participaron arturo romaní y bernardino león

24 horas dentro de una prueba mítica: así se corren los 101 kilómetros de Ronda

La carrera, con 7.500 participantes y 20.000 en lista de espera, ha cumplido 20 años. Los marchadores tienen un plazo límite para llegar a meta en un día y 12 horas para los ciclistas

Ni 101. Ni 1.001. Son infinitas las historias que se pueden contar de la carrera 101km 24 horas de la Legión en Ronda, una de las competiciones más prestigiosas del calendario. Lo es por su elevada participación (7.500 personas) y 20.000 en lista en espera. También porque en esta edición ha cumplido 20 años, siguiendo a rajatabla los principios del Credo legionario. Y también porque homenajea a los que la corrieron. Y a los ya fallecidos que siguen en la memoria de todos los ‘cientouneros’ como el caso del niño Hugo.

Son las 11 horas del domingo y los familiares de Hugo se sitúan en la meta de la Alameda de Ronda cuando ya ha llegado el último corredor, el farolillo rojo, desencajado, dolorido. Hugo ya no está aquí. Tenía dos años cuando falleció. Sus padres y sus tíos (de Ceuta) disputaban siempre la carrera. La madre lo hizo incluso estando embarazada de Hugo. Lo cuenta con la voz quebrada. Habla su tío: "Hugo, te queremos mucho... Lo hemos pasado muy bien contigo y siempre estarás con nosotros”. “Queremos a nuestro Huguito”, dice la madre. Y suena ‘Angels’ de Robbie Williams.

Los familiares del niño Hugo tras acabar la prueba (Toñi Guerrero).
Los familiares del niño Hugo tras acabar la prueba (Toñi Guerrero).

En la carrera trabajan 800 legionarios. Casi todos del cuartel de Montejaque (Ronda). También vienen refuerzos de Viator (Almería), como Juan Jesús Martín Cabrero, general jefe de la Brigada de la Legión, inquieto una hora antes de que acabe la prueba porque su mujer aún no ha llegado a la meta. Por ahí aparece. Martín Cabrero le entrega una medalla. Y Chito, el 'speake'r sin pausa, y la canción ‘The Final Countdown’ del grupo Europe, se funden en la megafonía. El fotógrafo Miguel Temprano, que va con dos cámaras, capta la escena.

Es sábado y las nubes coquetean con el tímido sol. La salida se inicia en el campo de fútbol. Nacho Vázquez, de 52 años, pertenece al grupo "Los últimos samurais". Lleva puesta una cinta en el pelo 'Hachimaki', que representa la fuerza y el honor. A las 11.30 ya han pasado ciclistas y corredores por la Plaza de Toros de Ronda, un coso único, donde Pedro Romero creó el toreo a pie. La tauromaquia moderna. La furgoneta que copilota el brigada Manjón, natural de Valladolid y con muchos años de servicio en Ceuta y Ronda, se dirige a la carretera de Campillos, la que en una hora y cuarto conecta a Ronda con Málaga capital. Apenas cinco kilómetros, en el arcén de la derecha, junto al camping multiaventura ‘El abogao’, se encuentra la finca de Fran Rivera, la que era propiedad de su abuelo, Antonio Ordóñez, el Maestro, el íntimo amigo de Hemingway. Allí reposan las cenizas de Orson Welles.

Salida de la prueba el sábado por la mañana desde el campo de fútbol de Ronda (Toñi Guerrero).
Salida de la prueba el sábado por la mañana desde el campo de fútbol de Ronda (Toñi Guerrero).

Hay que tomar la desviación que conduce a la bodega cortijo los Aguilares, donde se degustan de los mejores tintos de Europa entre viñedos que podrían coquetear con el Napa Valley de California. Muy cerca, en la zona de Navetas, la carrera se sitúa en un cruce donde en la parte superior de la calzada marchan los corredores y por la parte inferior los ciclistas.

- ¡Venga, Curro!- anima una corredora del Grupo Ascari, que lleva el mismo nombre que el circuito (26 curvas a 220 km/hora), conformado por 20 personas. “Yo no estoy en la carrera porque no soy tan ‘pro’ como ellos", dice la chica. Suena un golpe seco. Las miradas se concentran en un punto. La rueda delantera de una ciclista y la gravilla. Fatal combinación. Pierde el equilibrio y choca con una de las vallas protectoras. Se levanta enseguida. No le pasa nada. De fondo un grupo de legionarios interpreta el ‘Novio de la Muerte’. El público se arremolina y anima: “¡Ya falta menos! ¡Vamos, fuerza!”.

