los grandes directivos buscan otra formación

El monasterio benedictino en el que se están formando las élites económicas italianas

Una abadía decide impartir cursos de 'management'. Su éxito se debe a la necesidad que siente el capitalismo de verse respaldado por unas bases espirituales

Foto: Trabajo y meditación. Dos temas fundamentales de estos cursos. (iStock)
Trabajo y meditación. Dos temas fundamentales de estos cursos. (iStock)

"Ora et labora". Es el lema de la Orden Benedictina, el principio inspirador de su fundador, San Benito de Nursia, iniciador de la vida monástica en Occidente. Una frase que podría dar lugar a interesantes reflexiones: la contemplación y el trabajo, el alma y el cuerpo, la espiritualidad y la vida material.

Nos machacan desde mil frentes con la idea de la falta de valores en el mundo actual. La economía capitalista en general, y la administración de empresas en particular, necesitan ser legitimadas, no solo desde aspectos puramente prácticos o ideológicos, sino también a través de convicciones profundas y espirituales.

Tradicionalmente los gurús económicos han buscado dicha ratificación en las creencias orientales (sobre todo en el zen) o en las religiones 'new age'. Hasta hace poco, era corriente encontrar a directivos que presumían de haber leído ‘El arte de la guerra’ de Sun Tzu o ‘El libro de los cinco anillos’ de Miyamoto Musashi.

Este no es un encuentro cualquiera, sino un curso de alto nivel para convertirse en todo un mánager de Dios

El nombramiento del último papa ha vuelto a despertar, sin embargo, una nueva simpatía hacia el catolicismo desde sectores cuya actividad entraba tradicionalmente en conflicto con la doctrina de esta rama cristiana, tal y como sucede con el mundo de la empresa. Como ejemplos de este cambio, el volumen publicado hace algunos años por Bruno Ballardini: ‘Leader come Francesco: Perché il papa è un genio del marketing’.

El diario ‘La Stampa’ se hace eco ahora de cómo los directivos de las empresas italianas han decidido volver la vista a las enseñanzas de la vida monástica para hallar nuevas herramientas que poder aplicar a su actividad profesional. Varias sociedades han decidido, así, inscribir a sus altos cargos en la ‘Escuela de liderazgo’ organizada en la abadía de San Pedro Sorres, en la parte norte de la isla de Cerdeña.

Lecciones imperecederas

A diferencia de lo que se podría pensar, los monjes benedictinos, instalados en dicho templo desde 1955, no viven ni mucho menos desconectados del mundo moderno. “Si acaso, son guardianes de una lección que ha demostrado su eficacia con el paso del tiempo: la regla de San Benito es una lección validada por la historia”, afirma Rocco Meloni, titular de una empresa de formación que desde hace 30 años organiza cursos para empresas.

De los 73 capítulos de la regla, solo los primeros hacen referencia a la vida religiosa. Los demás están dedicados a la organización del tiempo y del trabajo

Durante un fin de semana, los teléfonos y los ordenadores se quedan fuera del templo, así como el ansia de tener que estar siempre conectados. En el curso impartido por los frailes no hay tampoco presentaciones de Powerpoint. Cuando llega la puesta del sol, los monjes rezan y el silencio inunda la abadía: “Este es el momento más importante de nuestras lecciones”, sostiene el Padre Gianni, “el silencio significa escuchar. Antes de dar órdenes es indispensable saber prestar oídos. Un directivo solo puede ser efectivo de este modo y es lo que les intentamos explicar”.

La pausa para el café es la única concesión que se otorga a los tiempos modernos. Por lo demás, el programa del curso está marcado por la disciplina: presentaciones, seminarios, trabajos manuales y meditación.

Meditación y disciplina

De los 73 capítulos de la regla de San Benito, solo los primeros hacen referencia directa a la vida religiosa. Los demás están dedicados a la organización del tiempo y del trabajo, en busca del sentido más profundo en lo que se hace, en saber estimar lo que construimos y saber juzgar con criterio nuestra toma de decisiones.

Respecto al tiempo, la economía financiera, con su obsesión por conseguir resultados rápidos, ha liquidado su valor. La veneración por los beneficios inmediatos y la obsesión por que todo esté listo lo antes posible, poco tienen que ver con los principio de la orden. El tiempo sobre el que se trabaja en el monasterio es el tiempo de la investigación, lenta y paciente. Es el tiempo de probar y volver a probar, si el producto del esfuerzo no es el esperado. Es el tiempo de la época del artesanado, donde el resultado llega en el proceso de mejora y perfección. Es, por último, el tiempo de las fábricas y de las empresas que se crean con el propósito de permanecer abiertas durante muchos años.

La antigua catedral del complejo de San Pedro Sorres. (iStock)
La antigua catedral del complejo de San Pedro Sorres. (iStock)

Por lo que respecta a la otra clave de la regla, el trabajo, entra aquí en juego el concepto de competitividad. Apuntan los monjes: “Las enseñanzas de San Benito pueden ser muy valiosas para quien quiere administrar y hacer que crezca una organización. Una de nuestras normas fundamentales es la de estimar las competencias y las actitudes del otro. De los empleados y de los colaboradores”. Los individuos deben caminar juntos en pos de un objetivo. Contra la teoría de que debe ganar el más fuerte, se ensalza la sabiduría de quien se sabe mover dentro de una comunidad de intereses, negocios y valores.

Para nosotros es un experimento. Queremos comprobar si podemos mejorar las competencias de nuestros mánagers

La clave está en aceptar la relación ineludible que existe entre las personas. Es inevitable, por tanto, comparar dichas tesis con otras tendencias instaladas en el mundo económico como la teoría de juegos: “Los directivos modernos olvidan los principios de la economía comunitaria”, aclara el padre Gianni, “¿qué deberían hacer? Por ejemplo compartir los ingresos con los trabajadores y colaborar lealmente con las otras empresas”.

Altos cargos en busca de un camino

Puede parecer que las visitas a la abadía de San Pedro de Sorres no son más que otra extravagancia de una economía que se encuentra muy perdida por lo que se refiere a sus bases filosóficas y espirituales.

Quienes se dirigen al monasterio no piensan de la misma manera: “Para nosotros es un experimento. Queremos comprobar si podemos mejorar las competencias de nuestros mánagers”, afirma Antonello Bosa, trabajador de una cadena de negocios de electrónica con 160 tiendas distribuidas por toda Italia.

No solo los mánagers asisten a estas clases, también funcionarios públicos y directores de instituciones de enseñanza forman parte del alumnado. Personas, todas ellas, a quienes no les convencen las simples enseñanzas que aparecen en los libros de los gurús.

Se tratan aquí temas con un fuerte componente moral y filosófico que tienen que ser reforzados con la meditación. En las conferencias sobre el mundo de la empresa no se trata la práctica religiosa y espiritual. Sin embargo, como dice el periodista Nicola Pina en su artículo para ‘La Stampa’: “Este no es un encuentro cualquiera, sino un curso de alto nivel para convertirse en todo un mánager de Dios”.

Alma, Corazón, Vida

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