Los cambios sociales que vienen

Las nuevas élites que están acabando con las clases medias altas nacionales

Ayer publicamos la primera entrega de un reportaje sobre "La decadencia de las clases medias altas". Hoy analizamos qué hacen para mantenerse y cuál será su destino

Foto: Las clases cosmopolitas funcionan por afinidades, no por origen (iStock)
Las clases cosmopolitas funcionan por afinidades, no por origen (iStock)

Si hay algo nuevo en la situación de las clases medias altas contemporáneas, es la conciencia de que están inmersas en sociedades que están cambiando profundamente, y que el resultado quizá no les vaya a ser favorable. La crisis no les ha afectado en exceso, ya que la mayor parte de sus integrantes ha conservado su posición, pero sí ha hecho evidente que las cosas no serán igual. Más que la idea de que su clase vaya a desaparecer, lo que les asusta es que son conscientes de que su destino individual es mucho menos seguro: saben que mucha gente de su entorno va a perder pie y tratan de no ser uno de ellos.

Correr más para llegar al mismo sitio

Las bazas que se ponen en juego para continuar en la carrera, señala el catedrático de sociología de la Universidad Autónoma de Madrid Luis Enrique Alonso, son las habituales, como las trayectorias personales, el capital social y el relacional, sólo que ahora se utilizan con mucha más intensidad. “Deben emplear, sólo para conservar su posición, un volumen de recursos mucho mayor: más viajes, más idiomas, más títulos. Y no se trata únicamente de los jóvenes, también el profesional tiene que invertir mucho más en disciplina y en tiempo para no ser excluido. Las situaciones regaladas son mucho menos frecuentes, por lo que también juega como factor fundamental para no caer en la escala social el patrimonio acumulado. Se ha de recurrir a él con mayor frecuencia”.

Por cada puesto creado en la economía del conocimiento, hay tres personas empleadas en la economía de McDonald's

En esa carrera en la cinta mecánica en que se han convertido las trayectorias laborales para las clases medias altas, los mecanismos que permiten obtener recursos patrimoniales son diferentes. Por una parte, porque como aseguran Mats Alvesson y André Spicer, profesores de la universidad de Lund y de la Cass Business School, en 'The Stupidity Paradox', por cada puesto creado en la economía del conocimiento, hay tres personas empleadas en la economía de McDonald's, lo cual aumenta la dificultad para encontrar un empleo que asegure el nivel social: hay menos puestos y más aspirantes, lo que estrecha definitivamente las posibilidades.

Hay mucha batalla en esos niveles y muchas familias adineradas se han dado grandes batacazos debido a las inclemencias de los mercados financieros

En segunda instancia, sus rentas patrimoniales, típicamente provenientes del sector inmobiliario, ya no son tan atractivas en un instante de crisis, y más cuando los impuestos han subido y seguirán subiendo para devolver la deuda. La deriva de los recursos de esos sectores hacia la inversión financiera ha sido el movimiento usual, pero genera mucha más incertidumbre. Como señala el economista Eduardo Garzón, “no hay duda de que quienes arriesgan su capital en los inestables mercados financieros tienen mucho que perder en las crisis, aunque también mucho que ganar. Al fin y al cabo, hay mucha batalla en esos niveles y muchas familias verdaderamente adineradas se han dado grandes batacazos debido a las inclemencias de los mercados financieros. De hecho, todo apunta a que la política monetaria extremadamente expansiva de los bancos centrales está calentando demasiado la economía financiera, y que mientras ese dinamismo no sea compensado por un dinamismo similar en la economía real, nuevas crisis financieras de enorme envergadura harán aparición, asestando un duro golpe al patrimonio de muchas familias acaudaladas”.

Ansiedad, pero no privación

Este es el último problema para la clase media alta, que la economía real no va bien, y desde luego no al ritmo que necesita la economía financiera. En este contexto, la clase media española muestra síntomas de agotamiento, pero según afirma el profesor de sociología en la Universidad de Zaragoza Pau Marí-Klose, no demasiado preocupantes. “Si bien en muchos de estos hogares las situaciones de adversidad han supuesto un primer golpe duro, que ha generado ansiedad, han sido superadas tras un tiempo gracias a los recursos económicos de que disponían, y cuando se agotaban, al apoyo de familiares y otras redes sociales. Su colchón en forma de indemnizaciones por despido, prestaciones sociales, ahorros, y sobre todo al hecho de que han sido hogares ricos en trabajo (donde trabaja más de una persona) les ha otorgado grandes márgenes. Además, las clases medias altas son ricas en capital relacional”.

