizada de carácter transnacional".

¿Cuál es el riesgo?

Aunque la mayoría de estos medicamentos (42%) son consumidos en países en vía de desarrollo, estos no son ni de lejos los únicos afectados por ellos. Según un informe publicado el pasado año por la Organización Mundial de la Salud, un 21% de las notificaciones remitidas a la organización por el Sistema de Monitorización Global provenían de Europa, y España es uno de esos países donde se han localizado medicamentos falsificados o de calidad subestándar. El documento recuerda que esta clase de productos son “producidos por fabricantes registrados”, pero que no satisfacen los estándares de calidad aprobados porque “fueron fabricados en condiciones deficientes o envasados y transportados de manera inapropiada”.

Estos suelen caracterizarse por estar diseñados para engañar deliberadamente a los consumidores desde su embalaje, y pueden contener cantidades peligrosamente altas o ineficazmente bajas (o ninguna cantidad) del principio activo. En otros casos, se trata de medicamentos caducados que vuelven a ser introducidos en el mercado aprovechando las diferencias de criterio en cada país. Estos pueden ser de todo tipo: tanto marcas conocidas como genéricos, tanto medicinas de estilo de vida (cosméticos, productos para la disfunción eréctil o dietéticos) como tratamientos contra el cáncer, vacunas o antibióticos. “A los falsificadores de medicamentos les interesa el beneficio”, recuerda el informe. “Si existe demanda, no les importa si el medicamento es de marca o un genérico o qué empresa produce la versión auténtica”.

Estos resultan peligrosos no solo por su baja efectividad, sino también por sus efectos colaterales, como el desarrollo de resistencia a los antimicrobianos. Debido a que los antibióticos están diseñados para destruir los patógenos que causan la enfermedad, si la dosis no es suficiente o está dañada, tendrán margen para sobrevivir al mismo tiempo que adquieren una mayor resistencia. El ejemplo más claro de este problema es lo que ocurrió con la esistencia a la artemisinina, uno de los medicamentos más eficaces contra la malaria, desarrollada en un momento en el que según los cálculos de la OMS entre el 38 y el 90% de dichos medicamentos eran falsificaciones o estaban contaminados. Se calcula que hoy mueren unas 116.000 personas al año de malaria por esta razón. A lo que hay que añadir el aumento del riesgo de contagio global debido a las crecientes facilidades de desplazamiento.

El mercado de productos falsos en los países desarrollados suele comprender aquellos que tratan enfermedades estigmatizadas, como la impotencia

Una de las dificultades a la hora de hacer frente a esta situación son las complejas cadenas de suministro que provocan que los productos pasen por demasiadas manos, elevando en cada paso la posibilidad de que se produzcan malas prácticas. “Hoy en día, un comprimido tomado en Alemania puede haber sido fabricado en Egipto con ingredientes importados de la India, Brasil y España, envasado en láminas de aluminio procedentes de China, empaquetado en una caja diseñada en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y enviado a Liverpool a través de Dubái”, recuerda el informe. Y es frecuente que el problema con algunos de estos medicamentos falsos se encuentre en tan solo un elemento de la cadena, mientras que el resto ignora el peligro.

Por qué aparecen y cómo combatirlo

El dinero se encuentra en la raíz del surgimiento y consolidación de esta industrias, pero no solo por el enriquecimiento de fabricantes sin escrúpulos y traficantes. Como recuerda el informe, suelen prometer efectos similares que los medicamentos legales a un precio mucho más bajo (aunque a la larga, sea más caro). También florecen en los momentos de alta demanda y escasez de suministro, generalmente en entornos donde los estándares son más bajos y hay escasa capacidad técnica para identificar estas prácticas. Se trata incluso de medicamentos de bajo costo que se pueden vender en grandes cantidades: siempre y cuando se pueda obtener un mayor margen cabe la posibilidad de que surja una alternativa ilegal.

