ENTREVISTA CON JOSEP PIQUÉ

"China no es una oportunidad para el resto del mundo; lo somos nosotros para China"

Las transformaciones geopolíticas están reorientando el juego de poder y nos abocan a un escenario distinto. La UE y España tendrán que reaccionar para no quedar fuera de juego

Foto: Josep Piqué. (Pedro Puente/Efe)
Josep Piqué. (Pedro Puente/Efe)

Josep Piqué era la nota exótica en los gabinetes de Aznar, por aquello de que había militado en la extrema izquierda, de donde pasó al PSUC y, tiempo después, al PP. Fue Ministro de Industria, de Exteriores y de Ciencia y Tecnología y tras ser candidato popular a la Generalitat, dejó la política y dio el salto a la empresa privada. Fue consejero delegado de Vueling y posteriormente de OHL. En la actualidad es consejero de Aena, Seat, Volkswagen Navarra, y Abengoa y presidente de la compañía aeronáutica ITP Aero. Piqué forma parte de esa élite liberal, cosmopolita y globalista que aboga por un mundo abierto al comercio que está sufriendo algunos reveses últimamente. Y en su último libro, 'El mundo que nos viene' (Ed. Deusto), que fue presentado por Javier Solana el pasado martes, da cuenta de los cambios en la política internacional que explican en buena medida el repliegue nacional en muchos grandes Estados.

PREGUNTA. Cuando leí el título del libro, pensé que nos iba a hablar de la cuarta revolución industrial, de los robots y demás temas de moda. Sin embargo, ha escrito una obra sobre geopolítica. Lo cual refleja también, más allá de su ámbito de conocimiento, que el futuro inmediato se va a construir sobre la geopolítica y que la tecnología va a estar supeditada a esos fines.

RESPUESTA. Son procesos que van en paralelo y que no se pueden disociar, la evolución geopolítica no se entendería sin el impacto de la digitalización y la convergencia de productividades, así como con la recuperación del papel de la demografía. Hay en el libro referencias a la tecnología, y aunque tampoco trate sobre geoeconomía, también se abordan los aspectos económicos y energéticos que están en la base de los posicionamientos geopolíticos de los grandes países. La geopolítica ha vuelto, si es que alguna vez se fue, pero su protagonismo es mucho mayor que durante el escenario estratégico de la división en bloques del siglo pasado, cuando no estábamos en ese juego de reposicionamiento de las potencias que estamos observando hoy.

P. Hablando de reposicionamiento. Cuando Trump rompe el pacto con Irán, con los perjuicios que eso acarrea para Europa, Merkel va a ver a Putin para hablar, entre otras cosas, de Nord Stream 2, el gasoducto que está construyendo con Rusia y al que EEUU se opone. ¿Es síntoma de un cambio? ¿Cuál va a ser el papel ruso en este nuevo escenario?

R. Es parte de esa peculiar relación entre Rusia y la UE, y en particular con alguno de sus miembros, como Alemania, y refleja algo que para un europeísta no deja de ser preocupante, como es el hecho de que no disponemos de una política energética común europea. Cada país tiene sus propios intereses y su propia estrategia, que con Rusia a menudo se manifiesta de forma contradictoria. Pero la relación con los rusos, que ha sido compleja, y a veces trágica, a lo largo de la Historia, viene dada por un componente que no hay que olvidar jamás: la obsesión rusa por su seguridad. Para que podamos mantener una buena relación con Moscú es imprescindible que no nos perciban como un riesgo.

La percepción de Rusia de que EEUU y Europa incumplieron su palabra es real y explica muchas de las cosas que han sucedido

P. En ese sentido, ¿Ucrania fue un error que no debimos haber cometido?

R. Lo que más le preocupaba a Rusia no era tanto que pudiera haber algún tipo de relación preferencial entre la UE y Ucrania sino la hipótesis de que se pudiera integrar en la Alianza Atlántica. Cuando Gorbachov da su conformidad a la reunificación alemana, hay un compromiso por parte de EEEUU, era la época de Reagan y de Bush padre, en el sentido de que no se iba a ampliar la OTAN. No hay constancia documental, pero desde Rusia se insiste en que ese compromiso existió. Y si fue así, se incumplió por parte de Occidente. No sólo se ampliaron las fronteras de la OTAN con los países satélite, sino que se incluyó a las tres repúblicas bálticas exsoviéticas. La percepción de Rusia de que EEUU y Europa incumplieron su palabra para debilitar a Rusia es una percepción real y explica mucho de las cosas que después han sucedido.

China ha dejado de ser la fábrica del mundo y ha apostado por la educación, el capital humano y la tecnología

P. El gran actor geopolítico hoy es China. Tiene demografía, recursos económicos, una gran historia detrás, que hace que se perciba como un imperio (como una civilización más que como una nación, como suele decirse) y un plan estratégico que le permite pensar a largo plazo, algo que EEUU, y menos aún la UE, han sabido hacer.

