Cerrado por despoblación

La España interior se queda vieja y sin habitantes (mientras las capitales engordan)

Las CCAA más afectadas son Galicia, Asturias, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón y Extremadura, que en 2013 formaron el Foro de Regiones con Desafíos Demográficos

Algo está cambiando en la sociedad española. En 2015 se registraron más muertes que nacimientos, concretamente 2.753 personas más, un hecho inédito en 74 años de registros del Instituto Nacional de Estadística. Si hace solo unas décadas el gran temor demográfico era la superpoblación, hoy todo es muy diferente. España entra así en el grupo de países en crisis demográfica. Las dos claves de esta crisis son envejecimiento y despoblación.

La localidad de Tramaced, en la provincia de Huesca, a duras penas mantiene su población de poco menos de 100 habitantes, a través de ofertas para llevar el bar, la piscina y otros servicios para la época estival. Lo cuenta el Observatorio de la Despoblación del Centro Aragonés de Información Rural Europea (Caire), y es solo un ejemplo, porque en Aragón casi una cuarta parte de los municipios no alcanza el centenar de residentes. En esa comunidad y en Castilla y León, dos de cada tres localidades suman menos de 500 habitantes.

Para Ana Nieto, doctora en Geografía por la Universidad de Extremadura y profesora del Área de Geografía Humana, las principales causas de esta crisis demográfica son el envejecimiento y las bajas tasas de natalidad. "Ambos afectan al crecimiento vegetativo —la diferencia entre muertes y nacimientos—, que llega a ser negativo, como en España, cuando la tasa de mortalidad es mayor que la tasa de natalidad y no se compensa con la llegada de inmigrantes".

Así pierde población España

Esta realidad de la España del interior es incluso previa a estos datos recientes, y su consecuencia la apunta la experta Ana Nieto: "Las zonas rurales pierden población y las grandes áreas urbanas actúan como receptoras". Así es: las localidades que más población pierden en términos relativos desde 1996 están en las provincias de Guadalajara, Cuenca, Palencia y Soria.

Las comunidades autónomas más afectadas son Galicia, Asturias, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón y Extremadura, que en 2013 formaron el Foro de Regiones con Desafíos Demográficos, al que se han unido recientemente Cantabria y La Rioja. Llevan desde entonces tratando de convencer al Gobierno de que es necesaria una Estrategia Estatal sobre el Cambio Demográfico. En regiones como Extremadura, hay subvenciones autonómicas por nacimiento de hijos en localidades de menos de 3.000 habitantes, pero el dictamen del Comité de las Regiones, 'La respuesta de la UE al reto demográfico', reconoce que los municipios y regiones no pueden hacerlo todo, y es necesario que también arrimen el hombro los estados, y especialmente la Unión Europea.

Desaparece por presión de las capitales

Las comunidades autónomas con menor densidad de población son Castilla-La Mancha, Extremadura, Castilla y León y Aragón, todas por debajo de 30 habitantes por km2, 3,5 veces menos que la media nacional. “A estas regiones no se las dota de los servicios sociales, sanitarios, educativos, ofertas de ocio, comercio o cultura necesarios para una adecuada calidad de vida. Prestaciones que sí ofertan otras áreas con mejor situación demográfica”, lamenta Ana Nieto desde la Universidad de Extremadura.

Otro de los problemas es la alta dispersión: núcleos de población aislados, con viviendas rurales y de difícil acceso, sobre todo en invierno. Son los 'concellos', parroquias y lugares que abundan en el norte de España: técnicamente se llaman 'entidades singulares', y Galicia lidera la lista de regiones con algo más de 30.000 de estas entidades, seguida de Asturias, con casi 7.000. Así cobra todo su significado otro hecho fundamental: las poblaciones que más habitantes pierden proporcionalmente en los últimos años son las que tienen entre 101 y 5.000 habitantes.

En cuanto a las posibles medidas, Ana Nieto confirma que “en las zonas rurales más deprimidas, las acciones han de ser muy específicas para promover la actividad económica, generar empleo y fijar población. También hay que impulsar el turismo rural, la artesanía y la agroindustria, e incorporar jóvenes y mujeres a las actividades económicas, introduciendo las tecnologías de la información”.

España, ¿un país para viejos?

El segundo mal demográfico que afecta ya a España es el envejecimiento. La esperanza de vida media al nacer en 2016 es de 80 años para los hombres y de 85 para las mujeres, según el INE. Visto desde el punto de vista social, hasta 2009, el número de alumnos en educación infantil crecía a un ritmo interanual notablemente mayor que el de prestaciones por jubilación, pero en 2010 comenzó a igualarse y desde 2013 ha entrado en números rojos, mientras que la cantidad de pensiones aumenta de manera constante, en torno a un 2% anual.

Por otro lado, “entre las consecuencias sociales del envejecimiento de la población, se cuentan muchas que afectan a la vida familiar”, recuerda Ana Nieto, “puesto que está aumentando el número de personas que necesitan cuidados, que en gran parte de los casos se llevan a cabo por parte de los familiares”.

Actualmente, solo 826.000 personas reciben prestaciones para la dependencia, según los datos de junio de 2016 del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, que admite la existencia de 1,2 millones de solicitantes con derecho a prestación. La última encuesta sobre dependencia del INE es de 2008, y reflejaba 3,8 millones de personas con esa necesidad. Además, añadía que tres de cada cuatro cuidadores principales de dependientes son mujeres, lo cual presenta un reto de desigualdad muy notable. El propio Inem ya oferta cursos de formación especializados, y surgen empresas que han encontrado un nicho de negocio en esta necesidad. También han surgido las llamadas estrategias de envejecimiento activo, que pretenden mejorar la calidad de vida de las personas mayores a través del ejercicio físico y la actividad mental. No se oculta que hay beneficio paralelo para las arcas de la Administración: es una inversión en salud para reducir el gasto sanitario.

La pirámide se invierte y peligran las pensiones

El INE prevé que España perderá un 11,6% de población hacia el año 2066. Los nacimientos caerán un 27% a nivel nacional, y las defunciones aumentarán un 44%. En los próximos 50 años, una mitad de la población —aquella en edad de trabajar— estará alimentando las arcas de la Seguridad Social para las prestaciones y servicios de la otra mitad: ancianos, niños y jóvenes. Un auténtico vuelco de la pirámide demográfica.

El importe total de las pensiones en España representa un 43% del total de gasto presupuestado y no deja de subir. Ya en 1995 se firmó el Pacto de Toledo para reformar el sistema de pensiones, y se creó el Fondo de Reserva de la Seguridad Social (la llamada 'hucha de las pensiones'). Pero hasta ahora el Estado ha sacado 55.000 millones de este fondo para las pagas extra de los funcionarios. De seguir así, según la Autoridad Fiscal Independiente, el fondo se agotará en 2018.

Vista la situación, Ana Nieto está convencida de que será necesario “modernizar los sistemas de asistencia social, especialmente las pensiones, para asegurar la sostenibilidad económica y permitir hacer frente a los efectos del envejecimiento demográfico”. A modo de resumen, insiste en que, “desde todos los niveles, deberían existir políticas enfocadas en generar empleo, sobre todo dirigidas a los grupos más desfavorecidos: mujeres, jóvenes y mayores de 50 años, y en mayor grado en las zonas rurales, para fijar población”. Un reto para las próximas décadas.

_

* Este reportaje se ha desarrollado durante el máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Edición a cargo de Daniele Grasso.

España

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
21 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios