HACIA LA CATÁSTROFE

"El colapso de la civilización está cerca". La advertencia del experto de Stanford

El crecimiento masivo de la población, el agotamiento de los recursos y los altos niveles de toxicidad del aire harán que la vida en la Tierra sea imposible en solo un par de décadas

Foto: Gases tóxicos de una planta industrial contaminan el aire. (iStock)
Gases tóxicos de una planta industrial contaminan el aire. (iStock)

El final de la civilización ya está aquí. El crecimiento desorbitante de la población junto con el consumo excesivo per cápita, sumado al imparable cambio climático, harán que la supervivencia en el planeta Tierra solo sea posible para unos pocos privilegiados. Estas son las tesis de Paul Ehrlich, el prestigioso profesor de Biología de la Universidad de Stanford y autor del célebre libro 'The Population Bomb' (“La bomba de población”, en inglés). “Una certeza absoluta y cercana”, aseguró a 'The Guardian'.

El miedo ante un hipotético e inminente fin de los recursos ha estado recientemente muy presente en la palestra mediática a través de las grandes voces agoreras de infortunios globales. Si hace solo unos días hablábamos de las oscuras predicciones económicas del multimillonario Johann Rupert, propietario de la marca de joyas de lujo Cartier, quien señaló que la “guerra de clases” tenía un carácter inmediato, ahora también hay que sumarle las de Ehrlich, quien exige una “redistribución de la riqueza sin precedentes” para atajar el consumo imparable de recursos y esa lucha entre ricos y pobres que tanto miedo le da a Rupert.

Hay una creciente intoxicación por productos químicos que pueden ser más peligrosos para la vida que el cambio climático

“La población óptima para el mundo es de menos de 2.000 millones de personas”, argumenta. La actual es de 7.350 millones, por lo que tendría que haber una reducción de 5.600 para que el planeta sea sostenible. “Hay una creciente intoxicación de todo el planeta por productos químicos sintéticos que pueden ser más peligrosos para las personas y la vida silvestre que el propio cambio climático”. Las soluciones son “difíciles”, reconoce. La más urgente de todas, según él, reducir la población. “Para empezar, hagamos que la anticoncepción moderna y el aborto tengan un gran respaldo y estén disponibles para todos, además de conseguir que las mujeres tengan los mismos derechos y oportunidades que los hombres”.

El cruce más concurrido del mundo en Shibuya, Tokio. (iStock)
El cruce más concurrido del mundo en Shibuya, Tokio. (iStock)

Ehrlich cree que facilitar y normalizar el acceso de la mujer a las medidas anticonceptivas y la equiparación de derechos entre géneros puede conducir a una tasa de fecundidad “lo suficientemente baja para que la necesaria reducción de la población continúe”. Sin embargo, “costará mucho tiempo reducirla a un nivel adecuado”, admite. El grueso poblacional ideal para el biólogo sería como mucho de dos mil millones de personas en el mundo. “Pero si la humanidad sigue como siempre, habrá menos probabilidades de que la cosa cambie”, subraya.

Al igual que con la demografía mundial, Ehrlich también está muy preocupado por la contaminación química, que ya ha llegado a los rincones más remotos de la Tierra. “Los productos tóxicos reducen la inteligencia de los niños, es evidente. Y los miembros de esa primera generación fuertemente influida por ellos ya son adultos”, añade.

La nube tóxica de Tokio, Japón. (iStock)
La nube tóxica de Tokio, Japón. (iStock)

Ehrlich lleva vinculado a la Universidad de Stanford desde 1959, y también es presidente de la Alianza del Milenio para la Humanidad y la Biosfera. Las teorías de su polémico libro, 'The Population Bomb', resultaron estar equivocadas. Publicado en 1968 y escrito junto a su esposa Anne Ehrlich, predijo que cientos de millones de personas morirían de hambre en un periodo de dos años, algo que no ha pasado y que, según 'The Guardian', fue “evitado por la revolución verde en la agricultura intensiva”. Aunque reconoce que muchos detalles del documento estaban equivocados, considera que “fue correcto en general”.

“Anne y yo seguimos orgullosos de nuestro libro”, afirma. “Ayudó a iniciar un debate mundial sobre los impactos negativos de la sobrepoblación, algo que continúa en la actualidad”. Su punto fuerte, asegura Ehrlich, es que fue “breve, directo y básicamente correcto”. En lo que se equivocó, según él, es en no atender demasiado a “los derechos de las mujeres y al racismo”. El biólogo cree además que la mayor amenaza para el futuro de la humanidad es la concentración de la riqueza en unas pocas manos. “La diversidad cultural y genética son excelentes recursos humanos”, agrega.

Un hipotético fin de la civilización que cada día está más cerca. (iStock)
Un hipotético fin de la civilización que cada día está más cerca. (iStock)

“Un maltusiano fracasado”

Pero no todo el mundo lo ve así. Ross Clark, periodista británico del 'The Spectator' y de libros como 'The Great Before', que van muy en la línea de discusión de los temas del biólogo americano, pone en tela de juicio y critica duramente las palabras de Ehrlich. En un artículo titulado 'The left´s prophet of doom is still wrong' (“La profecía izquierdista de la ruina sigue siendo falsa”), arremete contra las teorías de Ehrlich.

El problema es político: que la gente pase hambre se debe a guerras o a malos gobiernos

El hambre global ha disminuido, y eso a pesar del enorme aumento de la población”, defiende Clark. “En 1992, el 18,6% del censo mundial estaba desnutrido, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. En 2014, se redujo el porcentaje ocho puntos hasta llegar al 10,9%. Y ahora, como siempre, el principal problema es político: que la gente pase hambre, se debe a guerras o a malos gobiernos. El mundo no tiene problemas para producir alimentos suficientes para la humanidad”.

Clark asegura que Ehrlich es “uno de la larga lista de maltusianos fracasados que nunca aceptarán que están equivocados”. El periodista se identifica en el pasado como uno de los admiradores del biólogo americano, tanto es así que confiesa que en los años 80 comenzó a escribir una novela distópica inspirado en las ideas de Ehrlich. “Sin embargo, cuanto más escribía, más se caían sus tesis ante la realidad”, afirma. “La población mundial crecía, pero aún más la producción de alimentos. Los pobres del mundo se estaban volviendo más sanos y mejor educados”. Clark acaba diciendo que el objetivo de Ehrlich siempre fue enseñar a los jóvenes "radicales" algunos conceptos que debían odiar y rechazar: “La globalización, el capitalismo, la industrialización”.

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