LOS MECANISMOS DEL PODER

"Hay que repudiar el amor y adorar el placer; la bondad es debilidad"

En el fragmento que reproducimos de "Psicopatología del poder" de Jorge Tizón, el autor explica la moral expuesta por el Marqués de Sade y su inversión de los preceptos kantianos

Foto: Geoffrey Rush interpretó al Marqués de Sade en 'Quills'.
Geoffrey Rush interpretó al Marqués de Sade en 'Quills'.

En Psicopatología del poder (Herder) el psiquiatra y psicoanalista Jorge Tizón reflexiona sobre la forma en que la sociedad actual abraza las perversiones y la corrupción desde un punto de vista psicológico. En el fragmento que reproducimos a continuación, el autor explica la moral expuesta por el Marqués de Sade y su inversión de los preceptos kantianos.

Su potencia máxima se da en el caso del corrompedor, del corruptor, no del corrupto. Un contexto social en el cual la negación maníaca y la corrupción estén instaladas sistemáticamente, como es el nuestro, promueve con potencia el desarrollo de las tendencias perversas en los miembros vulnerables de estos grupos sociales. En especial, en los vulnerables por su narcisismo, sus necesidades afectivas, su fragilidad emocional, sus contactos o por otras facilidades para ser corrompidos. Ahora, incluso a nivel social, ya no hay tanta necesidad de espiar a las víctimas, vigilarlas, sorprenderlas en las esquinas: miles y miles de víctimas potenciales, de seres secundarios, prescindibles, se desnudan y hacen transparentes voluntariamente en las redes sociales informatizadas, en el panóptico digital del Big Data, multiplicando exponencialmente el poder y la discrecionalidad de los corruptores. Y encima, otra vez más, la perversión social estructural lleva a que se persiga, culpe, condene y encarcele o linche al corrupto, o al perverso corrupto, pero ni se mencione ni se actúe casi nunca contra el perverso corrompedor. Entre otras cosas porque este último suele ocupar posiciones de poder social y económico mucho más altas, a menudo posiciones clave en su grupo social, institución, comunidad, grupo de empresas, contexto económico…

De ahí la gran importancia de atender y estudiar la pedagogía de la corrupción. Y, en ese sentido, Sade llegó a escribir páginas que siguen siendo necesarias para entender la venalidad del mal, la capacidad de corromper de la perversión y las vías y las formas para desarrollar y aplicar esa “pedagogía de la perversión”. Aunque se trate de vías hoy muchas veces ampliamente superadas por la pedagogía… de la publicidad.

Sade nos descubre que la crueldad tiene que ser enseñada, lo que significa que la tendencia a la gratitud impregna la sustancia de la vida humana

Porque, a diferencia de la seducción y la morbosidad que puede sugerirnos La Venus de las pieles, de Sacher-Masoch, lo que plantea Sade es una auténtica filosofía moral. Una moral en la que triunfa el placer extremo y, precisamente por ello, el mal, la perversión, el dolor y la tortura. Con extrema y mefistofélica perspicacia entiende que su moral debe ser “formada” y que el primer y fundamental principio consiste en aprender a no sentir compasión, a no sentir gratitud. Romper el principio, básico en la especie, de la solidaridad, el amor, la colaboración, la gratitud… Lo fundamental es el placer personal, unívoco, narcisista, al cual tienen que subyugarse todos los otros elementos de la vida, incluidas todas las personas con las que nos relacionamos. A la pedagogía de ese des-aprendizaje moral dedica su Filosofía en el tocador, publicada de nuevo en 2008: Juliette solicita ser instruida, al igual que Eugenia, Sade nos descubre que la crueldad tiene que ser enseñada, lo que significa que la tendencia a la gratitud, la compasión y la reparación impregna la sustancia de la vida humana y las relaciones humanas, y que se necesita un gran esfuerzo sado-pedagógico para extirparlas.

Por eso Sade propone una especie de imperativo categórico invertido (inverso al kantiano): lo que para la mayoría es obrar bien, cumplir la voluntad de actuar por deber, y no solo conforme al deber, para Sade es el resultado de la debilidad, de no ser capaces de seguir los dictados de una ley más natural, que no es otra que deleitarnos “no importa a costa de quién”. Por eso la moral de Sade, como la perversión, culmina en la crueldad y el crimen. La naturaleza destruye sin compasión alguna, pero ya no ocurre así en el hombre actual, en el ser humano culturizado. Por eso, para desactivar la gratitud y la compasión es imprescindible iniciar un proceso de des-educación, un auténtico proceso pedagógico en el cual la noción de crimen ha desaparecido si una conducta puede producir placer, como en publicidad y propaganda tienen a desaparecer las nociones de manipulación, intrusión y perversión si pueden producir beneficios para el que paga.

“No dividamos esa porción de sensibilidad que hemos recibido de la naturaleza: es aniquilarla, más que ampliarla. ¿Qué me importan a mí los demás? ¡Que el fuego de esa sensibilidad no alumbre otra cosa que nuestros placeres! Seamos sensibles a cuanto los halaga, absolutamente insensibles con todo lo demás. De ese estado anímico resulta una especie de crueldad no exenta a veces de delicia. No siempre se puede hacer el mal. Privados del placer que da, compensemos al menos esa sensación mediante la pequeña maldad excitante de no hacer nunca el bien.” (Sade, La filosofía del tocador, 2008)

La bondad no es nunca otra cosa que una debilidad, y la ingratitud y la impertinencia de los débiles fuerzan siempre a las gentes honradas a arrepentirse de ella

Hay que ser insensibles al dolor de los demás. No cabe un otro en Sade, solo cuerpos para ser gozados, torturados, poseídos… Solo orificios.

Para ello la ideología interna, las racionalizaciones, las disociaciones y las negaciones, la perversión del pensamiento son básicas. Sade nos advierte:

“Huid con cuidado del amor. Hay que repudiar el amor y adorar el placer. La bondad no es nunca otra cosa que una debilidad, y la ingratitud y la impertinencia de los débiles fuerzan siempre a las gentes honradas a arrepentirse de ella. ¿Qué es la piedad? Un sentimiento puramente egoísta que nos lleva a lamentar en los otros el mal que tenemos para nosotros”. (Sade, La filosofía del tocador)

Habrá que ir contra la gratitud, la bondad, la piedad, la psicosexualidad (Eros) y el agapé si queremos seguir el camino, ya trazado de antemano por todos los perversos que en este mundo han sido, de la nueva moral, de la perversidad (es decir, la perversión egosintónica). Y para ello habrá que aplicar, introducir en la carne y en la mente dos técnicas básicas: desaprendizaje de la compasión y extrema transparencia, dos lecciones que vislumbramos ya como componentes fundamentales de la matriz de la organización perversa o de sus actuaciones.

Alma, Corazón, Vida

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