una sociedad dividida y dual

El regreso de las dos Españas

La crisis ha transformado la mentalidad de nuestro país. Un estudio sobre consumo revela los cambios en los hábitos, pero también el resurgir de dos ámbitos sociales muy separados

Foto: (Enrique Villarino)
(Enrique Villarino)

Los efectos de la crisis se están notando en España, y no solo en la menor disponibilidad de recursos para determinadas capas de la población. Las mutaciones económicas se han sustanciado en cambios de mentalidad que, a su vez, están impulsando transformaciones sociales cuya consecuencia final es que la sociedad española se está dividiendo en dos. La desaparición de la clase media, de ese conjunto de personas que estabilizaba la sociedad, se está dejando notar de una manera muy sensible, tanto en la política como en la economía y el consumo.

La España poscrisis no es como la de 2007, sino que es dual. Unos han capeado el temporal y otros no. El optimismo económico no se reparte por igual

Mikroscopia 2016, una investigación basada en una macroencuesta de 8.500 entrevistas 'online' que analiza de manera exhaustiva microtendencias y hábitos de vida, consumo y compra, señala que no se puede entender nuestro país sin haber comprendido esta ruptura. Como señala Belén Barreiro, directora de Myword, la empresa que ha llevado a cabo el estudio, “España ha quedado dividida entre un 52% de personas que estima que han caído de clase social, lo cual es un indicador subjetivo pero relevante” y otro sector de la población que es optimista, que está satisfecho con las condiciones del país, que cree que nos estamos recuperando y que enfoca el futuro con más confianza”. La España poscrisis no es como la de 2007, sino que “es dual y está dividida. Unos han logrado capear el temporal y otros no. El optimismo económico no se reparte por igual”.

El 'consumidor ahogado'

En los hábitos de compra, esta tendencia ha dado lugar a lo que el estudio denomina 'el consumidor ahogado', aquel que busca economizar en todos los productos y servicios, que compara precios de marcas para comprar la más barata, que aunque adquiere ropa busca la más económica, y que también mira mucho el euro a la hora de contratar servicios. Un 35% de estos ‘consumidores ahogados’ apenas pone la calefacción por no poder hacer frente al gasto.

Los valores de este estrato social también han cambiado: la austeridad, la empatía y el espíritu crítico lo definen. Un 64% afirma haberse vuelto más austero tras la crisis, 31 puntos porcentuales más que el resto de la muestra, y un 45% se pone más en la piel de otras personas, lo que supone 13 puntos más.

Hay una parte de España moderna, tecnológica, globalizada, que tiene buenas relaciones con las marcas y que demanda innovación y digitalización

Es, además, especialmente crítico con las grandes marcas: un 32% de ellos declara haber sentido rechazo hacia grandes empresas y multinacionales, al tiempo que les parece imprescindible que las compañías inviertan parte de sus beneficios en ayuda social y sean transparentes y honestas.

Las dos direcciones

En los fases anteriores a la investigación, se realizaron varios estudios cualitativos para perfilar el cuestionario, en los que se dibujaron de forma nítida las contradicciones que acontecen en una sociedad de dos direcciones. “Hay una parte de España que es moderna, tecnológica, globalizada, que tiene buenas relaciones con las marcas, que demanda innovación y digitalización, y otra, azotada por la crisis, que ha tenido que adoptar medidas radicales para aguantar, que sale dañada emocionalmente, que es más pesimista y muy desconfiada con las instituciones. Y también es menos tecnológica, porque hay una clara relación entre la tecnología y la posición social”.

España es la separación de las instituciones, el descontento y la mayor exigencia de una clase social, y la creencia en que todo va a ir mejor de otros

La España del consumidor ahogado, asegura Barreiro, tiene miedo a un futuro que percibe sin ninguna confianza: “La mayoría de ellos temen perder el trabajo, o que lo pierda su pareja, o que a sus hijos no les vaya bien”. Algo similar, pero más intenso, se da entre los jóvenes, “que están seguros de que vivirán peor que sus padres, y que están muy marcados emocional y materialmente por la crisis”.

Estrategias contradictorias

Todos estos cambios están teniendo efectos muy claros en la política, afirma Barreiro, ya que “lo que pasó el 20-D es consecuencia de una sociedad que al mismo tiempo que se digitaliza se parte en dos, y en el mercado, puesto que las empresas se encuentran con una España dual. Las marcas deben utilizar estrategias contradictorias, porque deben acelerar la digitalización, como algunos sectores demandan, y al mismo tiempo deben frenarla, porque otros no la aceptan, y deben dirigirse a consumidores innovadores a la par que a otros que prefieren las prácticas de hace 30 años y que miran mucho el bolsillo”.

En definitiva, lo que el estudio revela va mucho más allá del cambio en los hábitos de consumo. Tiene que ver con la brecha entre el optimismo de ciertas capas sociales y la desconfianza en el futuro de las restantes; con la separación de las instituciones, con el descontento y la mayor exigencia de unos, y la creencia en que todo va a ir mejor de otros; con la visión de una sociedad globalizada en desarrollo continuo en la que confían quienes cuentan con más recursos y el repliegue sobre lo palpable, lo enraizado y lo cotidiano de quienes tienen menos. Estas son también las características que están configurando las nuevas posiciones políticas en Occidente: las transformaciones materiales están cambiando la mentalidad social de una manera sustancial.

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