R. Sí, juega un papel trascendental por todo lo que has mencionado, por su demografía, por su historia… Está desplegando además una política basada en un plan estratégico a largo plazo de potenciación de su capital humano. Ha dejado de ser la fábrica del mundo y ha apostado por la educación, por el capital humano y la tecnología, lo que nos hace contemplarla de una manera muy distinta a como la veíamos hace 10 años, un inmenso mercado con salarios y costes bajos. Ese escenario ha desaparecido ya: China no es una oportunidad para el resto del mundo, sino que el resto del mundo es una oportunidad para China.

P. Al igual que mencionábamos el error de Occidente respecto de Rusia, hay que subrayarlo respecto de China. Si ocupa ahora ese lugar es gracias a lo que Occidente le ha aportado, lo cual habla de la debilidad de nuestras élites a la hora de interpretar el mundo.

R. En la segunda mitad del siglo pasado existían dos grandes potencias socialistas, Rusia y China, que eran aliadas y pertenecían a la misma familia ideológica. Pero como la Historia siempre vuelve, también tuvieron intereses contrapuestos que se plasmaron en confrontaciones bélicas en la época de Breznev y Mao, por la delimitación de fronteras. Ese carácter histórico lo supo ver EEUU, que con Nixon y Kissinger hizo algo insólito, como fue impulsar la primera visita de un presidente americano a la China comunista.

Entre EEUU y China habrá conflictos 'proxy', luchas por el control de infraestructuras y tensiones económicas y financieras

Puesto que el enemigo de mi enemigo puede ser mi amigo, y el adversario real para EEUU era la URSS, al igual que lo era para los chinos, establecieron una alianza que ha durado hasta la llegada de Trump. Este, quizá sin mayor base intelectual y de modo intuitivo, llega a la conclusión de que Rusia ya no es su mayor enemigo, sino que lo es la propia China. Por eso el posicionamiento de Trump respecto de Putin, ya que entiende que un acercamiento de Occidente a Rusia le puede resultar interesante. Algo que se ha complicado cuando todos comenzamos a conocer el grado de injerencia rusa en el proceso de las elecciones americanas, no por parte de su gobierno, de lo cual no tenemos pruebas, pero sí sabemos que se produjo desde servidores ubicados en territorio ruso.

P. Bueno, eso forma parte de la geoestrategia, intentar influir en tus aliados y en tus enemigos, y todo el mundo lo hace. Imagino que Rusia también.

R. Sí, la única novedad es la tecnología. La propaganda y las quintas columnas existen desde tiempos históricos. En todo caso, este nuevo escenario nos obliga a repensar la actitud respecto de China. Existe una teoría, la famosa trampa de Tucídides, según la cual cuando existe una gran potencia dominante y surge otra nueva, la situación suele terminar en guerra. Algunos analistas de Harvard han examinado 16 episodios históricos en los que esto sucedió, y en 12 de ellos la confrontación bélica acababa produciéndose. Un caso en que no ocurrió así fue en la disputa entre España y Portugal; otro, el de EEUU y la URSS, ya que por primera vez la victoria de uno implicaba la derrota de ambos, ya que llevaba a la destrucción mutua. Eso es aplicable también ahora. No parece razonable pensar que la contraposición estratégica lleve a una confrontación directa, pero sí que tendrán lugar conflictos 'proxy', así como diferentes luchas por el control de las infraestructuras clave, o entre estructuras multilaterales paralelas o tensiones económicas y financieras. Es importante que, en este contexto, Europa disponga de estrategias propias, que no tienen por qué ser las mismas que las de EEUU. China puede ser un adversario estratégico y un competidor, pero también un cooperador necesario. El repliegue anglosajón ha llevado a situaciones paradójicas: por ejemplo, la UE y China estamos en el acuerdo de París sobre cambio climático y EEUU no. China defiende el libre comercio y EEUU está planteando políticas proteccionistas. Si bien es cierto que la manera china de entender el libre comercio no es como la nuestra. Por ejemplo, muestra una escasa preocupación por los derechos de propiedad intelectual, que tendrá que empezar a respetar.

P. El nuevo papel de EEUU también es muy relevante. Afirmas que más que 'America First' esto es 'America Alone'. Pero esto suena, en el caso europeo, a esa situación en la que tu pareja te abandona y tú dices “pobre, se ha quedado sola”.

R. Está por ver lo que termina significando este debilitamiento del vínculo atlántico y este repliegue anglosajón (incluyo el Brexit) para Europa. Por una parte, es importante que asumamos nuestras responsabilidades, como en materia de seguridad y defensa. EEUU, no con Trump sino desde tiempo antes, está empujando para que Europa se corresponsabilice de su seguridad y defensa, y no solo con elementos presupuestarios, sino con compromisos en determinados conflictos. En EEUU dicen que están cansados de ser los que ponen los dólares y los muertos. Y es cierto que la actitud de Merkel parece en algunos momentos la de una amante despechada, pero está siendo explícita al respecto de EEUU cuando dice que ya no sabemos si puede ser nuestro socio fiable. Para Europa, esta situación es también una oportunidad, como a la hora de reforzar la otra relación estratégica con América latina, y habrá que hacer esfuerzos en otros órdenes. En todo caso, es bueno que Europa tenga con los estadounidenses un vínculo especial, porque los intereses estratégicos están ahí y las personas pasan.

