el auge de la vigilancia activa

Por qué la mayoría de la gente con cáncer de próstata está decidiendo no tratarse

De un tiempo a esta parte, se está popularizando enormemente una estrategia para abordar la enfermedad que consiste, sencillamente, en no hacer nada y observar

Foto: La edad media a la que se detecta el cáncer de próstata es de 68 años. (iStock)
La edad media a la que se detecta el cáncer de próstata es de 68 años. (iStock)

Aunque el cáncer de próstata despierta escaso interés mediático, es el más frecuente entre los hombres: uno de cada seis lo sufren en algún momento de su vida. Solo en nuestro país se detectan cada año 25.000 casos y, aunque sus tasas de curación son elevadas si se detecta a tiempo, casi 6.000 de estas personas mueren por esta causa.

Por suerte, desde los años 90, se realiza de forma generalizada la prueba del antígeno prostático específico, conocida como PSA, un simple análisis de sangre que detecta los niveles de una sustancia que forman las células prostáticas. Un valor alto es signo de alguna anomalía de la próstata, aunque no necesariamente de cáncer. Pese a que la prueba ha salvado muchas vidas, no está exenta de polémica. El análisis genera numerosos falsos positivos (se calcula que falla en un 35% de las ocasiones) y muchos médicos opinan que genera demasiados tratamientos innecesarios.

Lo cierto es que, como explicaba el doctor Tony Copperfield, autor del libro 'Sick Notes. True Stories From The GP´s Surgery' (Monday Books), en un reportaje en 'The Guardian', el cáncer de próstata es mucho más común de lo que se piensa y, normalmente, menos serio de lo que creemos: “En los señores mayores es virtualmente algo normal. Muchos de los cánceres de próstata permanecen adormecidos y no son dañinos. Son algo con lo que mueren los hombres, no de lo que mueren. Someterse a una prueba de PSA puede acabar dándote una información que sería mejor que no conocieras. En teoría la prueba puede salvar tu vida, pero en la práctica puede conllevar preocupaciones innecesarias, incómodas biopsias y cirugías traumáticas”.

En EEUU, el 40 y el 50% de las personas a las que se diagnostica cáncer de próstata eligen evitar el tratamiento

Es por esto que, en EEUU, se está popularizando enormemente una estrategia para abordar la enfermedad que se conoce como “vigilancia activa”. Cuando el tumor es pequeño, y el paciente no demasiado joven, se le da opción de evitar un tratamiento y, sencillamente, someterse a pruebas regulares que atestigüen que el cáncer no está creciendo.

En España está práctica es tremendamente residual. Según un estudio de la Asociación Española de Urología la prostatectomía –extracción quirúrgica de la próstata– es el tratamiento más usado, con un 35,3%, seguido de la radioterapia, con un 29%, y la hormonoterapia, con un 19,4%. En EEUU, sin embargo, según nuevos datos que acaba de hacer públicos 'The New York Times', entre el 40 y el 50% de las personas a las que se diagnostica el cáncer eligen ya evitar cualquier intervención.

Observar el tamaño y estado de cada tumor es fundamental para escoger si merece la pena tratarlo. (iStock)
Observar el tamaño y estado de cada tumor es fundamental para escoger si merece la pena tratarlo. (iStock)

Una medida en boga

Aunque la vigilancia activa es una modalidad de tratamiento (o más bien, no tratamiento) aceptada por las guías clínicas europeas, es en EEUU donde más ha proliferado su uso. En 2011, los Institutos Nacionales de Salud celebraron una conferencia en la que se concluyó que la vigilancia activa debía ser la opción predilecta para los hombres con tumores pequeños o con apariencia inocua y el pasado año la Sociedad Americana de Oncología Clínica llegó a conclusiones similares.

“Las cosas están cambiando muy muy rápido”, ha asegurado en 'The New York Times' el doctor Matthew R. Cooperberg, urólogo de la Universidad de California en San Francisco. Y así lo confirman los datos recopilados por la Asociación Americana de Urología. La mitad de los hombres a los que se diagnostica un cáncer de próstata tienen un tumor de bajo riesgo: catalogado como Gleason 6 o menos, según la terminología que se utiliza en el campo. Su riesgo de morir por el cáncer en los próximos 10 años es menor al 1%, sin importar que elijan la vigilancia activa o un tratamiento más agresivo. Y son estas personas las que están abrazando en masa la primera opción.

La decisión no es sencilla

Escoger la vigilancia activa parece la mejor opción para personas mayores, con una expectativa de vida de 10 o 15 años, pues cuando se tienen 70 u 80 primaveras el cáncer crece de forma muy lenta. Pero ¿es esta la mejor opción para hombres de 50 o 60 años?

Para los hombres más jóvenes la decisión está lejos de ser sencilla: al tener una mayor esperanza de vida hay más tiempo para que el tumor crezca y se vuelva más agresivo, pero son también ellos los que más sufren tras las extirpación de la próstata, debido a las complicaciones habituales de esta cirugía, como son la disfunción eréctil, que sufren en torno a un 20 o 30% de los pacientes operados, y la incontinencia, que afecta a en torno a un 10%.

Necesitamos hacer un seguimiento de al menos 10 o 15 años a los pacientes para estar seguros de que no estamos haciéndoles daño

La elección de la vigilancia activa no deja de ser una suerte de apuesta: si te sale bien, tu vida será más cómoda, pero si te sale mal, por mucho que vigiles el tumor, tienes algunas posibilidades de que crezca demasiado y sea tarde para acabar con él.

Hay otro argumento en contra de recomendar la vigilancia activa a gente que no supere los 65 años, por muy pequeño que sea su tumor: se trata de una estrategia novedosa y, por tanto, sus resultados a largo plazo no son del todo claros.

“Necesitamos hacer un seguimiento de al menos 10 o 15 años a los pacientes para estar seguros de que no estamos haciéndoles daño”, apunta en el diario neoyorquino el doctor Alan J. Wein, jefe de urología de la Perelman School of Medicine. “El problema es que comenzamos a realizar la vigilancia activa en torno al año 2000, y todo el mundo la empezó a aplicar muy poco a poco. Nadie tiene realmente muchos pacientes que la hayan seguido durante años y años”.

Pese a esto, Wein sí recomienda este tipo de estrategia, pero siempre que la vigilancia sea realmente activa: con biopsias confirmatorias cada año y pruebas regulares de PSA. “Le digo a los pacientes que es una apuesta. Estás apostando que la enfermedad no va a progresar, y si lo hace serás capaz de darte cuenta antes de que alcance una situación en la que sea poco tratable. Aumentas las posibilidades de ganar la apuesta haciendo una biopsia de confirmación”.

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