CADA VEZ SON MÁS JÓVENES

“Por qué voy de putas”: estas son las motivaciones y los perfiles de los clientes

En público muy pocas personas reconocen ser clientes de la prostitución, pero basta salir de una gran ciudad por cualquier carretera para toparse con un burdel

Foto: Mary y Jill posan en un burdel de Hamburgo. (REUTERS/Christian Charisius)
Mary y Jill posan en un burdel de Hamburgo. (REUTERS/Christian Charisius)

En público muy pocas personas reconocen ser clientes de la prostitución, pero basta salir de una gran ciudad por cualquier carretera nacional para toparse con un burdel y ver aparcados los coches de toda esa gente que luego asegura nunca haber ido de putas. 

[El estudio que desmiente lo que pensábamos sobre la prostitución]

Como bien saben los investigadores, las encuestas sobre este tipo de temas tan delicados no son demasiado fiables (la gente miente mucho), pero aún así las cifran que arrojan son bastante elevadas. En el último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas sobre Actitudes y prácticas sexuales, de 2008, el 24,6% de los hombres reconocieron haber tenido “alguna vez en su vida” relaciones sexuales con una persona a la que habían pagado por ello (sólo el 1,1% de las mujeres contestaron afirmativamente).

Aunque no es habitual encontrar a consumidores que den la cara para defender la prostitución, cada vez que se reabre el debate sobre la necesidad de abolir o legalizar esta –las dos posturas más extendidas frente al habitual “hago como que no pasa nada” que rige en países como el nuestro–, hay quien clama por su derecho a seguir yendo de putas. Y es lo que ha ocurido en la última región que ha legislado al respecto, Irlanda del Norte, que acaba de aprobar una normativa similar a la sueca para perseguir y multar a los clientes. 

Intenté ligar a través de varios populares sitios de citas, pero no tuve éxito. Así que para satisfacer mis necesidades físicas, me pase a las prostitutas

Tony Calvin no es norirlandés, sino estadounidense, pero ha decidido dar la cara por los clientes de prostitución que, asegura, sufren una criminalización injusta. Su nombre no es real, sino un pseudónimo que ha utilizado un ingeniero de Silicon Valley para dirigirse a los lectores de la revista Salon, en la que ha compartido su postura sobre la prostitución.

“Soy un hombre que regularmente visita prostitutas”, reconoce Calvin en la primera frase de su carta. “Somos bastantes, al menos uno de cada siete americanos visita a una prostituta en algún momento de su vida. Pero aún así, no es habitual oír hablar de nosotros. Al igual que la sociedad se avergüenza de las trabajadoras sexuales, el estigma hacia el cliente regular también es fuerte. Recientemente, algunos servicios online de fiar fueron cerrados en investigaciones por presunto tráfico de niños, así que decidí que era el momento de hablar y contar mi historia”.

El ingeniero explica que tuvo una novia hace 20 años y falleció. Desde entonces, puso todas sus energías en el trabajo. Fueron los años del bombazo de las punto com y, aunque por aquel entonces la zona estaba repleta de mujeres solteras, Calvin reconoce que en vez de buscar el amor, buscó el éxito. “Intenté ligar a través de varios populares sitios de citas, pero no tuve éxito”, asegura. “Así que para satisfacer mis necesidades físicas, me pase a las prostitutas”.

Calvin no ve la prostitución como una oferta de ocio más, sino como el último recurso para aliviar un vacío en su vida. Cuando encontraba una prostituta que le gustaba, dejaba de visitar al resto.

“Después de conocer a Maven Fae, no quise conocer a ninguna otra durante tres años”, asegura Calvin. “El tiempo que pasaba en su compañía era tan agradable que normalmente me gasta el dinero en estar con ella toda la noche; despertar al lado de esa bella mujer estaba entre las más profundas experiencias que había tenido en las dos últimas décadas”.

El ingeniero reconoce que Fae le ofrecía la experiencia de tener pareja, sentía con ella una intimidad emocional que no suele estar presente en los tratos con prostitutas. Cuando Fae se retiró del negocio, Calvin volvió a probar suerte con los sitios de citas online. Pero no hubo manera. “De las 100 solicitudes que envié recibí sólo siete contestaciones, y todas decían ‘gracias, pero no’”, explica el ingeniero. “Supongo que, en los últimos 20 años, he perdido u olvidado cualquier habilidad para ligar que hubiera podido tener. El principal tema de conversación de las posibles parejas es quejarse sobre sus ex. Y con ninguna ex que siga viva, ciertamente soy diferente. No creo que buscar una pareja normal sea posible para mí”.

Varias prostitutas, en una imagen de archivo. (reuters)
Varias prostitutas, en una imagen de archivo. (reuters)

Así son los puteros

En opinión de Esteban Cañamares, psicólogo clínico y sexólogo, casos como el de Calvin son muy habituales entre los clientes regulares de prostitución. “En general a los hombres se nos ha enseñado que necesitamos sexo pero no afecto”, explica Cañamares. Y es mentira. A veces esa prostituta habitual le da al cliente unas gotas de placebo afectivo gracias a lo cual se siente a gusto. No por el polvo, sino porque la prostituta sonríe como si fuera su amiga, y eso es profundamente adictivo”.

Según explica Cañamares, es importante entender que hay diversos perfiles del cliente de prostitución, con distintos problemas e inquietudes, que es necesario conocer si se quiere combatir eficazmente una actividad que causa tantos problemas. En su opinión, los puteros se pueden dividir en cuatro grandes clases.

1. El virgen

Aunque parezca una cosa del pasado, en determinados entornos es habitual perder la virginidad con una prostituta (muchas veces pagada por los amigos con motivo de un cumpleaños). “Son chavales que se inician en el mundo de la sexualidad, de una forma a su entender protegida”, explica Cañamares. “No tienen que exponerse a hacer el ridículo, ni vincularse afectivamente. Se inician en el sexo pagando por ello”.

2. El enfermo mental

Según Cañamares muchos de los clientes regulares de prostitución tienen un problema de salud mental: una psicopatología que les impide relacionarse con normalidad con otras mujeres. En opinión del psicólogo en esta categoría suelen encajar los clientes que se enganchan a la misma prostituta, como Calvin: “Esto les da seguridad, pues intentarlo con una persona nueva despierta demasiados miedos. Se sienten menos asustados”.

En opinión del psicólogo, este perfil es el que más ayuda necesita y para el que la prostitución está más justificada. “Los esquizofrénicos, por ejemplo, no son capaces de mantener una relación normal, necesitan la distancia que dan las prostitutas”, asegura Cañamares. “Solo pueden tener relaciones sexuales de forma distante”.

3. El machista

“Un tercer tipo de cliente es el que separa a las mujeres en dos grandes grupos: las santas, puras y vírgenes entre las que están su madre, su hermana y su mujer; y el resto”, explica Cañamares. Muchas de estas personas mantienen sexo con su esposa, pero con baja frecuencia y de forma muy casta (lo que se conoce como “sexo vainilla”). “Para hacer guarrerías tienen a las putas”, explica el psicólogo. “Tienen una doble vida: familia e hijos por la mañana, y por la noche el whisky, la coca y las putas”.

4. El eventual

Habría que distinguir también un cuarto tipo de cliente, que no es habitual, pero acaba contratando los servicios de una prostituta. “Un día por cabreo con la esposa, por soledad, de forma puntual busca un consuelo en la prostitución, que le deja tan insatisfecho y aislado como estaba antes”, explica el psicólogo.

Uno de los mayores prostíbulos de Europa se encuentra en el municipio geronés de La Jonquera. (Efe)
Uno de los mayores prostíbulos de Europa se encuentra en el municipio geronés de La Jonquera. (Efe)

El perfil del cliente está cambiando

Los perfiles definidos por Cañamares eran los más habituales en los burdeles hasta hace una década. Clientes como Calvin: hombres de mediana edad que, por la razón que sea –su matrimonio no funciona, son incapaces de ligar, en su pueblo no hay mujeres…–, creían que sólo pagando podían mantener relaciones sexuales.

Ahora los chicos jóvenes igual que un día van al 'paintball' otro día se van de fulanas

Pero este perfil está cambiando a marchas forzadas. Según los estudios de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (APRAMP), el cliente habitual era en 1998 un varón casado y con cargas familiares, mayor de 40 años. En 2005 abundaban los jóvenes de 20 a 40, con una media de edad de 30 años.

Y estos jóvenes no van al burdel a buscar el sexo que no encuentran en otros sitios. Van en busca de una variedad, y una profesionalidad, que no pueden ofrecerles sus ligues y novias. Lo hacen normalmente en grupo, dentro de despedidas de solteros, cumpleaños o, sin excusas, como guinda de una noche de fiesta.

“Ahora los chicos jóvenes igual que un día van al paintball otro día se van de fulanas. Es un juego más. Y eso es nuevo. Tiene que ver con la trivialización que hemos hecho de la sexualidad. Ha pasado de ser un tabú a ser un bien de consumo”, asegura Cañamares.

Mayor facilidad para encontrar pareja no implica menor tasas de prostitución

En teoría, como hoy es mucho más fácil contactar con otras mujeres e ir a la cama con ellas, gracias al mercado infinito que ofrece internet, debería bajar el número de clientes, pero no lo está haciendo. Y esto es así porque, como asegura Cañamares, las necesidades psicológicas de los puteros siguen siendo las mismas: “El enfermo mental busca un sexo absolutamente anodino e impersonal, no pueden tener relaciones normales, necesitan a alguien despreciable en el fondo”.

Si le aprietas las tuercas son conscientes de que hay un gran porcentaje de mujeres que están explotadas, pero no lo piensan para no entrar en dilemas morales

Quizás es por esto por lo que, aunque está cambiando el perfil de los clientes de prostitución, no ha cambiado su capacidad para obviar el gran drama que rodea a ésta. Por mucho que miremos a otro lado, hay que tener claro que la gran mayoría de las profesionales del sexo no ejercen su oficio de forma voluntaria. Según Pedro Brufao, autor del libro Las miserias del sexo (2011, Editorial Catarata/ Fundación Alternativas) sólo el 5% de las prostitutas de España, las de mayor nivel, ejercen su trabajo porque así lo desean.

“Si le aprietas las tuercas y le haces enfrentarse a la realidad son conscientes de que hay un gran porcentaje de mujeres que están explotadas”, explica Cañamares. “Pero no lo piensan para no entrar en dilemas morales. Procuran no mirarlo para no verlo”.

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