La marcha recorre la Serranía de Ronda. Y no se limita a la provincia de Málaga, sino que hace incursiones en dos municipios gaditanos que son fundamentales si se quiere entender en qué consisten los 101: Setenil de las Bodegas y Alcalá del Valle. Antes de llegar a este pueblo, aparece en la carretera, junto a un coto de caza, una romería donde van carriolas, una carreta donde va una reproducción del santo y tamborileros entre sonido de flautas. Andalucía.

Como el Angliru

La Cuesta del Tajo Melchor tiene una pendiente del 28%. Es el Angliru de la carrera. Unos 300 metros de prodigiosa verticalidad. Un desafío. Los ciclistas suben como pueden. Una cima imposible de superar si no es con tesón y el apoyo de los compañeros. “¿Es que aquí nadie aplaude?”, inquiere un ‘cientounero’. “¡Va por ustedes!”. Saca fuerzas donde no parecen quedar. Al final de la cuesta hay un llano. Tiempo de avituallamiento. “¿Ves? ¡Al final lo has conseguido!”. Lorenzo, de 70 años, es de Ciudad Real. Lleva 16 años participando en la 101. Sigue en forma. “No me voy a retirar”. “Su p… madre, ¡lo subí, en dos tandas”, dice otro ciclista. Richard, de unos 45 años, muy en forma, está empezando a subir la cuesta. Lo logrará.

Es el turno de Setenil de las Bodegas. Por debajo de las cuevas “del sol y de la sombra” pasan los primeros marchadores. Las terrazas de los restaurantes están llenas. En Setenil muchos participantes de la prueba aprovechan para comer un poco. Otros incluso es punto final, el objetivo que se han marcado. Antonio Ropero tiene 44 años y es natural de Priego de Córdoba. “Es muy difícil entrar. ¡Ojalá estuviera corriendo hoy”, se lamenta. Participó en tres ediciones: 2013, 2014 y 2015. Cada vez tenía mejor tiempo: 15, 13 y 11 horas hace dos años. Una amiga de Antonio entra en la conversación. Tenía dorsal para este año, pero está lesionada con un problema de abductores. “Hay que poner más plazas en la 101. El ambiente es fantástico, pero yo creo que en sí la carrera no es tan bonita como la del Torcal [Antequera] o la Ultra Trail Sierra Bandoleros”, asegura.

Subida de la cuesta del Tajo Melchor en Alcalá del Valle (Toñi Guerrero).
Subida de la cuesta del Tajo Melchor en Alcalá del Valle (Toñi Guerrero).

Hay italianos como Vincenzo, de 26 años, de vacaciones en España que se asombran del ambiente. Setenil parece una etapa de esas de la Vuelta Ciclista con Perico Delgado o José Luis Laguía, que acababa en los Lagos de Covadonga, con el equipo Reynolds siempre triunfando. El público explota de alegría. El corredor Nacho Muñoz, que al final no pudo acceder a la competición (estaba en lista de espera), almuerza en Setenil con unos amigos. Uno de ellos (Ismael) tiene a su mujer corriendo. Patricia llegó a las cuatro y media de la madrugada. A las cinco de la tarde, Nacho comenta: “La gente ya tiene problemas de ampollas y otros de ligamentos. Como te dije, aquí hay muchos daños colaterales. Esta carrera es una pasada. Tengo una envidia total. ¡Y sana!”.

Iñigo Susaeta lidera el equipo que homenajea al teniente Arturo Muñoz Castellanos. Llegan de los últimos a la meta, porque ayudan a los que se quedan rezagados

Es hora de acercarse a los Pinos del Marqués en Arriate, un pueblo limítrofe con Ronda. Manolo, el fotógrafo que viaja en la furgoneta de los medios, se muestra muy orgulloso de las vistas de su pueblo. Estamos en el puesto de avituallamiento número 7. Ofrecen un cuarto de plátano, varios trozos de naranja y agua. Hay también varios camiones cisterna que surten de agua de manguera a los corredores. Por todo el recorrido surgen varias leyendas que recuerdan los valores de la Legión. "Espíritu de unión y socorro", en esta ocasión. “Sea de donde sea, acudirán todos y con razón o sin ella defenderán al legionario que pida auxilio”. Es el lema que lleva a rajatabla el equipo liderado por Iñigo Susaeta, que homenajea al teniente Arturo Muñoz Castellanos, fallecido en 1993 en misión humanitaria. Llegan de los últimos a la meta, porque ayudan a los que se quedan rezagados.

