COMPARTE LA DIVERSIÓN NO LOS GÉRMENES

No es el cloro de las piscinas lo que irrita tus ojos, es algo mucho peor

No hay que ser un prodigio para saber que las piscinas públicas atesoran algo más que agua, pero es mejor no pensarlo, pues de lo contrario nunca nos bañaríamos

Foto: Una piscina como esta, del Canal de Isabel II, puede albergar millones de gérmenes. (Efe)
Una piscina como esta, del Canal de Isabel II, puede albergar millones de gérmenes. (Efe)

No falla. Basta nadar un rato en una piscina pública para notar escozor e irritación en los ojos. Toda la vida hemos pensado que el efecto se debe al cloro, la sustancia que echamos en el agua para mantener a raya a las bacterias, pero como explica una reciente campaña de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EEUU, el cloro por si sólo no tendría este efecto.

La realidad, como explica Michel Hlavsa, jefe del programa de salud en las piscinas de los CDC, es mucho menos agradable: “Cuando nadamos y nos quejamos de que tenemos los ojos rojos es porque algún bañista se ha meado en la piscina. El nitrógeno de la orina se mezcla con el cloro y forma lo que se conoce como cloramina, que es lo que realmente causa la irritación. No es el cloro, es el cloro mezclado con orina, caca, sudor y muchas otras cosas que metemos con nosotros en el agua”.

El olor característico a “cloro de piscina” es, de hecho, producto de la mezcla del cloro con la orina, pues según Hlavsa una piscina saludable no huele de esa forma.

En verano es muy habitual que surjan brotes infecciosos en las piscinas públicas, de manos de bacterias como la Cryptosporidium o la E. coli

Por desgracia, aquí no acaban las malas noticias. El escozor de ojos es desagradable, pero es lo mejor que nos puede pasar en una piscina llena de orín. La función del cloro en la piscina es mantener el agua libre de gérmenes, pero si hay otras sustancias como pis, heces o sudor también se ocupa de ellas. El problema es que no hay suficiente cloro para tanta suciedad, así que si el agua está sucia las bacterias se abren camino con más facilidad.

“No queremos asustar a la gente y que deje de ir a la piscina”, explica Hlavsa. “Sólo les pedimos que lo hagan de una manera segura y saludable. Cuando montamos en bici llevamos casco y cuando vamos en coche nos ponemos el cinturón de seguridad. Lo único que decimos es que hay una manera saludable de nadar”.

En opinión de los CDC estos son las cuatro reglas higiénicas que todo el mundo debería respetar en la piscina:

1. Dúchate antes de bañarte

Todo el mundo sabe que debe hacerlo, pero no todo el mundo lo hace. Basta tomar una ducha de un minuto para evitar que la suciedad y los gérmenes que acumula nuestro cuerpo acaben en la piscina. Tampoco olvides ducharte después del baño, para eliminar los gérmenes que puedes haber pillado de otras personas.

2. Si tienes diarrea u otros problemas intestinales no te bañes

En verano es muy habitual que surjan brotes infecciosos en las piscinas públicas, de manos de bacterias como la Cryptosporidium o la E. coli o los norovirus. Estos patógenos se expanden cuando alguien que está enfermo entra en el agua, y es muy fácil contagiarse.

3. No mees ni defeques en el agua

Parece una obviedad, pero la mayoría de niños se mean en la piscina y muchas personas que no se duchan comparten su materia fecal con el resto de los bañistas. Hay niños que llevan pañales para bañarse pero aunque sostengan las heces del niño no son a prueba de fugas. La leyenda urbana que dice que las piscinas cuentan con una sustancia química que “colorea” la orina es tan falsa como útil, así que no está de más que los niños se la crean.

4. No te tragues el agua

Las aguadillas son muy divertidas, pero te pueden condenar a estar una semana sin salir del váter. Y ni siquiera tienes que tragar agua, basta con que pase por tu boca.  

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