en pleno proceso de asignación de plazas

La odisea de encontrar plaza en la guardería pública: "Se solicita antes de que nazcan"

La educación de 0 a 3 años, ni obligatoria ni gratuita, mantiene una oferta pobre que convierte la búsqueda de guardería en una yincana y complica la conciliación familiar

Foto: Guardería municipal Els Colors en Manlleu, Barcelona. (RCR)
Guardería municipal Els Colors en Manlleu, Barcelona. (RCR)

Cada mes de mayo, centenares de niños de cero a tres años se llevan el primer revés de su vida. Su nombre se pierde entre el manojo de folios de los alumnos no aceptados en las escuelas infantiles públicas, un tedioso proceso de admisión en una franja de edad en la que la educación no es gratuita ni obligatoria.

Aunque el varapalo es más bien para madres y padres, que como Laia y Grettel, y sus respectivas parejas, llevan meses radiografiando las opciones para escolarizar a sus hijas el próximo año y que concluyen que el principal foco del problema es la escasez de centros públicos para este tramo de edad en ciudades como Madrid.

La Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, que es quien administra las escuelas a las que estas familias han enviado sus solicitudes, refuta este punto y afirma que "cuenta con una muy amplia oferta autorizada (de gestión pública y privada sostenida con fondos públicos) para el primer ciclo de Educación Infantil con más de 90.000 plazas autorizadas que permiten escolarizar al 42% de los niños menores de tres años". No obstante, admite que no hay ratios únicas de centros por zonas que permitan comprobar qué áreas quedan más descubiertas.

Aula del primer ciclo de Educación Infantil en Málaga. (Junta de Andalucía)
Aula del primer ciclo de Educación Infantil en Málaga. (Junta de Andalucía)

Es muy representativo ver listados con 8 plazas para recién nacidos, 16 para los de un año y 20 para los de dos y una media de 150 niños pidiendo plazas. Es un listado súper pequeño al lado de un montón de hojas de los no admitidos”, cuenta Laia. Su hija Lola, que no cumple un año, ocupa el sexto y el vigésimo puesto en dos listas de espera de escuelas públicas de su barrio.

Si bien no es obligatoria, y pese a los esfuerzos desde el Gobierno para ampliar las plazas, la educación temprana para niños menores de tres años sigue siendo una necesidad para padres trabajadores o peor, en búsqueda activa de empleo. Por eso, miles de familias en toda España participan en una yincana burocrática desde el mes de marzo y van superando fases –escalonadamente en las distintas comunidades autónomas– que en principio concluirán en junio, con las matriculaciones. “Si quieres que tu hijo entre en la guardería pública que te gusta, trata de apuntarlo antes de que nazca”. Este es el consejo que da desde su agónica experiencia Grettel, otra madre que batalla por una plaza para su niña.

De acuerdo con las cifras de matriculación de alumnos de menos de tres años de Eurostat –con fecha de corte de febrero de 2017–, en España esta franja de edad cuenta con una escolarización del 20,6%, por encima de la media de los 27 (15,7%) pero muy por debajo de países como Dinamarca (69,6%), Noruega (45,7%) o el vecino Portugal (42,9%). De este modo, se incumple la meta marcada por la Unión Europea para 2010, en la que se aspiraba a conseguir una tasa de escolarización del 33% para niños menores de tres años.

La tasa de escolarización depende en parte de esta oferta que detectó el Gobierno en 2008, y que en plena crisis se propuso crear 300.000 plazas; un plan difícil de sacar adelante cuando entraron en juego los recortes y el encarecimiento desde algunas comunidades. Precisamente, la competencia de la educación transferida a las comunidades y los elevados costes han derivado en una situación por la que la Comisión Europea ha dado un toque de atención a España.

"Las prestaciones familiares están mal dirigidas", expone el informe de recomendaciones sobre el programa de reformas de España del 22 de mayo, para establecer que "las guarderías impactan fuertemente en los ingresos familiares, lo que supone una barrera para el acceso a este servicio de padres de bajos ingresos". Y concluye: "La prestación de servicios de atención a largo plazo está mejorando pero difiere entre regiones y las necesidades actuales aún no se cumplen".

"Recuerdo una vez que me llamaron para una entrevista esa misma tarde pero era un poco lejos y, claro, con la niña en casa, ni pensarlo"

En pleno plazo de revisión de los baremos de las listas en las escuelas de la Comunidad de Madrid, Grettel y Laia no guardan muchas esperanzas. De hecho, para Grettel el panorama es algo más incierto y cree que acabará inscribiendo a la niña en una guardería privada. "Las guarderías públicas y las privadas no se diferencian mucho en cuestiones de precio, que no es que estén muy baratas tampoco. Las públicas siempre son más baratas pero en las privadas puedes pedir a la Comunidad de Madrid el ‘cheque guardería’ (de 100€), que se lo dan a bastante gente".

Desigualdades en el modelo

Su caso es especialmente delicado. "No tengo trabajo ni paro y el problema es que con un solo salario no te da para pagar el alquiler o la hipoteca y una guardería privada, que son por lo general las que puedes encontrar en todo momento", explica. La Comunidad de Madrid otorga cinco puntos cuando ambos padres están trabajando –como sucede con Laia y su pareja– con el fin de privilegiar a quienes no tienen opción de organizarse de otra manera para cuidar a su hijo y conciliar la vida laboral y familiar.

