SOL BLANCO-SOLER Y EL GRUPO HEPTA

“Estoy muerto, ¿verdad? Me mataron por un problema de tierras. ¡Cabrones!”

Sol Blanco-Soler publica un nuevo libro en el que explica algunos de los últimos casos del Grupo Hepta de investigación de fenómenos paranormales

Foto: Los fantasmas se parecen más a nosotros de lo que pensamos. (iStock)
Los fantasmas se parecen más a nosotros de lo que pensamos. (iStock)

Después del éxito de ¿Hay alguien aquí? y Crónicas del Más Allá, Sol Blanco-Soler publica Casas encantadas, tesoros y niños perdidos (Cúpula Enigmas) en el que explica algunos de los últimos casos del Grupo Hepta de investigación de fenómenos paranormales. En el fragmento que reproducimos a continuación, los exploradores de lo desconocido se adentran en una casa encantada, en la que se encuentran algunos de esos fallecidos “que todavía se creen necesarios o se preocupan por los suyos, o que buscan ayuda para encontrar el camino después de la muerte física o se rebelan contra el hecho de su muerte”.

Nos llevan en dos coches, Carmen, su hermana y su cuñado. Conseguimos que nuestros anfitriones se centren en los fenómenos de la casa. Parece ser que ven sombras, oyen ruidos de pisadas y de arrastre de muebles, golpes en las puertas, y deambulando por el jardín han observado la figura etérea de una mujer con gran pamela paseando a un perro.

En el viaje nos fueron contando que el nombre italiano de la casa se lo puso su madre porque ya separada de su marido tuvo una relación con un italiano. Influenciada por el amor y la cultura de este país, bautizó la casa como Isla Bella.

Se llega a la propiedad por un paseo de árboles. Su construcción es la típica de los años cincuenta, con muros de piedra y de forma adecuada a los climas extremos tan propios de la zona. La casa fue construida en la posguerra, por un arquitecto que después de vivir algunos años se la vendió a una familia de mejicanos. Al morir el padre mejicano, los hijos la pusieron en venta y es entonces cuando la compró la familia actual. La madre de Carmen la reformó adecuándola a sus necesidades y aportando muebles de una finca que tenían.

Pisamos un camino de hojas hasta llegar al arranque de una escalera. En una cajonera de tierra situada en el inicio de estos peldaños que suben a la vivienda hay una imagen de piedra de un Santiaguito. Parece ser que el italiano tenía una hija con problemas mentales que se suicidó, y que enterraron parte de las cenizas precisamente al lado del Santiaguito. Antes de entrar en la casa nos encontramos con una terraza cubierta.

La casa es amplia y consta de tres plantas: garaje y trastero en la inferior, algunos dormitorios y salones y cocina en la primera y por último la suite de la madre en el último piso.

José Luis hace las mediciones de campo con el magnetómetro y con el medidor de frecuencias radioeléctricas. No existen anomalías, y sólo recomendamos eludir dos cruces Hartmann en dos dormitorios. Nos fijamos en un cofre grande y antiguo en el dormitorio principal. Parece ser que es italiano y es imposible no pensar en piratas, bucaneros, patas de palo y loros en el hombro.

Estoy muerto, ¿verdad? ¡Cabrones! Cuando me pegaron los tiros me llamaron rojo

La parte del sótano tiene algo extraño. Existe una despensa, una bajada al garaje y dos habitaciones como cubículos, sin ventilación y sin ninguna aplicación aparente. En una de ellas hay un ventanuco rectangular sin cristal. Cuando metemos las linternas vemos que al otro lado hay un zulo de cemento, con escombros y sin ventilación. ¿Qué utilidad y qué uso pueden tener este tipo de habitaciones en una familia normal? Piedi capta varios orbs en esa estancia.

En vista de que la casa no nos habla en términos físicos acudimos a lo paranormal, es decir, nos proponemos averiguar quién o quiénes permanecen en el edificio a pesar del paso del tiempo.

Nos sentamos en el porche que da al jardín para que Paloma y Aldo intenten visualizar y contactar. En la bola, Paloma comprueba que cuando se hizo la casa salieron huesos humanos y eso produjo un rechazo entre los obreros, que se resistían a continuar con la edificación. Es entonces cuando se establece un diálogo entre Paloma y Aldo, que ha incorporado a un hombre que se llama Paco, de unos cuarenta años, sucio y desaliñado:

–Me mataron por un problema de tierras. Me encerraron en un sitio oscuro y luego me pegaron dos tiros. Querían mis tierras y yo me negaba a cedérselas porque eran de mi familia. Estoy muerto, ¿verdad? ¡Cabrones! Cuando me pegaron los tiros me llamaron rojo. ¡Hijos de p…! –Paloma comprueba en la bola que Paco está desaliñado y cubierto de tierra–. ¿Cómo sigo mi camino? ¿Podéis darme una camisa limpia? –Paloma, entonces, y con gran soltura, nos sorprende haciendo el además de darle una prenda imaginaria–. Gracias, ya estoy mejor así. ¿En qué año estoy? –nos pregunta Paco. Cuando Paloma le dice que en el 2012, Paco vuelve a arremeter contra su asesino (¡).

–¿Quieres ayuda?

–¿Y tú quién eres?

–Estoy al otro lado de la puerta.

–¿Puedo hablarte de tú?

–Naturalmente. ¿Conoces a la mujer del perro?

–Se llama Hortensia y estuvo involucrada, pero ella va y viene cuando quiere.

–Tienes un buen bigote.

–Lo cuido porque es igual que el que mi padre. ¿Cómo sabes que me llamo Paco?

–Porque me lo has dicho tú. Tienes que perdonar a tu asesino porque si no, no podrás irte. Tu mujer se murió en la cama y se llamaba Rosa. Tenía ojos grandes y era guapa. Voy a llamarla para que venga a por ti. Te quiere mucho.

–Siempre me decía que no fuera bocazas.

–¿Ves ahora a Rosa? Ya viene a por ti. Dale la mano. Ahora estás guapo y limpio.

Rosa se lo termina llevando de la mano hacia la luz…

Alma, Corazón, Vida
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