"Hay que cambiar un sistema judicial que pueden manipular los ricos y poderosos"
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luis GARICANO Y los dilemas DE ESPAÑA

"Hay que cambiar un sistema judicial que pueden manipular los ricos y poderosos"

En España no se vive mejor. Así comienza el nuevo libro de Luis Garicano, en el que analiza la encrucijada en la que se sitúa España

Catedrático de Economía y Estrategia en la London School of Economics y doctor por la Universidad de Chicago, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera, Luis Garicano es uno de los nombres más significativos en la docencia económica nacional. Publica El dilema de España (Ed. Península), un ensayo en el que disecciona nuestra realidad, en el que ofrece una serie de recetas para que en lugar de convertirnos en Venezuela nos acerquemos a Dinamarca, y en el que prolonga las reflexiones sobre la realidad cotidiana que plasmó en el blog económico Nada es gratis. Garicano habló con El Confidencial en la Fundación Rafael del Pino, donde pronunciará el próximo día 20 una conferencia magistral acerca del presente y el futuro de nuestro país.

Pregunta: Estamos en una encrucijada. O subimos a la Liga de Campeones o nos vamos a Segunda División; o nos convertimos en una país del norte de Europa o nos quedamos al lado de Italia y Grecia.

Respuesta: Esa es la tesitura, sí, y no hay atajos. La economía global nos da una oportunidad, pero tenemos que ser capaces de formar a la gente de la mejor manera posible, porque en eso hemos fracasado en todos los niveles, también en el universitario.La mayor lección que nos ha dado la economía en los últimos años es que necesitamos instituciones que estén a la altura.

P.: Hicimos una serie de reformas para entrar en el euro y, ahora, tenemos que hacer una segunda oleada no para no salir del euro, sino para poder situarnos en su lado bueno, el de los países del norte.

R.: Sí, y hay que hacer cambios profundos en el sistema político. No hay que tocar la monarquía ni la estructura territorial de España, pero sí modificar el sistema judicial, cuyos plazos de resolución son demasiado amplios, que genera poca seguridad jurídica y que cuenta con muchas posibilidades de ser manipulado por quienes tienen más dinero y poder. Mucha gente piensa que hicimos la Transición y que con eso vale. Lo cierto es que España fue mejorando y modernizándose hasta el 2000 con las zanahorias de la UE y del mercado único, pero de repente llegó toda aquella riada de dinero barato y España perdió el impulso reformista. Con la burbuja se corrompieron muchas cosas. La pérdida en capital humano ha sido evidente, porque mucha gente abandonó los estudios pensando que podría vivir bien de la construcción. Si miras los datos, te das cuenta de que hoy tenemos los mismos empleos que requieren educación universitaria que en 2007, mientras que los que sólo demandaban primaria o secundaria han descendido a la mitad. Es un buen ejemplo de cómo la burbuja nos hizo perder la dirección. Ahora debemos retomar el impulso reformista para eliminar sus excesos y volver a la senda correcta.

P.: ¿Eso incluye también una reforma de la mentalidad española? ¿Los españoles deberíamos empezar a pensar de otra manera, como argumentan otros economistas?

R.: No, no me creo para nada el anuncio de Campofrío. Esto no es un problema cultural. Somos iguales que las personas de los demás países del mundo. Cuando se implantó el carnet por puntos o cuando se prohibió el tabaco pensamos que no iban acuajar porque trataban de cambiar comportamientos muy arraigados y, sin embargo, se consiguió. Si las normas son legítimas y obligas a cumplirlas con sanciones creíbles, consigues tus objetivos. No veo ese inconveniente cultural. Estoy acostumbrado a tratar con españoles en el extranjero y no somos impuntuales ni jetas ni nada de eso. Trabajamos como el que más. España es un país normal.

P.: Señala a las matemáticas, la tecnología y la creatividad como la fórmula educativa a seguir, pero también hay que tener en cuenta cómo será la estructura laboral del futuro, porque esas áreas quizá generen un número adecuado de empleos, pero no el suficiente como para ser la solución definitiva.

Los españoles no somos impuntuales ni jetas ni nada de eso. Trabajamos como el que más

R.: Hace poco estaba con agricultores y me contaban que la cosechadora y el tractor son programables, que pones el GPS y ellos van haciendo el trabajo. Mucha gente piensa que un agricultor no necesita saber tecnología, y no es cierto. Las máquinas automatizaron los trabajos rutinarios físicos, y ahora lo van a hacer con los trabajos rutinarios mentales, pero van a subsistir otros empleoscomo los que estén basados en la interacción personal o los que tengan un componente creativo. Hay una tienda en una carretera de Asturias que vende unos productos de artesanía tan conseguidos que si tuviera una web y la promocionase tendría clientes en todo el mundo. Lo que hace es especial, pero difícilmente va a hacer negocio con quien pase por esa carretera. De modo que hay que estar preparados. Tendremos que saber matemáticas y estadística. No hablo de conocimientos muy específicos, pero sí de nociones generales o de saber cómo programar una máquina. Hay que tener en cuenta que hasta un médico y una enfermera tendrán que conocer estadística para saber qué tratamiento recomendarte.

