¿QUIÉN DEBE MEDICARSE?

Desmontando la hipertensión: los médicos no saben cómo frenar la “epidemia silenciosa”

En 2017 se presentarán los resultados del mayor estudio hecho nunca sobre la presión arterial, en el que participan 9.000 pacientes. ¿Su objetivo? Saber qué presión arterial es saludable. Lo ignoramos

Foto: La medicación es necesaria para tratar la hipertensión, pero no es suficiente, ni vale para todo el mundo. (iStock)
La medicación es necesaria para tratar la hipertensión, pero no es suficiente, ni vale para todo el mundo. (iStock)

En España sufren hipertensión unas 15 millones de personas. Y se medican a diario para evitar los problemas que sabemos asociados a esta: infartos de miocardio, ictus y, en general, una mayor mortalidad. Pero lo que no saben estos pacientes es que, en realidad, la razón por la que son considerados hipertensos parte de un número arbitrario, que nadie sabe a ciencia cierta que sea correcto. 

Como asegura Gina Kolata en un revelador reportaje en The New York Times, los científicos siguen sin saber con certeza que presión sanguínea debe considerarse patológica y cuál es la mejor manera de tratar esta. “Todos sabemos que combatir la hipertensión es bueno, pero no sabemos cuán agresivos debemos ser”, asegura el doctor Michael Laure, director de la División de Ciencias Cardiovasculares en el National Heart, Lung and Blood Institute.

Este instituto está realizando el más importante estudio realizado hasta la fecha sobre la presión arterial, el ensayo Sprint, en el que se está analizando la evolución de 9.000 pacientes con hipertensión. La mitad de los participantes deberá mantener su presión sistólica –la que se toma cuando el corazón se contrae– por debajo de 120, y la otra mitad mantendrá la tensión al borde de lo considerado hasta ahora como saludable, por debajo de 140. El estudio no sólo medirá la incidencia de las enfermedades cardiovasculares, sino también los efectos de la presión sanguínea en el cerebro.

La historia del tratamiento de la hipertensión es la de un tira y afloja entre médicos, investigadores e industria farmacéutica

Se espera que los resultados de la investigación se publiquen en 2017. Entretanto, los médicos están mucho más perdidos de lo que podría parecer. ¿Deben procurar que la presión de sus pacientes esté por debajo de 120 aunque tengan que medicarse de forma crónica? ¿O es mejor no recetarles nada y dejar que la presión suba hasta 140 o 150?

También hay muchas dudas sobre cuál es la tensión saludable entre los ancianos. Por norma general la presión arterial aumenta con la edad. Hay quien piensa que es bueno, pues las personas mayores necesitan que les llegue más sangre al cerebro, y otros creen que es peligroso, pues la hipertensión podría dañar el órgano provocando mini-infartos. Lo habitual en la actualidad es dejar que los ancianos tengan la tensión alta, aunque nunca por encima de 150. Pero la realidad, como explica el doctor Alfred Cheung, profesor de medicina en la Universidad de Utah, es que se trata de otra cifra que “no está basada en datos objetivos”. Creemos que es lo correcto pero ¿y si no lo fuera?

Breve historia de la hipertensión

La historia del tratamiento de la hipertensión es, como en muchas otras enfermedades, la de un tira y afloja entre médicos, investigadores e industria farmacéutica por encontrar la forma más eficaz de atajar el problema. Como ha ocurrido con el colesterol –otra enfermedad crónica íntimamente relacionada con la hipertensión–, según ha avanzado la investigación hemos descubierto que el problema era mucho más complejo de lo que parecía, y en él influyen muchos factores, como la dieta, el ejercicio o la herencia genética, que no siempre hemos tenido en cuenta.

Cuando aparecieron los primeros medicamentos para tratar la hipertensión los médicos no sabían bien a quién debían recetárselos. En aquellos tiempos se daba por hecho que los vasos sanguíneos se tensaban con la edad y la presión sanguínea debía aumentar para que la sangre circulara correctamente. Se pensaba que la presión sistólica adecuada resultaba de sumar 100 más la edad del paciente. Se consideraba por tanto que una persona de 70 años podía tener perfectamente una tensión de 170, algo que hoy es considerado muy peligroso.

Quizás sería mejor rebajar el umbral al que se considera que una persona es hipertensa, pero entonces tendrían que medicarse mucha más gente

En 1967 se publicó un importante estudio sobre el impacto de la medicación en pacientes potencialmente hipertensos que dejaba claro que aquellas personas que estaban tomando las pastillas tenían menos infartos e ictus. Desde entonces, estas medicinas se recetan a todas las personas que tienen una presión sistólica de más de 140 o 150, en función de la edad y las recomendaciones de cada país. Pero ¿por qué estas cifras?

