Si lo nombras, mala fortuna

El misterio del pueblo italiano maldito: en su país nadie se atreve a decir su nombre

Accidentes de tráfico, ruinas económicas y desastres naturales: cualquier cosa mala que ha sucedido en Colobraro se ha relacionado con el maleficio que se remonta a principios del XX

Foto: La localidad con menos suerte de Italia. (iStock)
La localidad con menos suerte de Italia. (iStock)

La leyenda cuenta que un día, durante las primeras décadas del siglo XX, Biagio Virgilio, un rico y poderoso abogado de Colobraro (también se dice que por aquel entonces era su alcalde), exclamó en el tribunal: “¡Si lo que digo es falso, que caiga este candelabro!”. Inmediatamente, se desplomó del techo. Aunque nadie resultó herido, su nombre se convirtió en sinónimo de malos augurios y ahí comenzó el maleficio que ha ido minando la reputación y la suerte de la pequeña localidad situada en la provincia italiana de Matera.

Desde entonces, cualquier cosa mala que ha sucedido en el pueblo de Virgilio se ha relacionado con la maldición: bebés que nacen con dos corazones y tres pulmones, accidentes de tráfico inexplicables, súbitos deslizamientos de tierra, ruinas económicas, etc. “Cuando sucede alguna desgracia con los coches, que se quede varado, que se pinche una rueda o que el motor se rompa, todos culpan al pueblo”, asegura uno de sus residentes en un reportaje de la 'BBC'.

El que no debe ser nombrado

El nombre del municipio, Colobraro, tampoco ayuda, ya que su origen viene de la palabra latina 'coluber', que significa 'víbora' en castellano, el animal que simboliza el mal en la mitología. El respeto que sienten los italianos hacia el pueblo y su halo de misterio es tanto que muchos se niegan a decir su nombre y, según relata 'The Italian Tribune', la policía no multa a los conductores que aceleran por las carreteras de la localidad, por miedo a ser maldecidos. En las ciudades vecinas, por ejemplo, se habla de él como “ese pueblo” y en caso de que alguien ose mencionarlo, cual villano de Harry Potter, se apresuran a santiguarse y tocar madera para alejar las desgracias.

El misterio del pueblo italiano maldito: en su país nadie se atreve a decir su nombre

Tras la caída del candelabro de Virgilio, se extendieron los rumores por todo el país de que aquel pueblo, en efecto, estaba maldito. Por eso, un antropólogo de la época se propuso desvelar el misterio. De nuevo, la leyenda dice que el remedio fue peor que la enfermedad. Él buscaba a una “fattucchiera”, es decir, una hechicera que fuese la causa de todos los males que asolaban a Colobraro. Al parecer, durante sus paseos por las calles del pueblo el hombre se encontró con una anciana de arrugas prominentes. Convencido de haber dado con la raíz del problema, comenzó a sufrir misteriosos accidentes y tanto él como su equipo decidieron abandonar el pueblo para siempre.

Un vecino asegura que cuando va a comer al pueblo de al lado y la gente se entera de dónde es, suelen alejarse con cara de sospecha y temor

A partir de entonces, no solo se conocía a Colobraro como una localidad maldita, sino también como un refugio de brujas. Curiosamente, según ha podido constatar el medio italiano, su descendiente directa, su tatara-tatara nieta, ahora trabaja para el Consejo de Turismo del pueblo. Ella asegura que su parienta no era ninguna bruja, “tan solo una vieja campesina que tenía el típico aspecto de una”. En cambio, también matiza que en caso de ser cierta la teoría del antropólogo ella sería inmune a la maldición: “Estas cosas escalofriantes solo le ocurren a las personas que vienen aquí por primera vez y de verdad creen en el maleficio”.

La ubicación de Colobraro. (Google Maps)
La ubicación de Colobraro. (Google Maps)

Durante años, lidiar con la mala reputación ha supuesto un lastre económico y social para los habitantes de Colobraro. En el colegio de una localidad vecina, recuerda uno de sus habitantes, todos los compañeros se burlaban de él tildándole de portador de malos augurios. Otro vecino relata en un reportaje en vídeo de la 'BBC' que cuando van a comer a los municipios cercanos y la gente del restaurante se entera de dónde son, es habitual que se separen con cara de sospecha y temor. Aunque este hombre no crea en la maldición muestra cierta reticencia a decir el nombre de su pueblo durante la entrevista.

La policía local no multa a los conductores que superan el límite de velocidad por las carreteras del pueblo, por miedo a ser maldecidos

No obstante, ahora la maldición puede ser lo que necesita la localidad para resurgir de sus cenizas. Según cuenta el vecino, el pueblo se aprovecha de su popularidad para fomentar el turismo, ahora que los misterios y el terror atraen tanto a los visitantes. Sin ir más lejos, cada verano desde 2011 se celebra un festival en el que se relatan cuentos de magia, brujería y hombres lobo y se venden máscaras y amuletos para alejar a los malos espíritus.

El misterio del pueblo italiano maldito: en su país nadie se atreve a decir su nombre

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Algunos de sus habitantes aseguran que las localidades vecinas hablan mal de ellos por pura envidia, pues ellos tienen mejores vistas. Sin embargo, todavía quedan muchos que ni se atreven decir el nombre de su propio pueblo. Sea como fuere, para las nuevas generaciones el legado de Biagio Virgilio está dejando de ser un maleficio para convertirse poco a poco en una bendición económica.

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