SÓLO EN 2013, 160 MUERTOS Y 22.000 AFECTADOS

La 'fiebre del valle': la nueva enfermedad incurable y mortal que se transmite por el aire

La localidad de Avenal, situada en el San Joaquin Valley de Arizona, es el epicentro de una nueva enfermedad incurable que se contagia por el aire

Foto: Inicio de una tormenta de polvo en Arizona, un fenómeno meteorológico que ayuda a expandir las esporas de Coccidioides. (Corbis)
Inicio de una tormenta de polvo en Arizona, un fenómeno meteorológico que ayuda a expandir las esporas de Coccidioides. (Corbis)

La pequeña localidad de Avenal, situada en el San Joaquin Valley de California, es el epicentro de una nueva enfermedad incurable que se contagia a través de las partículas del aire. El pasado año acabó con la vida de 160 personas y causó más de 22.000 enfermos crónicos en todo EEUU. El Centro para el Control de las Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) la describe como una “epidemia silenciosa”. Se trata de la denominada Valley Fever o Coccidioidomicosis, en referencia a las esporas de los hongos que flotan en el aire y producen esta dolencia por inhalación en personas y animales.

Desde 1998 se han multiplicado por diez los casos registrados en EEUU, sin conocerse aún los motivos de dicho aumento. Los científicos se están afanando por encontrar una vacuna, pero los resultados son poco esperanzadores hasta el momento. El Valley Fever Center de la Universidad de Arizona calcula en un 3% la posibilidad de infección para las personas que vivan un año en la zona, aunque sólo un 1% desarrollaría la enfermedad. El director del centro, John Galgiani, explicó en una entrevista a la BBC que “el impacto de la fiebre del valle en la población local es igual al que tuvieron el polio o la varicela antes del desarrollo de las vacunas”. En 2013 se registraron casos de infección en cinco estados más, aparte de Arizona y Colifornia, los dos focos calientes de la enfermedad.

El hongo que está detrás de esta enfermedad ataca directamente a los pulmones y posteriormente puede afectar a los huesos, el hígado, el corazón y el cerebro. Cuando se extiende por el resto del organismo las posibilidades de salvar la vida son prácticamente nulas.

Los científicos desconocen el origen

Hasta el momento se desconoce el motivo por el que han proliferado tanto los casos registrados durante la última década. Para algunos investigadores puede deberse a los cambios en el clima, con inviernos más húmedos, mientras que otros apuntan a las pequeñas tormentas de polvo, o a actividades como como la construcción, la agricultura o los vertederos. Sin embargo, aún no existe una explicación científica que lo clarifique. La investigación con este tipo de hongos (del género Coccidioides) también tiene sus peligros: un grupo de estudiantes de la universidad de Arizona contrajeron esta fiebre debido a la cercanía de su aula con el laboratorio donde se encontraban las esporas.

El impacto de la fiebre del valle en la población local es igual al del polio o la varicela antes del desarrollo de las vacunasEl contagio es extremadamente fácil, según han advertido los responsables del Childrens’s Hospital Central of California, que en 2012 registró 61 ingresos de niños diagnosticados con esta enfermedad. Los primeros síntomas son similares a los de la gripe, mezclándose el malestar general con un fuerte dolor de pecho. Progresivamente, los pacientes sufren disnea, fiebre intermitente y pérdida de peso, que suele originar mareos y desmayos.

Los tratamientos contra la Valley Fever no sirven para curar la enfermedad, ya que los fármacos no logran eliminar por completo la infección, que puede volver a resurgir en cualquier momento. Muchos de los pacientes tampoco responden a los medicamentos y pueden sufrir enfermedades asociadas, como por ejemplo neumonía.

Una amenaza inquietante

El CDC cifró en 22.401 los casos registrados en 2013, pero los expertos estiman que las cifras anuales no oficiales podrían elevarse a 150.000. Esto es porque la mayoría de personas infectadas pueden tardar meses e incluso años en desarrollar la enfermedad. Por otra parte, según advirtió el médico James McCarty, del  del Childrens’s Hospital Central of California, es fácil confundir los síntomas de esta infección con los de una gripe o una neumonía, y diagnosticarla como tal.

Progresivamente, los pacientes sufren disnea, fiebre intermitente y pérdida de peso, que suele originar mareos y desmayosLa población local de Avenal se siente cada vez más amenazada, y algunos ya comienzan a valorar la opción de emigrar. Este es el caso de Jim McGee que, según explicó en un reportaje de investigación realizado por la revista The New Yorker, tomó la decisión de hacer las maletas después de que diagnosticasen de Coccidioidomicosis a sus tres hijos.

El pánico en la población también ha empezado a cundir tras conocerse el traslado de 2.600 presos “de alto riesgo de contagio” a otras cárceles del país. Los internos pertenecían a dos cárceles cercanas a Avenal. En su mayoría se trataba de reclusos de origen afroamericano que, según las estadísticas, son el grupo poblacional de mayor riesgo, supuestamente por tener un sistema inmune menos resistente a este tipo de hongos.

Las zonas endémicas se expanden

El primer mapa de las “zonas calientes” de la infección data de los años 50, pero según el CDC podrían haberse expandido. Además de Arizona, Texas, Baja California y regiones de México, Centroamérica y Sudamérica se consideran ya zonas endémicas. La enfermedad no ha parado de viajar en los últimos meses y, por ejemplo, se han registrado varios casos en Washington.

Los turistas del valle tampoco están exentos de riesgos. El británico David Liss, que visitó el valle aprovechando un viaje de negocios a Tucson, Arizona, contrajo la enfermedad. Sharon Filip, amante del senderismo, padeció la misma suerte y, junto a otros turistas que contrajeron la enfermedad, ha decidido crear una asociación para denunciar la falta de información. “Si la gente fuese consciente de que el simple hecho de respirar una espora puedes sufrir una infección letal, ¿viajarían igual a la zona?”, se pregunta Filip.

La falta de financiación y el desinterés de la industria farmacéutica son las causas por las que aún no se ha desarrollado una vacuna, según apuntaba recientemente en la presan local el profesor de biología de la Universidad de Texas Garry Cole. La desesperación de los habitantes de la zona es tal que hasta han creado una fundación para recaudar fondos y destinarlos a la investigación sobre esta nueva enfermedad. El objetivo es desarrollar una vacuna, el antídoto para calmar el miedo a respirar cada vez que se levante una ráfaga de aire. 

Alma, Corazón, Vida
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