El otro Mercadona: el supermercado social que saca a la gente de la pobreza
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LA ECONOMÍA SOLIDARIA DE GUILLAUME BAPST

El otro Mercadona: el supermercado social que saca a la gente de la pobreza

“Dar, recibir y devolver”. Este es el principio de reciprocidad, contrapuesto a la caridad, con el que Guillaume Bapst lucha contra la pobreza crónica

Foto: Guillaume Bapst, CEO de Andes. (Ashoka)
Guillaume Bapst, CEO de Andes. (Ashoka)

“Dar, recibir y devolver”. Este es el principio de reciprocidad que el etnógrafo Marcel Mauss plasmó en Ensayo sobre el don, un completo estudio sobre las primeras formas de economía social y solidaria utilizadas por los seres humanos. Unos postulados que han guiado la creación de la red de tiendas solidarias de alimentación (ANDES, por sus siglas en francés), como contraposición a la idea de caridad o asistencia gratuita.

“El modelo asistencial tradicional se basa sólo en el dar, lo que coloca al receptor en una situación de inferioridad, sin poder de decisión sobre lo que recibe o no, en este caso el tipo de alimentos, y en definitiva, sin posibilidad de recuperar su autoestima”, explica a El Confidencial Guillaume Bapst, director de esta red y emprendedor social apoyado por Ashoka, la organización sin ánimo de lucro que se encarga de respaldar el trabajo de 3.000 emprendedores sociales.

Las tiendas de alimentación solidarias no son un simple banco de alimentos, que trata de suplir las necesidades básicas de la población más desfavorecida, sino que pretenden ir mucho más allá buscando la inserción social de sus beneficiarios, potenciar su empoderamiento y lograr sacarlos del círculo vicioso de la pobreza. ¿Cómo?

Más allá de la noción tradicional de “asistencia crónica”

“El precio de los productos que vendemos, y no regalamos, algo que recalco porque es una parte importante de nuestra filosofía, está entre el 20 y el 30% del precio real. El dinero que se ahorran los beneficiarios de Andes (personas en riesgo de exclusión cuyos recursos no les permiten destinar más de cinco euros al día para alimentación) tiene que destinarse obligatoriamente a un proyecto beneficioso para ellos, como sacar el carnet de conducir, comprar un electrodoméstico o pagar deudas. Nosotros nos encargamos de acompañar a estas personas y valorar sus proyectos”, resume Bapst.

La empresa de economía solidaria fundada por este emprendedor social ha pasado de contar con una tienda y cinco trabajadores en 1996 a más de 60 establecimientos y 160 trabajadores. Su presupuesto en 2010 era de ocho millones, mientras que para este año roza los 14.

Miles de personas se han visto beneficiadas a lo largo de estos años, pero lo importante, recalca Bapst, es que se trata de una asistencia con un periodo fijo, enfocada a que estas personas puedan salir adelante por ellas mismas sin necesidad de seguir recibiendo asistencia. Un enfoque, añade, que trata de superar la noción tradicional de asistencia que permanece en el tiempo, evitando a toda costa que la situación de los beneficiarios se convierta en crónica.

Pan, salud y trabajo

La cuantificación de los logros y resultados es casi una obsesión para el francés. Los informes de las diferentes consultoras independientes que auditan su trabajo dan buena cuenta del impacto social y de la eficiencia del modelo que promueve. Por un lado, está la parte relacionada con la salud. Si en 2005 sólo el 1,2% de la población asistida llegaba a la ingesta mínima de los 400 gramos diarios de frutas y verduras que recomiendan la OMS y la FAO, hoy en día ese porcentaje se ha multiplicado. Una dieta saludable suficiente para prevenir enfermedades importantes, como las cardiovasculares y algunos cánceres. De hecho, según los estudios de estas organizaciones, cada año podrían salvarse 1,7 millones de vidas si se aumentara lo suficiente el consumo de frutas y verduras.

