Lo que aprendí sobre la vida atravesando en solitario la Antártida
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ALBERT BOSCH, EL AVENTURERO EMPRESARIO

Lo que aprendí sobre la vida atravesando en solitario la Antártida

El 4 de enero de 2012 Albert Bosch (1966, Girona), tras 67 días de expedición, alcanzó el Polo Sur geográfico de la Tierra. No fue una tarea fácil

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Lo que aprendí sobre la vida atravesando en solitario la Antártida

El 4 de enero de 2012 Albert Bosch (1966, Girona), tras 67 días de expedición, alcanzó el Polo Sur geográfico de la Tierra. No fue una travesía fácil. El aventurero catalán había planeado atravesar la Antártida, desde la costa, sin ningún medio de propulsión y sin recibir ningún tipo de suministro exterior, algo de por sí difícil. Con lo que no contaba es con hacer el trayecto en solitario. Después de estar encerrado 13 días en una tienda de campaña debido al mal tiempo, con sólo un 3% de la distancia recorrida, su compañero tuvo que abandonar la expedición debido a una lesión.

Un año después de vivir la experiencia más intensa de su vida, Bosch ha puesto negro sobre blanco en un libro en el que narra su aventura, pero desde una óptica muy distinta a la que suele ser habitual. En Vivir para sentirse vivo (Ediciones B) el aventurero catalán reflexiona sobre las enseñanzas vitales que aprendió a lo largo de toda la expedición, desde su planificación, pasando por su financiación, hasta el reto que supuso una soledad extrema con la que no contaba.

La sociedad huye de la soledad, nos da miedo conectar con nosotros mismos“La soledad fue lo más duro de esta aventura”, ha reconocido Bosch a El Confidencial, “pero también fue el gran lujo. Tiene partes negativas, de más riesgo y aburrimiento, y de perder el sentido del proyecto, pero fue una experiencia expansiva al máximo, poder estar tan solo en un sitio donde no hay animales, ni horas del día, ni personas, ni vistas, ni ruido más allá del viento, ni olores… Es una soledad absoluta, es como estar en otro planeta. Te das cuenta de la importancia de estar bien contigo mismo”.

Del interminable diálogo que Bosch mantuvo consigo mismo durante 48 días, el aventurero aprendió el gran valor de la soledad, y lo poco que la cuidamos en nuestro día a día: “La sociedad huye de la soledad, la tenemos proscrita, no vamos solos ni al lavabo. Nos da miedo conectar con nosotros mismos. Si no te gusta un amigo y te peleas con él, dejas de hablarle y te buscas otro, pero si no te gustas tú, ¿qué haces?”.

Una aventura que empieza en los despachos

Una de las particularidades del relato de Bosch es que no se limita a explicar los entresijos de la expedición, también se detiene a detallar todo el trabajo previo que suele olvidarse en la explicación de este tipo de gestas pero que es tan importante como la aventura misma. “En los proyectos de aventura el deporte es sólo una pequeña parte”, asegura Bosch. “Hay mucha gente que puede hacer mucho mejor que yo cualquier escalada, ultramaratón, expedición polar... Porque son especialistas. Pero la aventura no sólo es talento deportivo, hay que gestionar el proyecto, buscar patrocinios, encargarse de la comunicación y de la logística… Hay que gestionar un business plan total”.

Una de las conclusiones a las que ha llegado Bosch, después de haberse embarcado en decenas de aventuras, es que no importa lo ilusionado que estés con hacer algo; nunca lo harás si no eres perseverante y, lo que es más importante, estás dispuesto a hacer a cambio cosas que no te gustan.

“La clave de todo está en el día a día, no en las grandes pasiones”, asegura Bosch. “Creo que continúa teniendo mucho valor el hecho de que tienes que hacer cosas que te apasionen, porque si no no tendrás fuerza y cualquier obstáculo te derrotará. Pero tiene que ser tan fuerte esta pasión que incluso tienes que estar realmente dispuesto a hacer cosas que no te gustan, que son una mierda a veces, pero forman parte del camino que has escogido para llegar a lo que sí ambicionas”.

Bosch tiene claro que su trabajo no tiene nada que ver con la práctica deportiva, y tiene más de actividad empresarial y de gestión de proyectos que de competición de élite. “A mí lo que me gusta realmente es pillar el trineo o escalar, pero si sólo me quisiera dedicar a eso seguro que no haría proyectos ambiciosos. Es imposible. No me gusta ir a hacer reuniones con patrocinadores para que la mayoría me digan que no, y mañana tengo dos, pero forma parte de la disciplina necesaria para poder desarrollar aquello que me apasiona. Me encuentro mucha gente del ámbito del deporte que se queja mucho de que no puede hacer cosas chulas porque no tienen dinero, pero es porque sólo se dedican a la parte que les gusta. ¿Qué hay de todo lo demás? Es mucho trabajo, y todo se reduce a lo mismo, esfuerzo y perseverancia”.

Gestionando los límites

Si hay algo importante a tener en cuenta cuando se planea una aventura es que cualquier cosa que no has planificado puede ocurrir. Parece una contradicción, pero es la esencia de toda expedición. “Puedes tener la certeza de que te vas a enfrentar a momentos críticos”, asegura Bosch. “No sabes ni cómo, ni cuándo, ni en qué circunstancias. Pero sabes seguro que pasará. Y esos momentos son los que marcan la diferencia. Al final por mucha estrategia que haya, por mucho que hayas gestionado los preparativos,todo te lo jugarás en unos pocos momentos críticos. Y pasa en todos los proyectos vitales, ya sea alpinismo, aventura, una empresa, o un reto de carácter personal… Ahí es donde la mayoría de gente falla. Porque se derrumba, porque se deja superar, porque no ha hecho bien los deberes… Esos son los momentos en que tienes que demostrar tu capacidad de liderazgo”.

Hay que saber gestionar los límites, porque si no haces temeridadesEstar preparado para que ocurra lo peor es justo lo contrario de ser temerario. No en vano la temeridad, la incapacidad para conocer hasta dónde podemos llegar, es la bestia negra de todo aventurero. “En el deporte, sobre todo de ultrarresistencia, está muy de moda decir que no hay límites, que puedes hacer todo lo que la mente pueda pensar”, explica Bosch. “Esto es muy superficial. Siempre hay límites, y no sólo en cuanto a riesgo físico, hay líneas rojas también en cuanto a riesgos éticos. ¿Vale todo para ganar un tour de Francia? ¿Vale todo para subir a una montaña? ¿Vale todo para ganar dinero en una empresa? Hay que saber gestionar los límites, porque si no haces temeridades. Las cosas hay que hacerlas con un compromiso responsable, siendo consciente de que todo tiene una repercusión, no sólo para ti, también para el entorno, la sociedad, etc. La gestión del límite en proyectos de liderazgo debería ser una norma. Ya tenemos demasiados líderes sin límites ni responsabilidad en nuestra sociedad”.

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