“Si lo abandonas, muere”

El mensaje que vuelve cada año para recordar los horrores de las perreras

En época de vacaciones, vuelve la carta del dueño de una perrera española que cuenta por todo lo que tiene que pasar un perro antes de morir. “No compres, adopta”

Foto: La carta escrita por el dueño de una perrera insiste en adoptar mascotas en vez de comprarlas (Reuters)
La carta escrita por el dueño de una perrera insiste en adoptar mascotas en vez de comprarlas (Reuters)

Las cadenas de mails ya han desaparecido de nuestras vidas pero su mensaje se ha adaptado a una nueva forma: los posts de Facebook o los hilos de Twitter que convierten en viral una carta de hace años. Cada cierto tiempo, algunas vuelven a aparecer. Es el caso del mensaje que una usuaria de Facebook publicó hace unos días en su perfil y que ya se ha compartido más de 20.000 veces. Ni es su publicación original ni le ha llegado a ella directamente de su autor. Es la carta que, cíclicamente, vuelve a aparecer en las redes sociales para concienciar de algo importante: no abandonar a los animales aunque lleguen las vacaciones. En este caso, las de Navidad.

Desde 2010, este mail enviado a una página web sobre animales ha estado pululando por la red. “Creo que nuestra sociedad necesita una llamada de atención”, comenzaba la carta escrita por el dueño de una perrera española. “Todos los que sois vendedores o criadores de animales deberíais al menos trabajar un día en una perrera. Tal vez si veis la mirada triste, perdida, los ojos confusos… os harían cambiar de opinión sobre criar y luego vender sin control”.

“Ese cachorro que acabas de vender terminará posiblemente en mi perrera cuando llegue a edad adulta. ¿Cómo te sentirías si supieses que hay una probabilidad del 90% de que ese perro nunca salga de la perrera? Sea de raza o no”, aseguraba para seguir describiendo el funcionamiento de una perrera. “Tiene 72 horas para encontrar una nueva familia desde el momento en que la dejes. A veces un poco más si la perrera no está llena y consigue apañárselas para mantenerse completamente sano. Si se resfría, se muere. Tu mascota estará confinada en una pequeña jaula, rodeada de ladridos y llantos de otros 25 animales. Tendrá que apañárselas solo para comer y dormir. Estará deprimido y llorará constantemente por la familia que lo ha abandonado.”

“Si tiene suerte y cuenta con suficientes voluntarios, quizá podrán sacarlo de paseo ocasionalmente. Si no, tu mascota no recibirá ninguna atención, aparte de un plato de comida deslizado bajo la puerta de la jaula y manguerazos de agua. Si tu perro es grande, negro o cualquier raza “bull” (pit bull, mastín…) lo has conducido a la muerte desde el momento en que cruzó la puerta. Esos perros no suelen ser adoptados”, sentencia. Y recalca que, pasadas esas 72 horas, si el refugio está lleno será sacrificado. “La mayoría de los perros se ponen en jaulas de protección y se les sacrifica si muestran agresividad. Incluso el perro más tranquilo, es capaz de cambiar en este entorno”. Si el perro se contagia de la tos de las perreras, una traqueobronquitis infecciosa canina, señala, también será sacrificado de inmediato.

Una mascota en la perrera no durará más de 72 horas (Reuters)
Una mascota en la perrera no durará más de 72 horas (Reuters)

El dueño de la perrera explica entonces cómo se procede con la eutanasia. “Lo sacarán de la jaula con una correa. Los perros siempre piensan que van a dar un paseo y salen felices moviendo la cola hasta que llegan a la habitación. Allí todos frenan en seco, deben oler o captar la muerte o sentir las almas tristes que se quedaron allí. Es extraño, pero sucede con todos y cada uno de ellos”, asegura. “A continuación, un especialista en administrar la eutanasia o un veterinario, iniciará el proceso: encontrarán una vena en su pata delantera y se le inyecta una dosis de ‘sustancia rosa’. Esperemos que tu mascota no se asuste al sentirse presa. He visto algunos arrancarse las agujas y acabar cubiertos de su propia sangre, ensordecidos por los aullidos y gritos. Todos no duermen inmediatamente. A veces sufren espasmos durante un rato, se ahogan y se defecan encima.Cuando ha terminado, el cadáver de tu mascota será apilado como un leño, en un gran congelador trasero, con todos los otros animales, a la espera de ser recogidos como basura.”

El autor de la carta es consciente de la gravedad de sus palabras. “Espero que si habéis leído hasta aquí se os hayan empañado los ojos y no podáis sacaros de la cabeza las imágenes que ocupan mi mente todos los días”. Antes, recordaba las excusas más comunes de quienes abandonaban a sus mascotas: “Nos mudamos y no podemos llevarnos a nuestro perro”, “‘El perro se hizo más grande de lo que creíamos” o “No tengo tiempo para ella”. Las rechaza todas y finaliza el mensaje con la idea inicial: no críes o compres mientras haya perros muriendo en las perreras.

Alma, Corazón, Vida

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