Parte de las cerca de 4.000 cápsulas de los productos 'Libidus', Maxidus' y 'LFW', intervenidos por la Guardia Civil en Málaga. (Efe/Daniel Pérez)
Parte de las cerca de 4.000 cápsulas de los productos 'Libidus', Maxidus' y 'LFW', intervenidos por la Guardia Civil en Málaga. (Efe/Daniel Pérez)

No obstante, estos medicamentos también han proliferado en países desarrollados. Por ejemplo, como alternativas para los medicamentos eliminados de las pólizas de seguros. Es lo que ocurrió en EEUU con el Avastin, utilizado para tratar algunos cánceres como el de mama, y que fue eliminado de ellas después de que un estudio demostrase que no tenía efectos particularmente beneficiosos. Ello abrió la puerta a la importación vía Canadá del medicamento, hasta que las autoridades identificaron que no contenía bevacizumab, su principio activo: la cadena de suministro se remontaba hasta Dinamarca, Suiza y Egipto. Allí, el empresario responsable afirmó que lo había comprado a un comerciante sirio que había firmado el documento de abastecimiento con el pulgar “porque no sabía escribir”. Un sainete farmacológico.

Generalmente, el mercado de productos falsos en los países desarrollados suele comprender aquellos que tratan enfermedades estigmatizadas, como la impotencia sexual. El anonimato que permite la red anima a que los que sufren dicho problema se decanten por esta vía, lo que facilita la entrada a los delincuentes. Por otra parte, las farmacias en línea son muy populares entre los consumidores de los países de ingresos altos, quizá como reflejo de un cambio de hábitos más general que se orienta hacia el comercio online. Por ejemplo, diversos estudios de ámbito nacional realizados en EEUU muestran que el número de personas que compran medicamentos ‘online’ se ha multiplicado por cuatro desde la última década. Una buena advertencia de lo que puede ocurrir en otros países desarrollados más pronto que tarde.

En una encuesta realizada hace unos años, uno de cada tres españoles admitía haber adquirido medicamentos a través de cauces paralegales

España es, no obstante, uno de los países pioneros a la hora de enfrentarse a la venta ilegal de fármacos por internet, y desde el pasado año hasta el final de este ocupa la presidencia del Consejo Directivo de la OMS contra los productos médicos falsificados. Según un informe publicado por la farmacéutica Pfizer, hace unos años en nuestro país este mercado ya superaba los 1.500 millones de euros. Casi uno de cada tres españoles admitía haber adquirido medicamentos a través de cauces no convencionales, lo que nos convertía en el cuarto país detrás de Alemania, Italia y Noruega. La mayoría, tratamientos para la gripe, seguidos por pastillas para adelgazar, medicación para dejar de fumar, para el dolor crónico y la disfunción eréctil. Algunas cosas no cambian.

Un ejemplo: de Pakistán a Paraguay

Para entender un poco mejor el problema al que nos enfrentamos, la OMS ofrece el elocuente ejemplo del antitusígeno con levotemorfano. En 2013, 44 niños fueron internados con disnea en un hospital de Paraguay por un motivo que los médicos locales no acertaban a identificar. Tras descartar varias posibilidades, se dieron cuenta de que la enfermedad solía comenzar después de que los padres proporcionaran a los niños antitusígeno de fabricación local. La respuesta se encontraba en el otro rincón del mundo, en Pakistán, donde años antes dos adultos habían fallecido tras tomar grandes cantidades de un jarabe para la tos. Allí, las primeras investigaciones habían llegado a la conclusión de que el jarabe contenía levometorfano, más potente pero con la misma fórmula empírica que el dextrometorfano.

¿Qué había ocurrido a 15.300 kilómetros de distancia? Tras comprobar que el medicamento paraguayo también contenía dextrometorfano, una consulta en la base de la datos de la OMS permitió revelar que tanto el medicamento de Pakistán como el paraguayo tenían el mismo proveedor, que se encontraba en la India. No solo eso, sino que gracias a la identificación del número de lote, se pudo averiguar que la medicina también había sido exportada a Europa, Oriente Medio, Norte de África y América Latina. La rápida intervención permitió que se pudiese actuar antes de que llegase al público.

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