Pero si uno de los dos no tiene empleo, la pareja recibe cero puntos y queda en desventaja, con la dificultad añadida de no poder reincorporarse al mundo laboral, por lo que este requisito tiene doble filo y Grettel da fe de ello. "Recuerdo una vez que me llamaron para una entrevista para que fuera esa misma tarde pero era un poco lejos y, claro, con la niña en casa ni pensarlo. Me avisaron con tres horas, era imposible, no podía hacerlo".

La Comunidad de Madrid especifica que en estos casos las familias en situación de desempleo "pueden obtener puntuación por el apartado de situaciones y circunstancias que dificulten el cuidado del niño". Por seguir con la situación de la capital, el Ayuntamiento de Madrid decidió en 2016 establecer su propia red de 56 escuelas infantiles y renunciar a la subvención de los centros municipales que recibía del Gobierno autonómico (un 60% del coste total), de manera que ha podido bajar los precios de cara al curso 2017-2018 entre un 7 y un 78%, con un techo de gasto de 300 euros al mes. La Comunidad ha quedado con 450 centros en funcionamiento. En definitiva, en Madrid hay 7,2 guarderías por cada mil niños, por encima de la media nacional (6,5 por cada mil niños), de acuerdo con el cálculo efectuado por este diario, siendo el País Vasco el que más escuelas dota para sus niños, con 12,6 por cada mil.

Laia, que vive en el barrio madrileño de Chamberí, considera que hay un abismo entre sus opciones y las de su hermana en Palamós, Girona. "Si nos dan alguna de las dos plazas, nosotros pagaremos 300 euros y mi hermana en el pueblo, 70. Hay mucha diferencia...", comenta, en lo que parece plantearse como una brecha entre los entornos rural y urbano. La puntuación por renta, que comparten ambas administraciones, plantea otra curiosa situación. Laia recuerda el lamento de otro padre en una de las reuniones informativas en la que se resignaba a no poder llevar nunca a la escuela pública a sus hijos por tener una renta alta, lo que le resta puntos.

Las asociaciones de padres de alumnos consultadas no cuentan con quejas de padres de niños en esta franja de edad, quizá precisamente por encontrarse en el primer ciclo de Educación Infantil y no haber generado todavía un vínculo asociativo. Pero desde COFAPA (Confederación de Padres de Alumnos), la presidenta Begoña Ladrón de Guevara remarca que "los padres deben poder elegir en libertad el tipo de centro que deseen; cuanta más pluralidad, mejor".

“Aquí en Madrid, sinceramente, no tienes opción: estás condenado a dejarte un pastizal en la educación de tus hijos”, dice Laia. La primera alternativa a la pública es acudir a una escuela privada, a una madre de día, a una casa de niños o a una escuela bosque.

Pero todas esas posibilidades se traducen en un esfuerzo económico extra; en ocasiones porque el horario que cubren esas instituciones es menor y exigen que los padres recojan a sus hijos a horas difíciles de conciliar con un trabajo convencional. Y ante la ausencia de abuelos, hay que contratar a otra persona. Y si el sacrificio no va en el bolsillo, puede llegar a condicionar incluso el barrio donde la familia decide vivir. Grettel y su marido se han llegado a plantearse toda una mudanza desde del centro de Madrid a un barrio apartado donde podría haber plazas para la niña, o si no, cerca del trabajo del padre.

"En últimas, me quedo en casa"

La última encuesta sobre conciliación entre la vida laboral y la familiar del Instituto Nacional de Estadística, que data de 2010, establece que el 31,8% de los progenitores dejaron de trabajar durante más de un año eran mujeres. "Pasa mucho eso. Como hay tanta gente en paro, las mamás dicen pues ya me quedo cuidando a mi hijo. Además que las bajas de maternidad son tan insuficientes… dejar a un bebé de cuatro meses en la guardería te parte el alma". Estas cifras también revelan que eran en su mayoría madres las que redujeron sus jornadas y, en efecto, los parados e inactivos no suelen recurrir a servicios de cuidado.

Sin ánimo de caer en lugares comunes y solo porque Noruega ocupa el segundo puesto europeo en escolarización de niños menores de tres años según Eurostat, hablamos con una pareja que trabaja y estudia en ese país y acaba de recibir a su bebé en la septentrional ciudad de Tromsø. Jorge, asturiano, e Irati, vitoriana, saben que por mucho que en sus comunidades pudiera haber un buen ratio de guarderías por alumno, nada superará a las "cuatro guarderías que tienen en 200 metros a la redonda" desde el salón de su casa. Para empezar, no se plantean siquiera escolarizar a su bebé a los cuatro meses, como podría suceder si vivieran en España, porque gozan de una baja de hasta cuarenta semanas, y además, en las guarderías nórdicas solo se aceptan menores de más de once meses (o de diez, si se comprometen a pagar el primer mes y asistir solo cuando haya cumplido los once).

El día que Oihan entre en la guardería, tan solo harán clic en la página del ayuntamiento y escogerán cinco escuelas, con la garantía de que al menos en una tendrán plaza. Sin listas de espera ni estrategias para cumplir los requisitos. Y sea privada o pública –tienen el mismo precio establecido por las autoridades–, será siempre el centro que meses antes habrán elegido concienzudamente los padres.

Metodología

La información sobre menores de tres años matriculados en guarderías en la Unión Europea se toma de la base de datos del Eurostat 'Formal childcare by age group and duration', actualizada al 17 de febrero de 2017. Los datos de menores matriculados en las comunidades autónomas españolas se extraen del número absoluto de inscritos en centros de primer ciclo infantil del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para el curso 2014-2015 (edición 2017). El porcentaje de bebés matriculados se calcula a partir de la población menor de tres años por comunidad autónoma, con datos del Instituto Nacional de Estadística a 1 de julio de 2016.    

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