cuando la paciencia llega a su límite

Una mujer, dos semanas a prisión por gemir de placer durante el sexo

Gemma Wale ha sido condenada a dos semanas de prisión por causar molestias, debido al molesto ruido que generaba al practicar relaciones sexuales

Foto: Los gemidos de nuestros vecinos pueden arruinarnos la noche. (iStock)
Los gemidos de nuestros vecinos pueden arruinarnos la noche. (iStock)

¿Es posible acabar en prisión por practicar relaciones sexuales consentidas en tu propio hogar? Quizá pueda parecer mentira, pero no lo es. Y no, no es algo que haya ocurrido hace unos años y en un país en el que exista un estigma hacia la práctica sexual. Esta curiosa sentencia se ha fallado en Europa, concretamente en Reino Unido, aunque tiene trampa. El problema no es por la práctica sexual en sí, sino por la pasión y ruido generado en dichos actos.

Gemma Wale, afincada en la ciudad inglesa de Birmingham, ha sido la 'premiada' con esta curiosa pena, pues ha sido condenada a dos semanas de prisión por causar molestias, debido al ruido que generaba al practicar relaciones sexuales de madrugada, tras la denuncia de un vecino sensiblemente molesto con sus apasionadas demostraciones de placer.

Una vecina muy ruidosa

Es cierto que en esta condena ha tenido mucho que ver el comportamiento de Wale, muy alejado del que se le supone a un vecino modélico y ejemplar. Según la juez encargada del caso, tal y como recoge The Guardian, la apasionada protagonista de esta historia ya había pasado por este tipo de problemas previamente. En enero estuvo en los juzgados por causar molestias a sus vecinos y con anterioridad se habían notificado quejas de las casas colindantes por sus acaloradas discusiones con su pareja, por correr dentro de la vivienda o por los golpes que se escuchaban en el inmueble.

Como suele ocurrir en este tipo de casos, la paciencia llega un momento en el que alcanza su límite y en el entorno vecinal de Wal se acabó el 29 de enero, momento en el que un vecino decidió llamar a las autoridades porque, según su versión, le habían despertado sus gemmolesidos a las cinco de la mañana, los cuales se prolongaron durante unos diez minutos. Estas declaraciones parecen haber convencido a la juez, porque en su veredicto ha decretado dos semanas de prisión para la apasionada, y ruidosa, Wale.

No es el único caso

No pocos son los casos de vecinos más ruidosos de lo habitual en el ámbito sexual. De hecho, probablemente, todos en algún momento hayamos escuchado ruidos más que sospechosos en las viviendas contiguas. Este tipo de sucesos suelen quedarse en algo anecdótico mas o menos gracioso o molesto, dependiendo del momento. Lo que no es habitual que pase a mayores. Pero esto no significa que nunca ocurra.

A todo el mundo le gusta disfrutar del sexo, pero del propio, no del que practica el vecino de al lado

En ocasiones estas situaciones pueden volverse especialmente incómodas o repetirse de forma habitual. Esto es lo que ocurrió en 2010, también en Reino Unido, cuando Caroline Cartwright, una vecina de Portsmouth, fue multada por ser excesivamente ruidosa durante sus actos sexuales. En este caso, las autoridades pertinentes llegaron a colocar una grabadora para medir los gemidos de los que llevaban dos años quejándose los vecinos, tal y como informa The Daily Telegraph.

Algo similar es lo que ocurrió en Australia donde en 2012 fue detenida una pareja por estos motivos: la práctica de sexo de manera excesivamente ruidosa. Eso sí, en este caso, la policía acudió a la vivienda de los Mckenzie por confundir los gemidos con gritos y ruidos fruto de una discusión doméstica. A pesar del malentenido inicial, la apasionada pareja siguió con su sonora rutina, lo que les pudo enfrentar a una multa de 4.000 dólares australianos, que equivalen a unos 2.800 euros.

El propio Mckenzie se mostró enfadado, tal y como explican en News.com.au, pues considera ridículo que se le multe por practicar sexo en su propia casa. Quizá lo que debería pararse a pensar Mckenzie es que, en efecto, probablemente a todo el mundo le gusta disfrutar del sexo, pero del propio, no del que practica el vecino de al lado.

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