ELEGÍA A LUIS BÉJAR FRÍAS

La emotiva despedida a un amigo: "Tu lección secreta me enseñó qué es la amistad"

Esta es la carta que Iñigo González-Amuchastegui leyó en el funeral de Luis Béjar, en la que recordaba los momentos vividos juntos en el colegio Nuestra Señora del Recuerdo

Foto: Luis, junto a Raúl González Blanco.
Luis, junto a Raúl González Blanco.

El pasado domingo 5 de marzo falleció a los 28 años de edad Luis Béjar Frías, hijo de Juan Béjar, uno de los empresarios más reconocidos de España, mientras practicaba una especialidad de esquí de montaña conocida como 'heliski'. Esta es la emotiva carta que uno de sus amigos, Iñigo González-Amuchastegui, "El abuelo", leyó durante la ceremonia oficiada en el colegio de Nuestra Señora del Recuerdo.

Bajo estos tutelares muros, Luis, yo, y el resto del grupo Antonio’s forjamos nuestra amistad. Empezamos compartiendo entrenamientos y defendiendo la camiseta del Recuerdo los sábados de partido. Pronto, nuestra amistad trascendió las paredes del vestuario y se convirtió en el mayor motivo de orgullo para todos nosotros. Creo que lo mejor que tiene este colegio, como hoy se puede ver aquí, es la unión que consigue crear entre sus alumnos. Cuando nos enteramos de la noticia, los amigos, apenas sin hablar, nos fuimos dirigiendo hacia el único lugar en el que encontraríamos cobijo, la plaza del cole. Y durante esa tarde fueron muchos los que aparecieron para compartir con abrazos el dolor que sentían. Un dolor al principio escondido bajo el shock, pero que poco a poco ha ido emergiendo hasta hacerse insoportable. Y es que fueron muchas las cosas que aprendimos en el colegio, pero la de perder a un amigo es algo que no se puede enseñar. La muerte de Béjar, nuestro querido y entrañable don Luis, no sólo nos priva de un ser sobresaliente, sino también de la compañía de un amigo generoso y leal, que ennobleció con su sensibilidad a cuantos tuvimos la fortuna de conocerlo y quererlo.

Brillante en muchos ámbitos, en el fútbol, Luis jugaba de mediocentro, y era de ese tipo de jugadores que al verle también sabías cómo es como persona. Conseguía con su inteligencia ser alguien imprescindible tanto en el equipo como en nuestras vidas. Pero ello no le libraba de nuestras bromas cuando tras unas buenas Navidades volvía con más peso; o como cuando en cadetes perdió la titularidad, a lo que él siempre replicaba que fue el único del grupo de amigos que en el partido más importante, la final del campeonato de España, jugó los noventa minutos, y como tantas otras veces, solía llevar razón.

Con 15 años, además del futbol, empezamos a compartir nuestras primeras aventuras fuera del colegio. Empezamos tímidos con tardes de cine, pero pronto nos dimos cuenta de que nuestro verdadero interés eran las chicas. Fue la época del Vips de Lista y de las discotecas en las que para hacernos los mayores tomábamos granadina con cola. El primer viaje solos fue en primero de bachiller a Sierra Nevada, todavía hoy lo seguíamos recordando. Me acuerdo especialmente de una de las tardes en la que hablábamos quién más podía formar parte de nuestro grupo, porque 6 nos parecían pocos y qué nombre debíamos adoptar. Tuvo que ser Espin, con su gracia, el que nos bautizara como Antonio’s. El último año de colegio, fue Béjar, junto con Rasilla, el encargado de representarnos como delegados de curso, reflejo del cariño y admiración que el resto de compañeros sentíamos por él.

La amistad no puede unir a un madridista y a un atlético... aunque el martes algo dentro de mí se sorprendiera por la alegría de la victoria del Madrid

Más tarde llegaron los años universitarios, donde Luis conocería a buenos amigos en Cunef y empezaría a cosechar éxitos académicos que serían la base para su posterior carrera profesional. También fue cuando los amigos del colegio, tristes por no vernos todos los días en el patio, nos reuníamos viernes sí viernes también en Hortalaya, la casa de Fredy que gracias a la generosidad de su familia, nos vio crecer entre risas y anécdotas ya imborrables. Fueron grandes momentos y juergas las vividas ahí, discusiones políticas y sobre todo futbolísticas, porque si hay algo que la amistad no puede hacer es unir a un madridista y a un atlético, aunque el martes algo dentro de mí se sorprendiera por la alegría de la victoria del Madrid.

En los últimos años, muchos de los Antonio´s hemos empezado a conocer el amor. Él también lo haría de la mano de Pato; sin embargo, ahora como soltero, echaba en falta poder quedar con todos nosotros sin que recibiéramos el mensaje de la novia que nos mandaba para casa. Fue aquí cuando aparecieron los amigos de Londres y Barcelona, y nosotros, aunque algo celosos por sentirnos un poco relegados, sabemos que con vosotros Luis ha seguido disfrutando de algo que nosotros ya no podíamos darle.

El empresario Juan Béjar. (Reuters/Susana Vera)
El empresario Juan Béjar. (Reuters/Susana Vera)

Ahora me doy cuenta de que la amistad que creamos durante esos años de adolescencia, en los que nos desarrollábamos como personas, fue tan fuerte e intensa que ha sido el cimiento que ha permitido que, a pesar de nuestras diferencias y de la distancia, hayamos continuado como grandes amigos. Jamás podré olvidar la lección que un día me diste y que mantendré en secreto, pero que me quedará para siempre como recordatorio y aprendizaje de que la amistad es algo mucho más profundo que las risas y discusiones que acompañan a unas cañas.

Nosotros, los Antonio’s, siempre nos hemos considerado privilegiados, porque además de ser grandes amigos, además de querernos, no teníamos vergüenza en mostrarlo y decírnoslo, y eso en un grupo de chicos, por desgracia, no siempre es lo común.

Béjar ha sido amigo de sus amigos, pero además me gustaría destacar su profundo sentido familiar. Era capaz de transmitirnos que pocos planes podían ser mejor que comer con sus padres y hermanos. Y eso que los Antonio’s tratábamos con bromas de presionar para que continuara con nosotros. Pero él, reía, sin decir nada, conscientes todos de que ese día con él ya había terminado. Todos nosotros hemos visto cómo ha ido creciendo Sofi, al principio la niña que cuando íbamos a su casa nos bombardeaba con preguntas y nos obligaba a jugar con ella, para ya ahora convertirse en una mujercita. Cuando últimamente, sorprendidos, preguntábamos a Luis por su edad, nos respondía que estaba muy guapa y que, siguiendo los pasos familiares y la inteligencia heredada, se dedicaría al mundo de la empresa. “Es muy crack, viejo”, decía. La relación con Ana fue diferente, porque como a toda hermana mayor de amigo la ves con ciertos ojos de deseo, pero él siempre nos frenaba en nuestras ilusiones. Ahora no dejaba de insistirnos en que conociéramos su clínica, y en esa insistencia era fácilmente apreciable la profunda admiración que sentía por lo que había creado. Su hermano Juan era un referente, a menudo acudía a él en busca de protección. Pero no sólo él, nosotros también vimos en Juan y en su grupo de amigos un espejo en el que mirarnos. Siempre sentimos a través de la relación de Luis y Juan lo que significa tener un hermano mayor (con cariño el otro día recordábamos las llamadas perdidas que le hacía cuando ligaba). Por su padre siempre sintió un gran respeto y mayor admiración.

Hace años, tras morir mi padre, descubrí que mi único consuelo era con su recuerdo tratar de mantenerlo vivo

Siempre deseoso de estar a su altura. Eran muchas las veces que con pasión nos hablaba del tiempo compartido con él, las tardes en el campo o de sus victorias al golf. Se jactaba de que jugando menos, era mejor que él. Nosotros siempre hemos admirado la humildad de ambos. A su madre se sentía especialmente unido. En nuestras conversaciones me trasladaba su preocupación por la distancia provocada por el trabajo. Distancia física pero no espiritual. Además de que siempre que podía volvía al que nunca dejó de ser su hogar. Hablando el otro día con su madre me decía “que no es más grande quien más espacio ocupa sino quien más vacío deja cuando se va”. El vacío que Luis nos ha dejado es inmenso, sé que era tu protegido y que conseguías que todos los líos que montaba fueran una anécdota más. Pero sólo espero que en ese vacío encuentres el consuelo del amor que un hijo sintió por su madre.

Cuando la muerte aparece creo que todos necesitamos agarrarnos a algo, porque no estamos preparados para esto. Hace años, tras morir mi padre, descubrí que mi único consuelo era con su recuerdo tratar de mantenerlo vivo. Ahora, con Luis, creo que todos aquellos que tuvimos el privilegio de conocerlo tenemos ese deber. Nosotros, Abati, Jimmy, Roda, Fran, Tornel, Boada, Fredy, Espín y yo también lo haremos, seguiremos viviendo y siendo felices, sabedores de que aunque la vida continúa, sin él será algo más dura, pero también, con la tranquilidad y la certeza de que las lágrimas de dolor que hoy nos inundan, mañana, serán de orgullo por el amigo que tuvimos.

Alma, Corazón, Vida
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