Las genialidades de fernández de córdoba

Cómo el Gran Capitán logró poner a Francia contra las cuerdas

Las visionarias estrategias de guerra del militar español al servicio de los Reyes Católicos le sitúan como uno de los genios de la táctica en la batalla

Foto: Gonzalo Fernández de Córdoba, 'El gran capitán'.
Gonzalo Fernández de Córdoba, 'El gran capitán'.

Al igual que el ingenio de Alejandro Magno impregnaba sus poderosos ataques de minorías, Aníbal lo hacía con su doctrina de la iniciativa permanente, o años más tarde, el mariscal Rommel con sus ingeniosos trucos paliativos en su eterna desventaja de material, hacía uso de las escobas hurtadas a los barrenderos de Berlín o de tanques de cartón piedra; Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, daría un vuelco a la historia militar con la incorporación de novedosas teorías tanto tácticas como estratégicas, dejando su sello personal en la potencia y movilidad operativa de los tercios, que eran algo parecido al coco.

Son contados los militares que, a lo largo de la historia de esta terrible disciplina, han dado giros u orientaciones radicalmente revolucionarias al mal llamado arte de la guerra, si es que se le puede llamar así a matarse los unos a los otros. Ya fuera el bizantino Belisario, el teórico Sun Tzu, Clausewitz, o el primer Napoleón; se hace obligado recordar que este genio militar español cambiaría para siempre la percepción del campo de batalla introduciendo de forma visionaria elementos de apreciación no considerados hasta el momento.

Los hombres de armas de la época se percatan de que están ante un hombre talentoso y cuasi diabólico

No cabe duda de que la caballería pesada con su potente cacofonía haciendo vibrar el suelo de manera infernal generaba un terror que impresionaba a los infantes de manera incontestable; pero cuando el Gran Capitán decide que la caballería ocupe un puesto secundario y solo sirva para rematar la faena, es cuando los hombres de armas de la época se percatan de que están ante un hombre talentoso y cuasi diabólico por su enorme gama de recursos.

Hasta Ceriñola, la caballería pesada era el argumento incontestable en los campos de batalla. Pero la tremenda derrota francesa a manos de este peculiar militar de fidelidad incondicional hacia su rey -Fernando el Católico-, comenzó a primar a la infantería frente a cualquier otra alternativa.

Tácticas desconocidas

En una diminuta y localizada área de la Apulia italiana, en lo alto de una bella colina de tierra roja ventilada por arados de rueda, cubierta de viñedos y olivos, donde la paz vivía tranquila y sin sobresaltos un hombre taciturno y templado, iba a sorprender a la historia con una serie de tácticas desconocidas. Ante la urgencia de llegar a Ceriñola en tiempo y forma, urgió a sus caballeros a llevar en las grupas a un arcabucero o infante para poder así preparar mejor las defensas de la ciudad en litigio. Esto supuso un agravio finalmente aceptado por la aristocracia militar en mor de una resolución favorable para las armas españolas.

Este es uno de los detalles que demostraría antes de las batallas, su mentalidad innovadora y revolucionaria. Esto mejoraría la movilidad de la tropa a la par que ganaría tiempo. 3.000 hombres de a pie cavarían un foso y ante él crearían una alambrada de estacas cruzadas que serían la tumba de la orgullosa caballería francesa. Una enorme pared de tierra alrededor de Ceriñola les permitiría aprovechar la elevada situación del enclave.

Los españoles habían organizado una defensa elástica en la que la infantería con sus piqueros, alabarderos y arcabuceros crearían la diferencia

Luis de Armagnac era el jefe de la tropa francesa. Algo intuía el general galo cuando, tras obtener información de sus espías adelantados, frunció el ceño. A diferencia del ejército francés, los españoles habían organizado una defensa elástica en la que la infantería con sus piqueros, alabarderos y arcabuceros insertos entre ellos crearían la diferencia.

En ambos bandos el número de integrantes era similar, pero los franceses tenían una enorme superioridad en caballería pesada y la artillería gala doblaba a la española. Por el contrario, en el lado español, el número de arcabuceros era muy fuerte y ello sería un calvario para el bien organizado ejército francés, mostrándose como una respuesta decisiva donde otros ejércitos habían fracasado.

Casi 3.000 armas de fuego

La novedad teórica que aplicó aquel día el Gran Capitán haría saltar por los aires las previsiones más optimistas del general Luis de Armagnac. Para detener la incuestionable fuerza arrolladora de la caballería francesa, Fernández de Córdoba plantearía una estrategia novedosa; esto es, situar toda la potencia de fuego de los arcabuceros y espingarderos delante de las defensas, y estamos hablando de casi 3.000 armas de fuego con una cadencia de tiro muy bien organizada, pues era abastecida con fluidez por una cadena de hombres bien amalgamados y entrenados.

Se preveía un duro combate. Cuentan los historiadores de la época, que este genial estratega, justo antes de iniciarse el combate, se quitó el casco, y al ser interpelado por uno de sus capitanes, le respondió así: “Los que en un día como hoy tienen el honor de dirigir un ejército como este, no deben ocultar el rostro”. Cuando la caballería francesa cargaba orgullosa contra las tropas españolas, no era consciente del final que le esperaba. Una brutal salva de fuego haría caer a un gran número de soldados frente a la empalizada diseñada por Fernández de Córdoba. Iniciado el fuego, las balas de los arcabuceros españoles harían estragos entre la caballería pesada francesa.

El disciplinado ejército de 'El Gran Capitán' daría buena cuenta de los restos del ejército francés que quedó al borde del exterminio

Los desesperados jinetes, tratarían de encontrar alguna brecha en aquel laberinto de alabardas picas y fuego a discreción, pero su intentó fue vano y costaría la vida de miles de sus compañeros. Finiquitada la caballería gala, la infantería francesa avanzó sufriendo grandes bajas debido al nutrido e intenso fuego español. En este crucial momento, la infantería española rebasaría a sus propios compañeros de armas yendo directa hacia la desconcertada tropa gala. Diezmadas sus tropas y caído Armagnac, sin apenas dificultades, el disciplinado ejército de Gonzalo Fernández de Córdoba daría buena cuenta de los restos del ejército francés que lamentablemente –cosas de la guerra–, quedó al borde del exterminio. El 28 de abril del año 1503 será siempre un día de luto para Francia.

El enorme militar que fue Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, se adelantó a Napoleón en varios siglos, evitando la guerra frontal, utilizando tácticas envolventes, marchas forzadas de infantería con soportes inusuales y creando un endiablado cubo de Rubik con la tropa, sumando las tácticas de ajedrez aprendidas de las famosas Mansubat árabes durante la conquista de Granada.

Lo dicho, un talento único en un tiempo de cambio.

Alma, Corazón, Vida

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