el frío es antiinflamatorio

Cuándo aplicar frío o calor para aliviar el dolor y las inflamaciones

Ambos se pueden administrar en forma húmeda —con compresas— o en seco —a través de bolsas de agua, sacos de semillas o paquetes de hielo—

Foto: Si te duele la espalda, ¿frío o calor? (iStock)
Si te duele la espalda, ¿frío o calor? (iStock)

¿Frío o calor? Esta es la eterna duda que surge cuando sentimos dolor y no sabemos cómo calmarlo. Ambas sensaciones, tanto la de frío como la de calor, ayudan a aliviar los síntomas y son dos de las principales medidas no farmacológicas que favorecen la mitigación de los mismos. Para saber cuándo debemos suministrar uno u otro, los expertos de Quirónsalud Madrid responden las dudas más frecuentes.

Cuándo aplicar frío

La aplicación de frío es recomendable para reducir la inflamación debida a un traumatismo, en caso de sufrir una cefalea o para prevenir la aparición de hematomas. Se puede administrar de forma húmeda, con compresas; o en seco, a través de bolsas de hielo; siendo el tiempo de administración en periodos alternos de entre 15 y 20 minutos durante aproximadamente dos horas.

“El frío contribuye a disminuir la inflamación y a calmar el dolor gracias a su capacidad antiinflamatoria”, explica Yolanda Peral, supervisora de hospitalización del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y una de los autores del Protocolo del Manejo del Dolor, realizado por especialistas del citado centro.

Es aconsejable observar el estado de la piel antes de la administración de hielo y, si decidimos utilizar frío seco, nunca hacerlo directamente sobre la piel. Una vez que se haya administrado frío, se recomienda secar la piel adecuadamente, sin frotar, teniendo especial cuidado en no administrar frío a personas con problemas de circulación —porque se agravarán— o sobre heridas en proceso de cura.

Cuándo aplicar calor para aliviar el dolor

El calor contribuye a aliviar el dolor y los espasmos musculares. Al igual que el frío, se puede aplicar de forma húmeda —con compresas o a través de un baño— o de forma seca —con bolsas de agua o los clásicos sacos de semillas—. El modo de administración debe ser en periodos alternos de entre 15 y 20 minutos, durante unas dos horas.

“La administración de calor es muy recomendable para tratar el dolor de las inflamaciones no traumáticas de las articulaciones. Además, acelera el drenaje de procesos infecciosos y de abscesos y relaja la musculatura contraída”, detalla Yolanda Esperanza, supervisora de enfermería de la Unidad de Cuidados Intensivos y de Urgencias del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid.

Está contraindicado utilizar calor en cualquier herida que sangre durante las primeras 24 horas, ya que aumenta el flujo sanguíneo y favorece la hemorragia. Tampoco debe aplicarse en prominencias óseas porque son zonas de sensibilidad reducida y favorece las lesiones cutáneas.

En caso de dolor intenso, tanto el frío como el calor son métodos que se pueden utilizar de forma complementaria a una terapia farmacológica pautada por un especialista.

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