otra canasta en el último segundo

Sergio Llull convierte sus 'mandarinas' imposibles en una costumbre

A falta de 0,5 segundos para el final, cayeónde, el base madridista anotó la canasta de la victoria por 76-75 del Real Madrid en el Clásico contra el FC Barcelona Lassa

Foto: El instante en el que Sergio Llull lanza para anotar la canasta de la victoria del Real Madrid sobre el FC Barcelona Lassa (ACB Photo/V. Carretero)
El instante en el que Sergio Llull lanza para anotar la canasta de la victoria del Real Madrid sobre el FC Barcelona Lassa (ACB Photo/V. Carretero)

Sergio Llull es un pesado. Todos los equipos saben que si llegan a un final igualado contra el Real Madrid, es muy probable que él sea el jugador que se juegue el tiro decisivo. Lo saben todos, pero muy pocos han encontrado la manera de evitarlo. Da igual que lo defiendan bien, en la mayoría de ocasiones Llull encuentra la manera de lanzar, aunque sea de manera poco ortodoxa, aunque sus pies no apunten al aro, no esté equilibrado y se saque el balón de la cintura. Son sus 'mandarinas', como las llama él mismo, un nombre gracioso que no debe ocultar su enorme talento para decidir partidos como poco jugadores pueden hacerlo. El último ejemplo llegó este domingo, con la canasta de la victoria por 76-75 ante el FC Barcelona Lassa en en el Clásico de la Liga Endesa.

Esta vez no fue un triple, sino un tiro de dos. Tras un último minuto igualado en el que el Barça se puso dos veces por delante con dos canastas de Ante Tomic, el Madrid tuvo la última bola. Quedaban 6,8 segundos para el final y 74-75. En el saque de banda, a Rudy Fernández le costó encontrar a Llull, bien defendido por Brad Oleson. Finalmente lanzó un pase bombeado que atrapó el menorquín de espaldas a ocho metros del aro. Llull recibió, se dio la vuelta y atacó a Oleson, pero a mitad de penetración se paró en seco para elevarse y lanzar un tiro cayéndose que entró limpio en el aro azulgrana. Uno más para la colección. "Una buena jugada al final", dijo un minuto después ante las cámaras de '#0'. "Llull ha decidido el partido con ese salto que es algo habitual para él y muy difícil de defender", dijo después un resignado Georgios Bartzokas, entrenador culé.

Sergio Llull convierte sus 'mandarinas' imposibles en una costumbre

No fue la única canasta de ese estilo que metió Llull en el encuentro (la primera parte se cerró con un triple suyo sobre la bocina tras un pase de Luka Doncic), ni por supuesto es la primera que mete esta temporada. Ni la segunda, ni la tercera... Comenzó el curso metiéndole tres triples sobre la bocina a los Oklahoma City Thunder y ha seguido decidiendo partidos con una asombrosa normalidad. Por ejemplo en la Copa del Rey, donde anotó los 10 últimos puntos de su equipos en la final y los siete últimos para forzar la prórroga contra el Baskonia en semifinales.

Hace unos días hablaba sobre esa capacidad que tiene para anotar cuando se acaba la posesión: "Esos tiros son un poco ‘mandarina’ y otro poco entrenamiento, aunque cuando entran tantos significa que hay trabajo detrás. A veces son tiros complicados, en momentos de tensión, un poco inverosímiles, pero la confianza que me dan compañeros y técnicos ayuda a que salgan bien". Viendo su porcentaje de acierto hay que pensar que hay método en su locura.

La canasta de Llull decidió un duelo mucho más igualado de lo esperado, una batalla que vino a confirmar el tópico de que un Clásico es un partido independiente del estado de los dos equipos. El Barça realizó uno de sus mejores encuentros de la temporada, en el que tras irse al descanso perdiendo por 46-37 contuvo al Madrid en la segunda parte, gracias sobre todo al trabajo de Tomic (14 puntos, 8 rebotes y 4 asistencias) y al acierto de Stratos Perperoglou, que anotó 14 de sus 16 puntos en el segundo tiempo.

Sergio Llull celebra la victoria del Real Madrid contra el FC Barcelona Lassa. (EFE)
Sergio Llull celebra la victoria del Real Madrid contra el FC Barcelona Lassa. (EFE)

Dos triples de Marcus Eriksson, cada vez más importante en el equipo, le engancharon de manera definitiva al partido en el último cuarto, pero en el intercambio final salió perdiendo. El Barça se quedó a punto de conseguir un triunfo que habría sido un gran empujón para lo que queda de curso. No ganó, pero su actuación debe enseñar el camino correcto al equipo que dirige Bartzokas.

Entre un equipo y otro hay ahora mismo una gran diferencia: el Madrid tiene un banquillo que, por su peor planificación y las lesiones, no tiene el Barça. Fue la segunda unidad la que le dio ventaja al equipo madridista. Con un quinteto formado por Llull, Carroll, Doncic, Hunter y Reyes (luego entró Randolph por el capitán), el Madrid consiguió un parcial de 20-8 para cerrar el segundo cuarto.

Solo Carroll mantuvo el nivel en una segunda parte que se le atragantó al equipo madridista en ataque (solo 29 puntos). Pero tenía el colchón de la ventaja conseguida en el primer tiempo. En los intantes finales, con el marcador igualado, el partido se decidió en un intercambio de golpes del que salió victorioso el Real Madrid por una simple razón: tiene al mejor para jugador para ese momentos. Sergio Llull, el mejor jugador de la ACB y uno de los mejores de toda Europa.

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