He encontrado a pequeños empresarios empeñados en salir adelante, adaptándose a nuevas demandas, aguantando muchísimo antes de darse por vencidos

En cuanto a sectores, un estudio realizado por Xavier Martínez-Celorrio, profesor de sociología de la Universidad de Barcelona, señala que la clase profesional experta, que incluye también a la clase directiva, es la que ha gozado de una mayor protección y mantenimiento de estatus ante la crisis, pero aún así un 17% ha caído de clase social.

Quienes han acusado algo más el golpe son los empresarios y autónomos, como señala Marí-Klose. “Existen ciertamente casos extremos, sobre todo en el mundo de las pymes. Empresarios que habían tenido mucho éxito en la época de bonanza, y de repente sufren caídas drásticas, que a veces presentan perfiles más dramáticos, cuando la acumulación de deudas ligadas a inversiones realizadas para expandirse impide remontar cuando la situación mejora, y cunde la frustración. En mis entrevistas cualitativas me he encontrado bastantes pequeños empresarios ahora ahogados por las deudas, que coartan su capacidad de echar adelante su negocio o de emprender en otro tipo de actividades. Pero todos tuvieron en sus malos momentos algo a lo que agarrarse (una pareja que trabajaba asalariada y aseguraba ingresos, una familia que acudía a su rescate, etc.). Además, la clase media alta ligada a la pequeña actividad empresarial es mucho más resiliente de lo que a veces nos imaginamos, y consigue mejor o peor, mantener sus actividades 'territorializadas' a flote. He encontrado sobre todo a pequeños empresarios empeñados en salir adelante, adaptando sus empresas a nuevas demandas, explorando nuevos nichos de negocio, aguantando carros y carretas antes de darse por vencidos”.

La economía real, víctima

Sin embargo, esta pelea tiene mal destino como clase, aunque la suerte de sus componentes sea dispar, ya que, como asegura Luis Enrique Alonso, “la economía de los flujos está hegemonizada internacionalmente y la financiarización tiene sus víctimas entre los grupos ligados a la economía real, aunque sea una economía real regresiva como es la española”. En un contexto global, “cualquier compañía financiera internacional tiene una capacidad mil veces mayor de despliegue de estrategias. La clase media alta nacional es hoy totalmente dependiente de los circuitos internacionales de colocación de capital, y los fondos especulativos, los de alto rendimiento, pueden desplazar a cualquiera de un papirotazo. España cada vez está más desvinculada de los modelos territoriales, y sólo quedan las eléctricas, que están apoyadas políticamente, y los bancos, que han crecido y son un agente más de la financiarización internacional. El Banco Santander o el BBVA se llaman así como podrían llamarse Banco de Laos”.

No piensan en términos de nación o de patria, sino de afinidades con otros miembros de su clase, al margen de su lugar de nacimiento

La cuestión última, afirma Alonso, es que la financiarización ha modificado todas las estrategias. En un capitalismo globalizado, en el que la economía penetra y perturba las divisiones nacionales de clase, se están creando grupos sociales que aprovechan sus habilidades y posibilidades de formación para extraer oportunidades de cualquier lugar. Las nuevas élites no son nacionales, sino que se mueven en redes globales: envían a sus hijos a estudiar al extranjero, viajan fuera de su país a menudo, tienen cuentas bancarias en distintos países y encuentran sus empleos y sus oportunidades de negocio en firmas transnacionales y ciudades cosmopolitas. No piensan en términos de país o de patria, sino de afinidades con otros miembros de su clase, al margen de su lugar de nacimiento.

En este mundo de élites y redes globales, las clases medias altas nacionales tienen mucho que perder

Estas son las capas sociales triunfadoras, y a introducirse en ellas aspiran las clases medias altas nacionales, sabedoras de que su destino depende de la posibilidad de hacerse un espacio en esos circuitos laborales, culturales y económicos. Dado que la vinculación a los territorios ya no es vista como una salvaguarda sino como una trampa, insisten en que las empresas deben internacionalizarse, en que las pymes están obligadas a crecer si quieren sobrevivir, y en que las posibilidades de desarrollo profesional pasan por el cosmopolitismo. Como subraya Alonso, “igual que antes enviaban a sus hijos a los jesuitas, ahora los matriculan en colegios internacionales o los mandan a que cursen la carrera en Estados Unidos”.

El problema es que ese deseo suele encontrarse de forma brusca con la realidad, porque supone jugar en un espacio en el que la competencia es mucho mayor, donde su red de relaciones es mucho más débil, y para el que no siempre cuentan con el capital preciso. En este mundo de élites y redes globales, las clases medias altas nacionales tienen mucho que perder.  

Alma, Corazón, Vida

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