Existe una alianza entre Holanda, Irlanda y los países nórdicos para frenar cualquier paso en la integración de la UE

P. El actor político que más nos importa, la UE, es también el más débil. No cuenta con cohesión interna, ni entre países ni dentro de estos, con poblaciones cada vez más deseosas de cambios y más preocupadas por su situación material. Carece de una política exterior común, y sus instituciones son vistas como poco democráticas. Tiene todas las papeletas para ser el gran perdedor en el nuevo escenario.

R. Tiene enormes debilidades para construirse como sujeto político, y sólo ha sido percibido como tal desde el exterior en las negociaciones comerciales. Los países que la conforman tienen sus propias políticas, y esto se nota mucho en defensa y política exterior. La reflexión de fondo es muy clara: si la UE no es capaz de profundizar en su proyecto político no va a ser una potencia global y los países europeos van a proseguir en su irrelevancia. Se dice que, en pocos años, en el G7 no habrá ningún país europeo, ni siquiera Alemania. El chascarrillo que suele contarse es que Europa se divide en países pequeños y países que son pequeños pero no lo saben. Tenemos muchas debilidades: los intereses entre Estados son contradictorios, la demografía juega en nuestra contra, existen dudas acerca de la sostenibilidad de nuestros estados del bienestar, y estamos digiriendo dos cosas pesadas, como es una ampliación hacia el Este que nos está generando muchos problemas de cohesión interna y el impacto de la gran recesión de la última década que incluso puso en peligro la existencia del euro, que es un también un proyecto político.

Si Francia y Alemania no aseguran que si hay una crisis el euro no formará parte de ella, el horizonte de la UE va más hacia la desintegración que hacia la integración

Para avanzar y dar un salto cualitativo necesitamos algo que no es seguro que se produzca, como es el entendimiento entre Francia y Alemania. Históricamente todos los avances en la constitución europea han pasado por un entendimiento franco alemán, pero ahora hay un hecho novedoso, como es que Francia ha adoptado una actitud más propositiva. Sin embargo, el gobierno alemán es débil a la hora de impulsar determinados temas frente a su opinión pública. Y a todo eso se suma que países europeístas están agrupando a los del Norte para frenar cualquier proceso de integración: existe una alianza entre Holanda, Irlanda y los países nórdicos en ese sentido. Además, un país como Italia, de los fundadores de la unión, está conformando un gobierno antieuropeísta. Francia y Alemania, están cada vez más solos. En este escenario existe una única posibilidad de que haya un país acompañante, que es España. Nosotros llevamos una década ensimismados en nuestros propios problemas, con la crisis, el cuestionamiento del contrato social y político construido en la Transición y el cuestionamiento de nuestra cohesión territorial con Cataluña. Pero debemos ser conscientes de que para resolver esos problemas internos, Europa es muy importante. Si para algún país la idea de Europa es vital para su futuro, ese es España.

P. Sin embargo, el regreso de la geopolítica y el dibujo de nuevas alianzas puede afectarnos en gran medida. No sabemos cómo será el futuro, pero tampoco sería extraño que en un plazo relativamente corto, cada país de la Unión decida buscar sus propios socios, y en lugar de ir de la mano de Alemania, por ejemplo, piense que le iría mejor si va con Rusia, como podrían pensar en el Este, o con EEUU directamente, que eso es el Brexit.

R. En el fondo estamos planteando la cuestión del liderazgo, de los dirigentes políticos que necesitamos. Con todos estos problemas acumulados es fácil comenzar a pensar que la mejor apuesta de futuro pasa por prever la desintegración de Europa. Por eso necesitamos un planteamiento coherente y firme que transmita la idea clara de que eso no se producirá y demostrarlo con hechos. El avance en la gobernanza del euro, en la unión fiscal o en la creación del ministro europeo de finanzas serían buenas señales. Sin elementos que nos ayuden a protegernos de shocks externos, el proyecto perderá credibilidad. Pongo un ejemplo: hubo un momento que los mercados financieros y los agentes económicos apostaban por la ruptura del euro porque era el escenario más plausible; pero surgió alguien con capacidad de convicción y dijo que iba a hacer todo lo necesario para asegurar la permanencia del euro. El papel del BCE y de su presidente en este embrollo fue clave. Si sus políticas hubieran sido menos proactivas y se hubieran centrado en el control de la inflación y de los tipos de interés, hablaríamos de un escenario claramente peor. Gracias a su liderazgo superamos una fase muy crítica. Y este ejemplo sirve para muchas otras cosas. Si no conseguimos que alguien con credibilidad, y esto pasa por la conjunción de Francia y Alemania, asegure que si hay una crisis el euro no formará parte de ella, o que vamos a responsabilizarnos de nuestra propia seguridad como europeos, el horizonte va más hacia la desintegración que la integración.

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