Una investigación de 1991 concluyó que manteniendo la presión por debajo de 150 se reducía el impacto de las enfermedades cardiovasculares. Apenas existen ensayos clínicos que hayan investigado qué ocurre si se reduce aún más el umbral, pero sí hay investigaciones epidemiológicas que indican que las personas con una presión por debajo de 120 tienen una menor mortalidad cardiovascular.

Las autoridades sanitarias tienen en manos un importante dilema. Quizás sería mejor rebajar el umbral al que se considera que una persona es hipertensa, pero para lograr esto tendrían que medicarse muchas más personas y, como todo el mundo sabe, los fármacos siempre tienen más efectos de los esperados. Además, no esta claro que bajar la presión gracias a los fármacos tenga el mismo resultado que mantener una presión saludable sin ayuda de estos.

La medición de la presión arterial siempre está presente en los chequeos médicos. (iStock)
La medición de la presión arterial siempre está presente en los chequeos médicos. (iStock)

Los fármacos no son suficiente

El tratamiento de la hipertensión esconde uno de los grandes problemas de la medicina moderna. En nuestro afán por crear todo tipo de protocolos y procedimientos estándar hemos olvidado una de las bases de todo tratamiento, y es que no solemos morir ni enfermar por una sola causa. Damos por hecho que una cifra nos va a decir si alguien tiene hipertensión, pero lo cierto es que dependiendo de otros factores como la historia familiar o los niveles de colesterol, un número similar es peligroso para una persona y no para otra. Y pese a esto, el tratamiento es exactamente el mismo.

Hoy parece claro que perder peso y hacer ejercicio tiene una influencia importantísima sobre la presión arterial, y no sólo como medida preventiva: también como complemento a la medicación en los casos de mayor riesgo, en los que los fármacos por sí solos no funcionan.

En opinión del doctor Michael Gaziano, profesor de medicina de Harvard, “podemos seguir atiborrando a la gente de medicamentos, pero perderemos la batalla si no hacen ejercicio y controlan su peso”.

Los cardiólogos esperan con atención los resultados del estudio Sprint, que podría cambiar notablemente la forma en que se aborda el tratamiento de la hipertensión. Hay tres posibilidades:

1. Que resulte beneficioso mantener la presión por debajo de 120, por lo que mucha más gente pasaría a ser considerada hipertensa, lo que abriría un nuevo debate sobre la conveniencia de medicar a todo el mundo o apostar por otras políticas que primen la dieta y el ejercicio.

2. Que no haya apenas diferencias por tener la presión por debajo de 120 o 140, por lo que, básicamente, la situación no cambiaría.

3. Que tener una presión por debajo de 120 no sólo no sea beneficioso, sino malo. Pocos médicos esperan este resultado pero, como asegura Gaziano, “nunca sabes qué te vas a encontrar en un estudio hasta que abres el sobre con los resultados”.

Por si acaso, y mientras los médicos se deciden, podemos evitar que nuestra presión arterial suba demasiado (sea lo que sea “demasiado”) siguiendo una serie de consejos, como los que propone la Fundación del Corazón:

Deja de fumar. El tabaco aumenta la presión arterial y la frecuencia cardiaca. Además, las personas hipertensas fumadoras multiplican el efecto perjudicial del tabaco. Dejar de fumar tiene unos efectos positivos superiores a cualquier medicación para la hipertensión.

No bebas demasiado. El consumo moderado de alcohol es beneficioso, pero si bebemos demasiado haremos que aumente nuestra presión arterial, por no hablar del resto de problemas que podemos sufrir, por ejemplo, en nuestro hígado.

Controla tu peso. El sobrepeso es una causa de hipertensión. Rebajarlo reduce la presión arterial y disminuye el riesgo de padecer otros problemas cardiovasculares y diabetes.

Haz ejercicio. La realización de ejercicio físico regular consigue bajar las cifras de presión arterial. Además, aumenta la masa muscular y la capacidad de esfuerzo, ayuda a controlar el peso y logra disminuir el riesgo cardiovascular.

Practica una dieta cardiosaludable. Los hipertensos deben disminuir el consumo de sal y alimentos que la contengan. También es necesario consumir frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pan y otros cereales. Por último, usar aceite de oliva como grasa principal e incrementar la ingesta de aves y pescado en detrimento de las carnes rojas.

Alma, Corazón, Vida

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