El barco de 'Chanquete'

Los primeros ciclistas culminan la dura prueba a primera hora de la tarde. Javier Montes Cantero, de 45 años, es uno de los que acaba de terminar. Él corre con su equipo Verano Azul. Cuando les imponen la medalla cantan “¡El barco de Chanquete, no nos moverán!". Se ríen todos muy emocionados. Luego se relajará con su amigo Nacho Muñoz. Ambos son compañeros desde 1º de EGB del colegio Los OIivos (Agustinos) de Málaga.

Ya llega el primer corredor. El 'speaker' se emociona. El que vence se llama Joan Marc Falcó. Es valenciano y lleva cinco años afincado en la Costa del Sol. Es profesor en un instituto de Alhaurín de la Torre. Su mujer es de Ronda. Se conocieron en Málaga. “Entrena en todas partes y la Serranía se la conoce muy bien. Hace dos años quedó segundo y tenía la espinita y por fin se la ha sacado”, afirma Maribel, su mujer, que es coordinadora de ambulancias, y lleva en los brazos a Aitana (el jueves cumplió un año).

En el grupo de Whatsapp que la organización mantiene con los medios de comunicación alguien pregunta:

- ¿Y SúperPaco? ¿Dónde está SúperPaco?

- Acaba de llegar a Setenil- contesta el sargento Flores.

¿Quién es SúperPaco?

Francisco Contreras Padilla, pastor malagueño, nacido en 1938, volvió a correr otra 101. En la salida todos lo buscan. Está huidizo. Culminó otra vez la prueba, con su sombrero de paja, ligeramente encorvado y con ganas de seguir compitiendo. Llegó a las ocho menos diez de la mañana a la meta y se fue. Esta vez fue un SúperPaco y no visto.

Arturo Romaní es subsecretario del Ministerio de Defensa. Un hombre de confianza de María Dolores de Cospedal. Se baja de la bicicleta y habla con el teniente coronel Francisco Javier López Villar del Tercio Alejandro Farnesio 4º de la Legión, coordinador de la prueba junto al coronel jefe Ramón Armada. “La organización te ayuda en todo momento. He hecho unas cuantas carreras y el ambiente que hay aquí no existe otro igual. Somos todos legionarios por un día”, dice Romaní, que tenía la “ilusión” de hacer la competición a pie, “pero no he podido entrenar mucho he tenido lesiones y alguna caída”. Continúa el subsecretario: “El recorrido es muy triatlero y hay que echar el pie a tierra con fuerza, hay mucha bajada y subida y pocos llanos”.

Un detalle del libro que conmemora la XX edición de los 101 kilómetros de Ronda (Toñi Guerrero).
Un detalle del libro que conmemora la XX edición de los 101 kilómetros de Ronda (Toñi Guerrero).

Romaní pensaba completar la prueba en algo menos de nueve horas. “Pensaba darle más fuerte, pero he decidido disfrutar, charlar con la gente y pararme en cada sitio bonito que veía para hacerme una foto”. ¿Lo más duro? "El principio. Cuando el altímetro no se mueve y comprueba que todo el desnivel se acumula para el final. También con los atascos y los parones por la cantidad de gente. Es un gusto tomar la rueda de pronto con el plato pequeño y el piñón grande y yendo para arriba”.

Bernardino León (Málaga, 1964), que fue secretario de Estado de Asuntos Exteriores y secretario general de Presidencia en la etapa del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, ha cumplido diez participaciones en la 101. En marcha, combinando bici y carrera y ahora sólo en bicicleta. Trabaja en Abu Dabi como director de una escuela diplomática. Cuando residía en Madrid, Bruselas o cuando su vida transcurría en entre Nueva York y cualquier otro lugar del planeta, entre aviones y coches oficiales, siempre volvía a Ronda cada segundo fin de semana de mayo. Ni un año ha faltado. Lo cuenta en ‘Lecciones de vida’, uno de los 101 capítulos del libro ‘El valor se lleva dentro’ que se acaba de publicar.