P.: Entre los trabajos que no van a desaparecer, y que señala como un área a la que la clase media española se va a dedicar a partir de ahora, están los relacionados con el cuidado de los demás.

R.: Hay una serie de trabajos en los que España tiene la capacidad de especializarse porque nuestro país es agradable para vivir, tiene buen clima y se come bien y eso hace que muchos retirados extranjeros decidan residir aquí, y podrían venir muchos más. Eso supone que aumentarán los empleos destinados a prestarles servicios, pero también aquellos de valor añadido relacionados con la medicina, el ocio o la restauración. Pero para que España sea la Florida de Europa tendremos que hablar otros idiomas, como el inglés, el alemán o el holandés, y ofrecerles una regulación razonable. Desde mi punto de vista, habría que eliminar laimposición a las personas mayores, incluidos los españoles, para que les resultara más atractivo vivir aquí.

P.: En todo caso, es en el área laboral donde más insiste en la necesidad de reformas.

Habría que eliminar la imposición a las personas mayores para que les resultase atractivo vivir aquí

R.: España ha hecho mucho en convenios, pero poco en políticas activas y en contratos. La clave, en este sentido, es el muro tan grande que hay entre los contratos temporales y los indefinidos, que hace que la práctica común sea la de reemplazar un temporal por otro. La solución es el contrato único de costes crecientes. Es una reforma razonable, que no trata de eliminar derechos.

P.: Es peculiar cómo en el libro formula una serie de recetas para el cambio de las instituciones de carácter plenamente político. Y es curioso no sólo porque usted sea economista, y por tanto sea un área que aparentemente debería quedarle fuera de su conocimiento técnico, sino porque es una demostración más de que los economistas se han convertido en una fuerza de referencia social.

R.: Quizá sea porque los economistas empezamos pensando que lo que España necesitaba eran reformas económicas para salir adelante, y a medida que avanzaba la crisis nos dimos cuenta de que el problema era más profundo, porque había muchas resistencias al cambio en un sistema político muy rígido y jerárquico. Hay que tener en cuenta que nuestras investigaciones no sólo hablan de macroeconomía y de gasto, sino que entendimos que las instituciones y su buen funcionamiento son vitales para el crecimiento. En segundo lugar, creo que la sociedad nos ha dado esta preeminencia porque los problemas de España son básicamente económicos, y es normal que nos pregunte por cuál es el camino que lleva al crecimiento.

P.: En 2008, la Reina Isabel II visitó la London School of Economics y le preguntó que cómo no habían visto venir la crisis si sus dimensiones eran tan grandes. Hoy se le podría preguntar por qué deberíamos hacerles caso si no acertaron entonces…

Hay muchas resistencias al cambio, promovidas por un sistema político muy rígido y jerárquico

R.: Sí, la pregunta no es mala, no. Pero creo que si revisas lo que decía en 2007, sí alertaba de lo que estaba ocurriendo con la burbuja inmobiliaria en España. Y no era el único, hubo más economistas. Incluso Miguel Sebastián cuando estaba en BBVA escribió sobre ella, pero luego… Los problemas de la sociedad española están diagnosticados desde hace muchos años y los conocemos bien, como la baja productividad o la escasa innovación. Por eso, cuando la gente dice que quiere volver a 2008, les señalo que esa no es la solución, que hay que hacer mucho más.

P.: A veces, como señala en su libro, también hay que defender al capitalismo de los capitalistas. Hay un ejemplo obvio, el de los oligopolios. ¿Es partidario de elevar las sanciones a quienes distorsionen la competencia?

R.: Reducir la concentración, por ejemplo en el sector de los hidrocarburos, es siempre una solución, porque las empresas se ven obligadas a competir si abres el abanico. Pero es cierto que, como en todas las áreas, necesitamos que haya unas reglas que se cumplan y que exista una comisión reguladora poderosa y creíble.

P.: El otro ejemplo en el que se detiene es el del periodismo. Dice que “a veces los periodistas deben callarse o hacer referencias vagas para mantener su trabajo”, aludiendo a la capacidad de presión de las empresas sobre los medios. Pero esa presión existe también sobre los economistas, que realizan estudios que alguien financia, por ejemplo. La independencia es un problema…

R.: Es cierto, no se trata sólo de los periodistas. Como dices, hay una falta de balance entre quienes pueden pagar un estudio como el público y quienes no pueden hacerlo. Por eso es necesaria la transparencia y por eso la democracia requiere de instituciones poderosas y creíbles que eviten que el poder económico vaya contra su propio interés a largo plazo y se aproveche de las reglas de una manera anticompetitiva. No podemos decir que ese problema esté resuelto, pero sí que sabemos cuál es la solución. Tiene que haber una autoridad sobre competencia que sea completamente independiente, al igual que lo es el Banco Central Europeo.

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