“Separar economía y política es tan necesario como separar Iglesia y Estado"
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ESCOHOTADO, contra los intelectuales

“Separar economía y política es tan necesario como separar Iglesia y Estado"

Antonio Escohotado (1941) es un fumador compulsivo. Despacha cigarrillos de forma frenética, con la misma avidez que un adolescente gasta cuando se entrega a nuevos placeres

Foto: El filósofo Antonio Escohotado critica a los intelectuales que no dan palo al agua
El filósofo Antonio Escohotado critica a los intelectuales que no dan palo al agua

Antonio Escohotado (1941) es un fumador compulsivo. Despacha cigarrillos de forma frenética, con la misma avidez que gasta un adolescentecuando se entrega a nuevos placeres prohibidos. Sólo hace pausas para consumir algún trago de cerveza y abrumar con detalles de sus monstruos favoritos, es decir, de personajes históricos como Karl Max, Friedrich Hegel o David Hume. El filósofo madrileño está de estreno. Publica el segundo volumen de su último gran trabajo, Los enemigos del comercio (Ed. Espasa), un ambicioso proyectoconel que pretende desmontar mitos, derribar prejuicios y desenmascarar tópicos asociados al progreso, al capitalismo y al buenismode la izquierda.

El Confidencial.- La separación entre economía y política es imprescindible, desde su punto de vista, si queremos conservar la democracia.

Antonio Escohotado.- Separar economía y política es tan necesario hoy como separar Iglesia y Estado. Los procesos económicos deben liderarse por sí mismos, y toda la intervención de los políticos es sesgo, ignorancia y mala fe. La actual situación es un reflejo de las maravillas que se consiguen cuando se encarga a Zerolo, Zapatero y Pajín que se pongan al frente. Pero tampoco nos engañemos, ellos son la espuma de una ola formada por trescientas mil personas que tienen carnet de un partido y que quieren vivir bien gracias a ello. Y es normal, porque dime lo que hubiera sacado Guerra trabajando como perito agrícola, que era su profesión, o González con su licenciatura en derecho.

E.C. En esa relación entre economía y política, ¿no debe existir entonces ningún mecanismo en el que la segunda intervenga en el primero?

A.E. Sí pueden intervenir, por ejemplo mediante la aprobación de las emisiones de deuda pública por el congreso y el senado. Si eres un político, no puedes endeudar a alguien sin su consentimiento.

E.C. Sin embargo, cada vez que se coloca toda la emisión de deuda los políticos lo celebran porque dicen que eso demuestra la confianza que los mercados tienen en España.

A.E. Lo celebran porque han llegado a ahorcar al país, y ahí estamos con la soga puesta, y eso nos sirve para aguantar un poquito antes de que nos quiten la alfombra de debajo de los pies. Hay que investigar la evolución de la deuda desde que Zapatero llegó al poder. Porque el gobierno de Aznar, con todos los defectos que se quiera, dejó un déficit controlado. De hecho dejó el primer superávit desde la Guerra Civil y no se sabe cómo, por arte de birlibirloque, hemos pasado a deber un montón de millones al día y eso genera gigantescos intereses. Hace cinco o seis años dije que el verdadero peligro era el déficit de cuenta corriente, y eso, que no estaba claro entonces, parece evidente ahora. Pero aún nos queda entender que de donde no hay no se saca. La gente todavía cree que se puede gobernar por decreto y que es posible dictar una norma que diga ‘hágase esto o lo otro’. No es así, debemos un montón de dinero y ahora tenemos que capear el temporal como podamos. Lo malo es que la crisis es más grave en la educación que en la economía, porque lo que se está haciendo en primaria o secundaria va a dejar mutilado al país durante varias generaciones.

El ideario del anarcocapitalismo

Tras varios años de retiro activo, el catedrático, traductor y ensayista ha vuelto a escena para deslumbrar con su análisis crítico sobre el fenómeno del comercio y las corrientes reaccionarias que reniegan de su peso en la constitución del progreso y del estado debienestar. Escohotado disfruta todo cuanto desarrolla. De alguna manera, abraza el ideario contracultural y políticamente incorrecto que ahora podría asociarse al anarcocapitalismo. Sigue estando en el espacio de los libertarios y ofrece argumentos históricos en esta nueva entrega para demostrar que los conspiradores forman parte de la élite dominante que ha demonizado y constreñido al comercio.

E.C. Este segundo volumen, que termina con la revolución rusa, es muy crítico con quienes la lideraron. Dice que Lenin es el último de los revolucionarios profesionales.

A.E. Hay dos grandes libros sobre los acontecimientos de 1918, el de Edward Carr y el de Richard Pipes, un judío polaco. Éste mantiene una tesis que vale la pena considerar, según la cual la revolución rusa no dependió de factores históricos generales ni fue el fruto de una causalidad mecánica o de las leyes del devenir, sino que fue el resultado directo del temperamento de ciertas personas. Pipes estudió durante sesenta años ese fenómeno y sentenció que en aquel instante se produjo una gran constelación temperamental, que reunió a figuras de enorme energía como Lenin y Trotsky. Yo coincido con esa tesis.

E.C. La figura central, no obstante, es Marx, de quien repasa tanto su trayectoria personal como sus aportaciones teóricas, y en ninguna de las dos le merece mucho aprecio.