El beneficio para la salud de las personas asistidas, así como el ahorro que supone para los sistemas nacionales de salud, se suma también al de la inserción profesional. “El tiempo de duración media que tarda una persona en riesgo de exclusión en encontrar trabajo es de tres años, según los cálculos del Estado francés. Sin embargo, entre nuestros usuarios este tiempo se reduce a once meses, con lo que esto significa para el desarrollo de la economía y para el Estado, que ahorra cientos de millones en prestaciones por desempleo y ayuda a reducir más rápidamente las cifras de paro”, matiza el emprendedor.

La inserción profesional es sólo una pata más sobre la que se asienta esta empresa social. “Nos centramos más en el acompañamiento que en la creación de empleo”, añade. Sin embargo, cuentan con una serie de partenariados con grandes superficies para que formen y posteriormente contraten a los usuarios de Andes. Asimismo, potencian la formación de parados de larga duración en escuelas taller y en la propia empresa.

El caso concreto de las sopas de alta gama

Una de las estrategias que más éxito ha tenido en este sentido es la creación de una marca de sopas, “premium”, subraya el francés, que luego venden a supermercados. Para ello, un grupo de trabajadores se encarga de acudir a los centros de distribución donde recogen las verduras que no sirven para comercializar pero que aún son perfectamente comestibles.

“Con ellas otra gente se encarga de preparar unas sopas riquísimas, que tienen tanto éxito que han sido premiadas como las mejores de Francia y los supermercados se pelean por comprárnoslas”, asegura. Como si estuviese preparado, en este punto de la entrevista Bapst recibe una llamada en su móvil. Corta la conversación y añade: “Eran los encargados de una gran superficie de alimentación a los que se les habían acabado las sopas y querían más”.

Las personas que trabajan en este proyecto aprenden una profesión y mejoran su moral porque saben que hacen algo que los consumidores valoran mucho, explica. Pero como todo está más que medido y estudiado en esta empresa, esta estrategia sirve también para obtener ingresos y, lo que más motiva a Bapst, “luchar contra el despilfarro de los alimentos”, pues si no se recogiesen para este fin irían a parar directamente a la basura, lamenta.

Profesionalización, la clave del éxito

El modelo que preconiza este “visionario”, como se han referido a él en alguna ocasión los medios galos, se basa en romper el aislamiento asistencial del Estado, o de las ONG, promoviendo una colaboración entre lo público y lo privado. Unas formas que chocan con la cultura imperante, pues “existe una fuerte desconfianza mutua entre empresas, organizaciones no gubernamentales e instituciones públicas. No hay costumbre de trabajar conjuntamente, pero todos los estudios recalcan que sería mucho mejor para racionalizar los costes, mejorar el impacto y, en definitiva, ser más eficaces”.

Una dura batalla para poner a todos de acuerdo, pero que según Bapst es el único camino para lograr mitigar la pobreza y provocar cambios de verdadero calado. De hecho, algunas resistencias con las que se encontró al fundar su empresa se han ido superando con el tiempo. “Al principio criticaban que se fundase esta red porque la gente entendía que ya existían bancos de alimentos y no hacía falta nada más, pero poco a poco se han ido dado cuenta de las diferencias y de las potencialidades. Lo más difícil es que la sociedad evolucione y cambie”, reconoce.

A estas dificultades, el empresario añade la “guerra entre las asociaciones asistenciales”, pues cada una lucha por obtener la mayor cantidad posible de una financiación pública limitada, y los obstáculos que impone pasar de gestionar una empresa de cinco personas a otra de 160. La clave, no ya de la supervivencia, sino del éxito, apunta el emprendedor, no es otra que la profesionalización. “Nosotros funcionamos como una empresa al uso, sin reparto de dividendos, sí, pero con las mismas estructuras y exigencias. En ocasiones, incluso puedo afirmar que somos más exigentes en cuanto a controles fiscales, de calidad, de impacto, etc. Por otra parte, la profesionalización también pasa por rodearse de personas competentes, con ganas y que estén a gusto”.

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