El hombre que venció a Mussolini y se convirtió en un líder mundial
  1. Alma, Corazón, Vida
la increíble historia de haile selassie

El hombre que venció a Mussolini y se convirtió en un líder mundial

Líder indiscutible de su pueblo, y enérgico combatiente de primera línea, recuperó bastante del terreno perdido durante la invasion de las huestes del descerebrado Mussolini

placeholder Foto: Haile Selassie en 1942.
Haile Selassie en 1942.

"Creen los pacifistas que el lobo es vegetariano".

–Yves Montand

Tras la fantasmagoría de unas velas rituales de cera revestidas de la enorme belleza indescifrable para cualquier occidental del antiguo idioma amárico, emergía difusa una luz espectral. La luz era el personaje narrador que iluminaba a aquel hombre encogido y demacrado, enfrentado en un sótano húmedo y maloliente por la falta de ventilación, a un dilema de vida o muerte.

Hombre enjuto y venerado, místico de ojos profundos y de arco ciliar muy remarcado, parecía observarlo todo desde algún lugar lejano, desde una distancia indeterminada, fuera de los parámetros de la realidad común, esa sucesión de actos automáticos que encadenados sin exhalación llaman algunos vida.

Era un optimista desesperado en medio del caos total. Etiopía-Abisinia, que se preciaba de haber resistido las veleidades coloniales, era un territorio casi inexpugnable a las voraces ambiciones de las potencias europeas; también era el nuevo campo de ensayo de los criminales juguetes del enajenado Duce y sus huestes fascistas.

Los desventurados coloniales italianos habían recibido anteriormente una paliza de espanto a manos de los belicosos autóctonos

Hacia siete u ocho meses que los descalzos y orgullosos abisinios peleaban en manifiesta inferioridad numérica y técnica contra un ejército de estética muy marcial pero con poca chicha en el sentido estricto de lo militar, con un toque de opereta pero bien armado y pertrechado. Más de cien mil italianos en un primer momento (era el tres de octubre y el monzón era ya un recuerdo), apoyados por los experimentales y mortíferos Savoia Marchetti Sparviero, repartían fósforo y metralla discrecionalmente para doblegar a este pueblo de altivas gentes. Los tanques provenientes de la zona eritrea hacían las delicias de los tiradores que los ocupaban en su aparente invulnerabilidad, y combatirlos tenía un coste altísimo para los autóctonos puesto que con precarias latas de combustible tenían que acercarse de manera temeraria para incendiarlos, y eso se pagaba.

En Adua, hacia 1896, al norte de Etiopia, la llamada Abisinia en aquel tiempo, en la luminosa y celeste zona del norte de este contradictorio país donde la creación ha repartido a partes iguales belleza, horror, y hachazos gigantescos a diestro y siniestro en la orografía local, allá, en las montañas del Tigray, los desventurados coloniales italianos habían recibido anteriormente una paliza de espanto a manos de los belicosos autóctonos. Más de seis mil almas habían pasado a mejor vida en una de las batallas más recordadas contra una potencia invasora en África, y los hijos de los hijos de aquella enorme y extinta Roma Imperial habían caído humillados por gentes semidesnudas en una literal merienda de negros.

Italia no había olvidado aquella afrenta

Pero ahora era diferente. El Duce y sus veleidades imperialistas habían decidido que el día tres de octubre del año 1935 habría de quedar señalado en los anales patrios de la Italia eterna como una fecha inolvidable del engrandecimiento de lo que fue probablemente uno de los mayores imperios de la tierra en lo que existe de historia conocida. Desde aquel entonces, los avatares y vaivenes de las circunstancias habían menguado ostensiblemente los territorios del otrora poderoso imperio romano, y según el criterio de este alfeñique de amplio mentón y escasas entendederas, había que darle un susto a alguien para recuperar el prestigio perdido en el plano internacional. Dicho y hecho; pero no iba a resultar como cualquier amanecer dorado de la Toscana.

El hombre que había liderado una transición desde la oscura Edad Media local hasta otra Edad Media algo más maquillada por la modernidad, no era ni más ni menos que el osado y hábil político autoproclamado como el Negus Nagast o Rey de Reyes, también llamado por sí mismo Haile Selassie, o lo que es lo mismo en roman paladino, el Poder de la Trinidad. Ahí queda la cosa.

En su ceremonia de entronización como emperador, las asistencias diplomáticas europeas habían quedado algo descolocadas por el boato y el oropel de la puesta en escena para blanquear las miserias manifiestas de una pobreza más que escandalosa. También, todo hay que decirlo, les preocupaba que aquellas reivindicaciones de carácter mas estético, y más cosméticas que otra cosa, cruzaran fronteras y ejemplificaran habitos de libertad y modelos a todas luces inconvenientes para los amos del norte blanco, no fuera a ser que les saliera un sarpullido bajo sus almidonadas camisas.