A.E. Los capítulos sobre Marx son la parte que más he repasado del libro. Todos los personajes que aparecen en Los enemigos del comercio han sido retratados tanto a través del contexto socioeconómico en el que se desenvolvieron como en sus aspectos biográficos o psicológicos y no podía por menos que hacer lo mismo con Marx. Hay que tener en cuenta que hay material bastante detallado sobre su vida, y eso teniendo en cuenta que Engels quemó dos o tres mil documentos de su correspondencia privada. Combinar el examen de una obra tan extensa como la suya con el día a día es una de las cosas de las que más orgulloso me siento, porque es algo similar a encontrar una aguja en un pajar. La información que doy en el libro creo que retrata con ecuanimidad a un personaje sorprendente.

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Para mí es escandaloso que de una familia de ocho miembros sólo él llegase a cumplir los sesenta años, que dos de sus hijas se suicidasen o que sus hijos pequeños no pudieran salir de la cama porque no tenían con qué calentarse. Marx convenció a todo el mundo de que ponerse a trabajar era como si Jesús renunciase a su prédica y se convirtió en un padre de familia que no dio ni golpe. Hizo gala de un tremendo señoritismo toda su vida y ya de estudiante gastaba el triple de lo que tenía. Contrasta esa actitud de sentirse superior a los demás con su ideología igualitarista. La tunda que le meto a Marx en el libro no se la he metido nunca a nadie, pero lo cierto es que se la merecía. Me sorprendió lo que descubrí, porque tenía una mejor imagen suya.

E.C. Pero la crítica a Marx no es solamente a él, sino al conjunto de los intelectuales, a quienes señala como los hijos vagos de la burguesía.

A.E. Lo son, totalmente. Un dato: de los miembros del comité central del partido bolchevique ruso, 93 eran intelectuales y no habían dado nunca un palo al agua. Es curioso, porque ese comité central, el de 1918, que tiene un 97% de los miembros ociosos es el que se encarga de hacer la revolución de los trabajadores.

La versión intelectual del mundo

En realidad, este trabajo es un todo que consta de tres partes. Un esfuerzo extremo que ha consumido casi sus diez últimos años. Tal vez sea su último gran reto intelectual. Y de nuevo, abordado desde la libertad como principio activo y configurador del ser humano y, por extensión, de todas las acciones que le realizan. El pensador madrileño, tan denostado en esferas institucionales, tan asociado popularmente a su magna y revolucionaria Historia general sobre las drogas, abre fuego sobre las instituciones represoras que a lo largo de la historia han tratado de constreñir la riqueza que representa el comercio, bien sea en su vertiente material o intelectual.

E.C. ¿Son entonces esos intelectuales burgueses y vagos parte de una élite que ha perdido peso y que quiere regresar al poder?

A.E. Son gente que concita el resentimiento. Son profesionales de la falta profesional, y como carecen de formación real, convocan la rabia y el odio de un sector de la sociedad. Raymond Aron insiste mucho en esto y Hayek pone de manifiesto cómo hubo una conspiración para dar una versión intelectual del mundo a través de la guerra de clases. Pero pensadores como Popper, Aron Hayek o Schumpeter acabaron con esto.

E.C. Ha citado a varios nombres como Aron, Popper o Hayek para atacar a los intelectuales, y sin embargo ellos eran también intelectuales.

A.E. No, ellos eran sabios, el intelectual es otra cosa.

E.C. Lo digo porque hay una corriente que tiende a identificar a los economistas como portadores de un saber cierto y a los demás como gente que hace teorías inútiles.

A.E. Volvemos al eterno debate de si el conocimiento de los mecanismos del mercado puede ser una ciencia exacta. No lo es todavía, y aunque no vayamos a agotar el tema, tenemos que esforzarnos mucho, porque todo lo que se haga en el sentido de informarse más va a ser muy positivo.

E.C. Su trayectoria abarca géneros muy diversos, que van desde la economía hasta la historia de las drogas, aunque su especialidad es la filosofía.

A.E. El libro del que más orgulloso me siento es de Realidad y substancia, que pertenece a un género periclitado, como es la ontología fundamental, que luego recayó sobre los físicos. Me tomó tanto hacerlo como Los enemigos del comercio, en un momento en el que además no le interesaba a nadie. Este también ha sido hecho contra viento y marea, porque si las drogas son el miedo de cada uno a no saber controlarse ante los orgasmos potenciales, en la economía aparecen los temores sobre si nuestro vecino no querrá quedarse con nuestra propiedad.

En la economía aparecen los temores sobre si nuestro vecino no querrá quedarse con nuestra propiedad

E.C. También ha estado posicionado políticamente en posturas diversas, pero aprece haber conservado siempre una perspectiva cercana al anarquismo.

A.E. Las personas tienen que buscarse y si se buscan lo bastante descubrirán que hay algo que son capaces de hacer igual o mejor que otros, en el sentido de prestar servicio a un tercero; si se buscan lo bastante descubrirán una maestría que es solicitada y demandada y que hará de su vida algo fructífero y bueno. Para la sociedad civilizada bastan dos reglas: la propiedad no se adquiere por violencia ni por estafa y la palabra se cumple. Y cuando no es así, se generan derechos de indemnización. Hume es gigantesco.

Escohotado calma su torrente discursivo con caladas de cigarrilloslight, pero sus reflexiones rezuman la autenticidad del tabaco más negro. Las afirmaciones le dibujan como un descreído, un infinito agnóstico, un antisistema ilustrado. Su revisión histórica del comercio como ejercicio de libertad entre personas, entre sociedades, demuestra cómootras corrientes de pensamiento han anulado la potencialidad que representa la pureza del intercambio. El autor deCaos y ordenrecuerda que somos portadores de miedos que nos hacen más débiles, hasta el punto de preferir sistemas más coaccionadores y autoritarios. En el fondo, preferimos a los enemigos del comercio.

Comercio Democracia Filosofía Friedrich Hayek