VIGAMUS, EL PRIMER MUSEO DEDICADO A ESTA DISCIPLINA DE ITALIA

Los videojuegos ya son pieza de museo en Roma

¿Son un arte los videojuegos? Shigeru Miyamoto, padre de Super Mario Bros y Zelda, dos de sus creaciones legendarias para Nintendo, cree que sí. Según ha

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¿Son un arte los videojuegos? Shigeru Miyamoto, padre de Super Mario Bros y Zelda, dos de sus creaciones legendarias para Nintendo, cree que sí. Según ha comentado estos días en Oviedo, donde ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2012 por ser “el principal artífice del videojuego didáctico, formativo y constructivo”, sólo hay que esperar a que pase el tiempo y se quede viejo, como ha ocurrido con otras disciplinas, para que sea considerado un arte por todos. Eso sí, para él siempre será un “arte popular”.

Un grupo de italianos con una concepción similar a la de Miyamoto acaba de inaugurar en Roma Vigamus, el Videogame Museum of Rome, el primer museo dedicado a esta disciplina en Italia y el segundo de Europa después del de Berlín. Situado en el centro de la capital, ofrece un recorrido por el medio siglo de historia de los videojuegos. Cuenta con más de 250 objetos expuestos, entre software y hardware, partiendo desde el primer prototipo de juego, el Tennis For Two, de 1958, hasta la Wii de Nintendo y los simuladores más actuales de carreras de coches en 3D.

En los expositores el visitante se remonta a la infancia contemplando iconos del tiempo libre de los años ochenta del siglo pasado como el legendario Simon, con sus pulsadores de vivos colores; diversos modelos de la GameBoy; la Megadrive de Sega con sus entonces inalcanzables 16 bits y sus mandos con forma de cruasán o su rival, la Super Nintendo. En sus 1.000 metros cuadrados de espacio, Vigamus ofrece material más que suficiente para los nostálgicos de los videojuegos prehistóricos, como los modelos de Atari, Pacman, Commodore y Space Invaders. Los más friquis disfrutarán con una pieza inédita en Europa: una cabina original traída especialmente desde Japón de este último juego.

Además de recorrer la historia de los videojuegos y de ofrecer varios espacios para probarlos, el museo tiene la vocación de animar los estudios académicos sobre esta disciplina. Cuenta con un archivo abierto a investigadores y curiosos y ha suscrito un acuerdo de colaboración con la universidad  Tor Vergata, de Roma. De hecho, dos de los impulsores de Vigamus son profesores de este ateneo. Se trata del director, Marco Accordi Rickards, periodista especializado en videojuegos y docente de teoría y crítica de las obras multimediales e interactivas, y del administrador, Raoul Carbone, profesor de diseño de ordenadores.

A través de sus 63 paneles informativos, Vigamus brinda al visitante la posibilidad de conocer a los grandes personajes de la historia de este mundo. Uno de ellos es, por supuesto, Miyamoto, a quien el museo califica de “Dios de los videojuegos” y el “mayor diseñador de juegos de la historia”. El éxito de su principal criatura, Super Mario, hizo que “nada volviera a ser como antes”. El panel sobre el maestro japonés recuerda la respuesta que éste dio cuando alguien le comentó que los videojuegos eran malos para la salud: “Dijeron lo mismo sobre el Rock & Roll”.

Accordi Rickards destaca que algunos de los fondos de Vigamus son “únicos en el mundo”. “Tenemos el disco original, del que luego se hacían los duplicados que se vendían de Doom, el videojuego que  inventó la visión subjetiva y que ha sido definido como el juego más influyente de todos los tiempos”, comenta el director del museo. El recorrido de la muestra, explica, se hace leyendo, observando y también jugando. “Además, aquí se estudia e investiga sobre los videojuegos y se celebrarán convenios y charlas sobre el tema. Irán desde los torneos más lúdicos hasta las actividades académicas más serias, siempre con este tema como protagonista”.

Para el director, Vigamus muestra que el videojuego es, sin duda, “arte y cultura y no sólo entretenimiento”. Carbone, quien es además presidente de Aiomi, la asociación italiana que ha impulsado el museo, sostiene que éste “legitima al videojuego como obra de arte y producto de excelencia”. 

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