LOS 40 AÑOS SON UNA MALA ÉPOCA

La felicidad tiene forma de U: lo mejor llega a los cincuenta

En el momento en que nos acercamos a nuestro 40º aniversario, las alarmas empiezan a saltar. Que si hemos desaprovechado nuestro potencial, que si no hemos

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La felicidad tiene forma de U: lo mejor llega a los cincuenta

En el momento en que nos acercamos a nuestro 40º aniversario, las alarmas empiezan a saltar. Que si hemos desaprovechado nuestro potencial, que si no hemos alcanzado ninguno de nuestros objetivos, que si necesitamos darle un nuevo impulso a nuestra existencia… Todos ellos son síntomas de la célebre crisis de los 40 que, en el ecuador de nuestra vida, nos hace replantearnos el sentido de aquello que hacemos, las relaciones que mantenemos y cómo queremos que nos recuerden. Pero no hay que preocuparse. Como señala una investigación realizada por el profesor de Economía de la Universidad de Warwick Andrew Oswald, la felicidad tiene forma de U. Empezamos a sentirnos más infelices después de los 20 años, pero recuperamos el bienestar poco a poco hasta los setenta años.

Este concepto de la forma de U fue acuñado por Oswald y sus compañeros en un artículo publicado bajo el nombre de ¿Tiene la felicidad a lo largo de la vida forma de U?, tras recabar opiniones de más de dos millones de personas. El concepto indica que los picos de nuestro bienestar se encuentran en el alba y el ocaso de nuestra vida, es decir, durante nuestra adolescencia (aproximadamente a los 20 años) y nuestra senectud (con un pico en los 70). “Es una de las constantes de la vida humana”, señalaba Oswald. “Tarde o temprano todos vamos a terminar deslizándonos por el tobogán de la U, para bien o para mal”. Es alrededor de los cincuenta años cuando comenzamos a escalar por la pared de esa “U”.

Durante la juventud, experimentamos todo por primera vezTras recabar opiniones en 80 países diferentes, los científicos llegaron a la conclusión de que la caída de los 40 años aparecía en todo el planeta y que no era exclusiva de los hombres sino que también afectaba a las mujeres. Da igual la clase social a la que se pertenezca o el tipo de familia que uno haya formado (es decir, si uno tiene diez hijos o ha permanecido soltero). Sin embargo, había países donde los efectos de esta crisis se dejaban notar de forma más notable. Por ejemplo, en Norteamérica el descontento era mayor que en el Este de Europa, Latinoamérica y Asia.

Una cuestión de expectativas

Lo que señala el estudio es que es en la juventud cuando nos estamos abriendo al mundo y descubriendo cosas nuevas, por lo que disfrutamos de una mayor felicidad gracias a las constantes novedades en nuestra existencia. Según pasa el tiempo, vamos comprendiendo mejor el funcionamiento y los mecanismos que rigen la vida y nos resulta mucho más difícil sorprendernos por algo nuevo. “En la juventud, todo es para nosotros una nueva experiencia: encarar actividades inusuales, no tener una rutina preestablecida, rodearnos de gente energética…”, señala el estudio. ¿Pero qué ocurre cuando empezamos a recuperar terreno en la senectud? Pues, curiosamente, que recuperamos esa visión juvenil del mundo.

En la vejez nos damos cuenta de aquello que mereció la penaEs en ese momento en que hemos ajustado nuestras expectativas respecto a lo que la vida nos puede ofrecer cuando sabemos lo que podemos alcanzar y lo que no, y por lo tanto, las grandes frustraciones desaparecen y valoramos más lo que hemos conseguido que lo que nunca podremos conseguir. “Durante la vejez ya nos hemos adaptado al mundo que nos rodea y ajustado nuestras expectativas, tanto en relación a lo que hicimos, como a lo que no”, señalaba Oswald. “Podemos disfrutar de lo ya vivido, y echar la vista atrás para darnos cuenta de las cosas que merecieron la pena”. Así pues, parece ser que la experiencia es un grado.

A los simios también les ocurre

Una reciente investigación realizada por el mismo grupo de científicos acaba de recordarnos que no debemos echarle la culpa a nuestra familia, a nuestro jefe o a nosotros mismos a esa insatisfacción a los 40, sino que puede ser que estemos predestinados a ello. Como señala un estudio publicado la pasada semana, los chimpancés en cautividad también presentan síntomas de depresión y decaimiento cuando afrontan la edad madura. Pero no todo son malas noticias para los simios ya que, como ocurre con los humanos, el ánimo de estos animales suele aumentar con el paso de los años y la llegada de la vejez.

La crisis de los 40 se ha localizado en culturas muy diferentes, por lo que no parece ser algo inherente a las sociedades modernasAlexander Weiss, uno de los responsables del estudio, señaló a The Guardian que la crisis de los 40 es algo que ya habían localizado en culturas muy diferentes, lo que les había llevado a pensar que no se trata de algo inherente a las sociedades capitalistas modernas. Sin embargo, hasta ahora no había esa confirmación estadística de lo importante que es lo estrictamente biológico en esta sensación de pérdida que se siente durante la mediana edad. Lo que recuerda esta noticia es que, al contrario de lo que podría pensarse, las razones de esta crisis de la edad madura no son exógenas (“no he cumplido el sueño de mi vida”, “le queda poco tiempo a mis padres”, “pensaba que el matrimonio sería otra cosa”...) sino que pueden ser parte de la programación biológica de los mamíferos.

Una herencia de la evolución

“Es como si estuviese inscrito en la biología de los humanos”, afirma el propio profesor Andrew Oswald. De esa manera, se apunta la posibilidad de que parte de la herencia de nuestros antepasados primates sea la crisis de los cuarenta. “Hemos dado un paso atrás y nos hemos preguntado si es posible que en lugar de que la crisis de la mediana edad sea específicamente humana y originada únicamente por factores sociales, refleje una tendencia evolutiva a que las personas de mediana edad vivan peor”, añadía Weiss. En el caso de estos simios, que suelen vivir algo más de 50 años, su nadir vital se encontraba entre los 27 y los 35 años, dependiendo de si se trataba de un chimpancé o un orangután respectivamente.

Los investigadores se toman su descubrimiento con una pizca de humor. El profesor Oswald señalaba que al contrario de lo que ocurre con muchos hombres, ningún chimpancé deprimido “se habrá comprado un coche deportivo”, aludiendo a las equivocadas y apresuradas decisiones que en muchas ocasiones se suelen adoptar en esta encrucijada vital. Además, aclara, esto ocurría con chimpancés de todas las partes del planeta (de Estados Unidos a Asia), por lo que razones ambientales como el clima no explicarían esta paradoja. Incluso el profesor Frans de Waal, un célebre primatólogo de la Universidad de Emory en Atlanta (Georgia), que generalmente se ha mostrado crítico con esta clase de estudios, ha declarado que los resultados parecen “intuitivamente correctos”, a pesar de que los datos se hayan basado en la percepción de los cuidadores (porque, obviamente, los primates no habían podido responder a las preguntas de los encuestadores).

Alma, Corazón, Vida
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