mirando el cielo

Lee las nubes: así sabrás el tiempo que va a hacer estos días

Las predicciones meteorológicas se han sofisticado en los últimos veinte años, pero a veces basta con echar un vistazo a las nubes para saber si va llover o si hará frío o calor

Foto: Para predecir el tiempo, a veces basta con mirar al cielo. (iStock)
Para predecir el tiempo, a veces basta con mirar al cielo. (iStock)
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Los hombres y mujeres del tiempo se han sofisticado. Ahora utilizan complejos simuladores programados con ecuaciones que describen la atmósfera, incluyendo el movimiento del aire, la calidez del sol o el comportamiento de las nubes y la lluvia. En los últimos 20 años, la precisión y capacidad de predicción se han multiplicado exponencialmente. Pero no se necesita un ordenador muy potente para predecir el tiempo que va a hacer en las próximas horas. Basta con observar el cielo que está sobre nuestras cabezas. Sobre todo, si en él aparecen determinados tipos de nubes. La física de la Universidad de Oxford Hannah Christensen desgrana seis tipos fundamentales en ‘The Conversation’.

Mientras que los cúmulos pequeños no forman lluvia, si observas que se van volviendo más largos es porque va a caer una buena

Cúmulos. Son nubes aisladas, muchas veces densas y de contornos bien delimitados. En un día soleado, los rayos calientan la tierra y esta calienta el aire alrededor. Ese aire cálido sube por convección y forma los cúmulos. Se parecen a bolas de lana flotantes. Si se observa el cielo cuando está lleno de cúmulos, se percibe cómo todas tienen una base plana que se mantiene al mismo nivel. Estas nubes rara vez sueltan agua, así que implican buen tiempo en general.

Cúmulos. (iStock)
Cúmulos. (iStock)

Cumulonimbos. Mientras que los cúmulos pequeños no forman lluvia, si observas que se van volviendo más largos y que se extienden por la atmósfera, significa que va a caer una buena tromba de agua. Esto es frecuente en verano, cuando los cúmulos matutinos se van transformando en profundos cumulonimbos precursores de la tormenta de la tarde. Se caracterizan por salir de cerca del suelo e ir perdiendo los contornos en las partes más altas de la nube. Este cambio indica que yo no se trata de pequeñas gotas de agua, sino de cristales de hielo.

Cumulonimbos. (iStock)
Cumulonimbos. (iStock)

Cirros. Estos se forman a grandes altitudes. Son dispersos y se componen completamente de cristales de hielo. Solo en latitudes o altitudes muy elevadas producen lluvia que llegue a la tierra. Pero si se observa que los cirros empiezan a cubrir más parte del cielo y se forman más abajo y más gruesos, eso indica que viene un frente cálido. Esto implica que se han juntado una masa de aire cálido y otro frío. El caliente, más ligero, pasa por encima del aire frío y forma el grueso de la nube. Estas nubes cuando están bajas indican que lloverá en un plazo de unas 12 horas.

Cirros. (iStock)
Cirros. (iStock)

Estratos. Son una lenta película nubosa que cubre el cielo. Se forman con un aire suave o un viento mediano trayendo aire húmedo sobre una superficie de tierra fría o el mar. Estas nubes son finitas, así que aunque el ambiente sea plomizo y grisáceo, es raro que llueva y como mucho lo normal es que solo caiga un ligero chirimiri. Los estratos son muy parecidos a la niebla.

Estratos. (iStock)
Estratos. (iStock)

Lenticulares. Estas son otro tipo de nubes que no sirven para predecir el tiempo. Se trata de nubes orográficas troposféricas. Estas se forman por los soplos de viento en las montañas. Una vez pasada la zona montañosa, el aire regresa a su nivel, se vuelve más cálido y la nube desaparece.

Nube lenticular. (iStock)
Nube lenticular. (iStock)

Kelvin-Helmholtz. En este caso se trata de un tipo de cirro y se parece a una ola rompiendo en el mar. Cuando masas de aire de diferente tamaño se mueven de manera horizontal a distintas velocidades, la situación se vuelve inestable. El límite entre estas masas de aire comienza a formar ondas y, en ocasiones, crea una especie de grandes olas.

Restos de una nube Kelvin-Helmholtz al atardecer. (iStock)
Restos de una nube Kelvin-Helmholtz al atardecer. (iStock)

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