LA CHUMOCRACIA, SEGÚN STEVE HILTON

"No volveré a pisar el 10 de Downing Street": el gurú de Cameron habla de las élites reales

En su último y polémico libro, el que fuera asesor de David Cameron denuncia cómo el poder está en manos de una pequeña casta que interactúa a diario y tan sólo vela por sus propios intereses

Foto: Steve Hilton ha pasado por Saatchi & Saatchi, el gobierno conservador y Silicon Valley.
Steve Hilton ha pasado por Saatchi & Saatchi, el gobierno conservador y Silicon Valley.

No intente buscarla en un diccionario de castellano, porque probablemente no la encontrará. Tampoco en la enciclopedia. Sí es posible que si echa un vistazo a la prensa inglesa o a algún diccionario de slang, se encuentre con el término chumocracy (“chumocracia”), que según el MacMillan, es “un término despectivo para la élite dirigente, formada por gente que proviene del mismo entorno social, que fue a los mismos colegios y universidades y que se conoce mutuamente”. Este es también uno de los temas que Steve Hilton, antiguo asesor de David Cameron, afronta en su último libro, More Human (WH Allen), que promete levantar ampollas.

Ha sido una entrevista en el Sunday Times la que ha disparado la polémica por el análisis que el hombre que asesoró al partido conservador durante años ha realizado sobre el funcionamiento de la política y los negocios globales. “Cuando los jefes de las empresas, los miembros del parlamento, los políticos y los autores de libros como el mío van a las mismas cenas y eventos sociales, todos viven al lado del otro y mandan a sus hijos a los mismos colegios, acaba por desarrollarse una clase dirigente aislada”, denuncia. “Van de aquí para allá entre Westminster, Whitehall y la City: da igual quién gane las elecciones, porque las mismas personas tienen el poder”.

Hilton, descendiente de húngaros emigrantes, fue el director de estrategia de Cameron tras pasar por Saatchi & Saatchi. Maurice Saatchi llegó a decir que no había nadie que le recordase tanto a él mismo cuando era joven que Hilton. En su trabajo con los conversadores ha intentado que estos adopten políticas más progresistas y verdes antes de abandonar la política para viajar a California, donde imparte clases en la Universidad de Stanford y vive junto a su mujer, Rachel Whetsone, que acaba de abandonar su puesto en la comunicación de Google por la de Uber.

Ellos se lo guisan, ellos se lo comen

Hilton considera que la democracia se ha devaluado durante las últimas décadas hasta degenerar en un sistema anticuado. “Parece que la legitimidad política ya no emana de los votos, sino del dinero”, se lamenta. “Cuando más tengas, más probable es que el gobierno preste atención a tus preocupaciones”. Al igual que ocurría en el Antiguo Régimen, cuando el poder o se compraba o se heredaba y no había división de poderes, las élites poseen el Estado. En la sociedad actual, empresas, políticos y medios de comunicación intercambian favores para perpetuarse en el poder.

El autor utiliza el curioso término de “donocracia” –de “donación” y “democracia”– para referirse a lo que ocurre en países como Estados Unidos, la supuesta patria de la democracia en la que se atienden ante todo los intereses de los lobistas que proporcionan más dinero a los políticos. Pero Hilton señala que la Unión Europea no es mejor: “Pasa algún tiempo en Bruselas y encontrarás en el Parlamento y la Comisión Europeas una fosa séptica gigantesca y apestosa de corrupción corporativa disfrazada con los atuendos del internacionalismo idealista”.

Los negocios están dominados por una élite global que piensa que la solución para los problemas que causan es volar a Davos a pontificar

No se trata de una conspiración de los más poderosos, matiza al señalar que la mayor parte de políticos que ha conocido tienen buenas intenciones. El problema son las reglas que regulan el juego, y que dejan fuera de la ecuación a los votantes que no son capaces de trasladar sus peticiones a sus representantes parlamentarios. “Los colegios a los que enviamos a nuestros hijos, los hospitales que nos cuidan cuando estamos enfermos, la comida que comemos… permitimos que todas esas cosas tan íntimas, que nos importan tanto, sean proporcionadas por máquinas industriales distantes y anónimas”, señala en un fragmento del libro.

Reescribiendo la política y los negocios

A pesar de que su discurso puede tener muchas cosas en común los de izquierda, no hay que confundir a Hilton con los movimientos anticapitalistas que él mismo rechaza. Es un firme defensor del capitalismo y la economía de mercado, sólo que con un lavado de cara. “Los negocios, un vehículo maravilloso para la ingenuidad y la interacción humanas, han terminado siendo dominados por una élite global indiferente e incomprensible que piensa que la solución para los problemas sociales y medioambientales que ellos causan es volar a Davos y pontificar en ‘paneles’ y en ‘plenarios’”, lamenta en otra parte del libro. Más bien, como le califica su amiga Camilla Cavendish en las páginas del rotativo inglés, se trata de un “conservador compasivo” que pone a prueba los intereses de los monopolios y se sitúa en el lado del consumidor, no en el del productor.

Vivimos en la era de la nueva burocracia, aquello en lo que ha degenerado la expansión de la democracia que comenzó con el crecimiento militar e industrial, y que rápidamente se ha extendido a otras facetas de la experiencia humana. “La modernización de la burocracia trajo un gran número de beneficios, de la escuela universal a un servicio civil profesional, del sistema sanitario a la ley”. Sin embargo, la conexión que la mayor parte de empresas tenían con las comunidades para las que trabajaban fue perdiéndose a medida que la globalización tomaba forma en lo que denomina las “burocracias del sector privado” que ya no tienen como objetivo crear buenos productos y servicios para el ciudadano, sino manipular las leyes para que les favorezcan, reducir los impuestos y protegerse de la competencia no a través de su labor sino contratando a los mejores lobistas y abogados con influencia.

La solución para superar este bache democrático se encuentra en una mayor implicación de la ciudadanía: “Necesitamos hacer que la democracia funcione como debería, como un vehículo para el poder de la gente real, no para el de la plutocracia de hoy en día”, señala en el texto del Sunday Times. Para conseguir que se oigan otras voces que no sean las que emergen de Bruselas o Washington, “necesitamos más acciones directas, políticas visibles e interactivas, más humanas”. ¿En resumen? “Opta al parlamento. Y si te da miedo, a tu ayuntamiento”. Una apuesta por la participación del ciudadano por parte del hombre que, desde Silicon Valley piensa cambiar la política mundial sin volver a pisar el número 10 de Downing Street.

Alma, Corazón, Vida

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