Pero en los EEUU (la revista Time lo eligió hombre del año en 1935) tuvo amplio predicamento, por elevar el maltratado termómetro del orgullo afroamericano, y en Jamaica le salieron multitud de seguidores que le admiraban como un Dios en la tierra, por lo que a la voz de ya, se decretó para los restos que sería su Rastafari o lo que es lo mismo, “el Príncipe que debe de ser temido”, adicionando en su nuevo ritual todo un culto a un nuevo humo liberador que convertía, afortunadamente, la realidad en un esperpento. Lamentablemente la masa crítica de consumidores de esta “corriente política o teológica según por donde se le dé cuerda”, no llegaría nunca a ser considerada seriamente y su revolución en las costumbres locales tendría una incidencia puramente anecdótica.

Pero la cosa se puso fea para el hombre circunspecto que miraba la cartografia militar encima de una tosca mesa de madera en un lugar desconocido del centro de Etiopía y, por ello, estaba a punto de tomar una decisión de carácter trascendental.

Una masacre en toda regla

Líder indiscutible ya de su pueblo, y enérgico combatiente de primera línea, recuperó bastante del terreno perdido durante la invasion de las huestes del descerebrado Mussolini. Pero una heroica y suicida contraofensiva de los abisinios contra el cruel invasor italiano, allá cuando el oscuro invierno comenzaba a instalarse, fue destrozada con un reparto generoso de armas químicas que liquidaría en menos de setenta y dos horas las vidas de más de 100.000 seres humanos, la inmensa mayoría civiles en la resistencia armada, como no podía ser de otra manera.

Los acontecimientos iban dibujando con trazos de miseria el auge de los fascismos en España y Alemania

A finales de abril del año 1936, la constante erosión de un armamento de última generación bien engrasado y ensayado hasta la saciedad sobre objetivos mudos de respuesta se impondría a la tenacidad de un pueblo alzado en armas. Durante los mas de 3.000 años en que la monarquía etíope había habitado las tierras de los primeros hombres y mujeres llamados bípedos erectos con sesera certificada para pensar nunca se había producido un riesgo de captura de su máxima dirigencia tan cercano y patente.

Haile Selassie apagó la vela y enrolló los planos que tenía sobre la mesa, y como una herencia vital indispensable, se los llevó bajo el brazo al amparo de un crucero de combate inglés que le recogería en la base francesa de Djibouti.

Mientras tanto, los acontecimientos iban dibujando con trazos de miseria el auge de los fascismos en España y Alemania. El preludio de la Guerra Civil española como campo de ensayo de las nuevas estrategias en los futuros campos de batalla de Europa demoraba la respuesta de las democracias en aquellos pagos en los que no era perentoria una intervención “estrictamente necesaria”.

El fin de su egregia majestad

Pero la historia no acaba ahí. Cuando el sagaz y práctico Winston Churchill vio que el Duce comenzaba a tener extraños escarceos con un señor de bigotes muy belicoso y de ideas delirantes, pensó que había llegado el momento de ajustarle las cuentas al golfante de Mussolini; y no encontró mejor herramienta que la de enviarle de nuevo a domicilio, a la horma de su zapato.

Si ya de por sí los etíopes son delgados por constitución, y encima les das de comer condumio inglés, no es difícil que alcancen la transparencia más absoluta. El Negus vivía arrinconado y silenciado hasta que el brujo de Churchill le dio voz cual ventrílocuo consumado que era. Lo sacó de la idilica Bath en la campiña inglesa y lo puso 'ipso facto' al frente de la resistencia local en un abrir y cerrar de ojos.

Selassie sería depuesto por un grupo de uniformados en una cruenta revolución marxista promovida por un cruel coronel llamado Menhistu Haile Mariam

La coordinación de las guerrillas abisinias se hizo patente desde el momento en que Haile Selassie se puso al frente de las mismas. En seis meses el 'Fratelli d'Italia' (alegre himno nacional muy asociado a las vistosas paradas militares a las que son muy aficionados nuestros vecinos mediterráneos), pasó del 'molto allegro' a adquirir unos toques más fúnebres en su precipitada retirada.

Su fama creció como consecuencia del liderazgo pasivo y referencial que irradiaba sobre muchos de los países estragados por el yugo de los blancos y ello acrecentó su fama de líder continental africano; pero con las troneras ya algo oxidadas, seria depuesto por un grupo de uniformados en una cruenta revolución marxista promovida por un cruel coronel carnicero llamado Menhistu Haile Mariam. Al parecer, como quien no quiere la cosa, le colocaron una bolsita de plástico en la cabeza para facilitarle un tránsito mas honroso (y menos oneroso) que el de una rendición que podría haber sublevado de nuevo al pueblo etiope en torno a su egregia majestad.

El 27 de agosto de 1975, cuando ya había concluido el omnipotente monzón que a diario fertiliza la extraña nada metafísica que habita en Etiopia desde 'in illo tempore', donde el tiempo parece detenido, este controvertido líder africano con proyección y fama mundial, con claros visos de demencia senil (Ryszard Kapuscinski 'dixit' en su celebrado 'El Emperador'), rompería lazos con su cuerpo, camino ya de la eternidad.

'Sic transit gloria mundi'. Todo es efímero.

Señor con maletín

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