LA ILUSIÓN DE LA DESTREZA

Por qué deberíamos desconfiar del mito del empresario de éxito

Son muy pocas las figuras del emprendimiento que han conseguido triunfar con varias de sus empresas. Sin embargo, confiamos en ellos ciegamente. ¿Por qué?

Foto: Lo hizo una vez, ¿lo puede volver a hacer? (Reuters)
Lo hizo una vez, ¿lo puede volver a hacer? (Reuters)

Durante los últimos años se ha popularizado la figura del gurú empresarial. Un tipo al que le ha ido muy bien en los negocios y, por extensión, en la vida, o al menos eso parece desprenderse de sus palabras. De igual manera que en el pasado los artistas o inventores eran reconocidos por su talento, de repente el empresario o emprendedor ha pasado a convertirse en el gran protagonista del mito del triunfador. Desde Bill Gates y Warren Buffett hasta Mark Zuckerberg o Steve Jobs, parece que los líderes empresariales están imbuidos de cualidades únicas.

'El arte de actuar' de Rolf Dobelli.
'El arte de actuar' de Rolf Dobelli.

Si así fuese, se pregunta el escritor Rolf Dobelli en su último libro, 'El arte de actuar' (Ediciones B), ¿por qué hay tan pocos empresarios en serie, gente de negocios que funde compañías prósperas una tras otra? Como recuerda el periodista y experto en psicología, hay muy pocos empresarios que hayan conseguido que todas sus empresas lleguen a buen puerto. Desde luego, son la apabullante minoría. “Simplemente, dejan de triunfar”, explica. “Solo hay una respuesta lógica: la suerte desempeña un papel más importante que la destreza. A ninguna persona del mundo de los negocios le gusta oír esto”.

Dobelli recuerda que el sesgo cognitivo (uno de los 48 que aborda en su nuevo trabajo) en este caso es el de la ilusión de destreza. En resumidas cuentas, solemos pensar que aquellas personas que han triunfado en ciertos campos lo han hecho por sus propias cualidades, e infravaloramos el papel que ha podido jugar la suerte. Sin embargo, asegura el autor, “ni las habilidades ni el trabajo ni el afán son los criterios clave del éxito. Son necesarios, pero no suficientes”.

Cuando el talento sí marca la diferencia

Suena triste pensar que la suerte es el único factor que decide si una persona va a tener éxito o no. Por supuesto, afirma Dobelli, sin talento y sin trabajo duro no se consigue nada. Pero anima al lector a realizar un test para comprobar si alguien simplemente ha pegado el golpe de su vida o si en realidad el éxito se debe a su buen hacer: “Hay una prueba muy sencilla”, explica. “Cuando una persona lleva mucho tiempo gozando de prosperidad –más aún, cuando a largo plazo tiene más éxito que las personas menos cualificadas–, solo entonces es el talento el elemento esencial”.

Ya lo dijo Buffett: "Importa más la embarcación a la que nos subamos que nuestros remos"

Apenas ocurre con ningún fundador de empresas, señala Dobelli, ya que “de lo contrario, la mayoría de´los emprendedores prósperos, tras el primer logro, seguirían fundando y desarrollando más y más empresas”. Sin embargo, la mayoría de ellos se retiran o fracasan. Como el propio Buffett ha explicado en alguna ocasión, “un buen registro empresarial está más en función de la embarcación comercial en la que te subes que realmente del modo de remar”. De manera que debemos sospechar de los emprendedores que, después de su primer éxito, han garantizado su jubilación publicando libros y más libros sobre los rasgos del “director ejecutivo fuerte”.

Sin embargo, hay muchos otros trabajos donde la destreza sí es clave, y curiosamente muchos de ellos son los menos valorados por la sociedad. Son aquellos en los que las destrezas resultan esenciales, puesto que de otra manera, sería absolutamente imposible que el trabajo pudiese ser llevado a cabo: “Ciertas personas, como los pilotos, los fontaneros o los abogados se ganan la vida gracias a sus capacidades”, concluye Dobelli. “En otras esferas, las destrezas son necesarias pero no cruciales, como pasa con los emprendedores o los líderes”. Aunque en ámbitos como el de la empresa o la economía la habilidad sea importante, “la casualidad es el factor decisivo”. Así que el autor anima a que tratemos con el debido respecto a los fontaneros y nos riamos entre dientes de “los bufones financieros triunfantes”. Porque, al fin y al cabo, los primeros sí que saben lo que se hacen.

Alma, Corazón, Vida

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