Bernardino León, el pasado sábado por la noche, tras conseguir la medalla en los 101 kilómetros de Ronda (Agustín Rivera)
Bernardino León, el pasado sábado por la noche, tras conseguir la medalla en los 101 kilómetros de Ronda (Agustín Rivera)

“La marcha es infinitamente más dura que la bicicleta. Me gustar más correr, pero con la vida que llevo no puedo entrenar. Los 101 es una maravilla. Es una prueba única. Es como mi Ramadán de los árabes o la catarsis de los griegos”, aporta León. Otro significado personal que tiene la prueba es la que hace con sus amigos del Colegio de San Estanislao (los Jesuitas de Málaga). Se llaman Adolfo y Ceferino y son inseparables desde que tenían seis años y compartían pupitre en el colegio de El Palo donde también estudió Ortega y Gasset. León tambión ha corrido esta prueba con su hermanos en varias ocasiones.

Le impresiona “mucho” no sólo el despliegue logístico de La Legión, sino los valores que aporta para resaltar la imagen de Ejército moderno. Y cree que la prueba resulta “muy asequible”. “Hay gente que se pone a andar en el minuto cero y no corre nada. Y llega a la meta. Es una prueba que la haces contra ti mismo. Los 101 no se hacen con las piernas, sino con la cabeza”. En esta prueba lo peor es al final. Queda subir la ermita, donde resulta muy complicado no empujar la bicicleta en las últimas rampas. O la cuesta del cachondeo. Sí, del cachondeo. Un asunto muy serio esta cuesta.

La dureza de la noche

Juan José Morales supera los 30 años. Esta es su trayectoria en la carrera: hace tres años se estrenó y terminó la prueba. Corrió los 101, junto a otros cuatro compañeros, en la modalidad de por equipos. Dos se retiraron. La acabaron otros dos, además de él. En 2015 tuvo que retirarse en el kilómetro 40 por problemas de estómago. Y el año pasado tenía dorsal, pero no fue porque estaba lesionado. Este año se queda con "la gran satisfacción de acabar una prueba tan dura como esta tanto por kilómetros recorridos, como por desniveles y todo ello sin tener ningún tipo de molestia en mi cuerpo que no sea lo típico de una ampolla en el pie y el cansancio lógico de haber corrido durante tantas horas”.

Tito Belascoain también ha participado por primera vez. Tito se ha entrando saliendo a correr/andas muchos kilómetros, pero en la preparación le “pilló un poco el toro”. Tuvo una lesión de tobillo y hasta febrero no pudo empezar fuerte. Lo más duro para él fue la noche. “Te pilla en la parte más dura de la carrera y parece que no pasan ni los minutos ni los kilómetros”. Al final hizo un tiempo de 22 horas y 10 minutos.

Con más experiencia cuenta Rafael Rubio. Ha sido su tercera edición consecutiva. Las tres en bicicleta. Terminó la prueba en 7 horas y 59 minutos. “¿Entrenar? Pues bueno, lo que el trabajo y la familia permite, quitándole muchas horas al sueño para poder salir temprano y volver pronto; apretando en fin de semana porque los demás días es complicado… Es una prueba que requiere de más entreno, pero bueno, cuando no se puede... de todos modos, para ir a disfrutar y pasarlo bien con los compañeros, es suficiente".

En 2015 el calor fue asfixiante. La carrera se hizo aún más dura. En 2016, de Benaoján a la meta aquello se había convertido “en un auténtico lodazal, lo que los corredores llamamos ‘El país del barro’. Ayer hizo una gran temperatura por suerte, y no había mucho barro, incluso nos llovió un poco por la zona de Setenil de las Bodegas, lo que se acaba agradeciendo”, recuerda Rubio.

Un grupo de mujeres militares del Regimiento de Caballería Lusitania número 8, que estuvo de misión en Irak, corre todos los años la prueba

Ana, 30 años, empezó a correr los 101 kilómetros en 2006. "Hay que vivir esto al menos una vez en la vida", asegura. Ella, con el Regimiento de Caballería Lusitania número 8, ha estado ya de misión internacional en Irak. En 2016 estaba allí cuando el militar Aarón Vidal murió en un accidente de tráfico en la ciudad iraquí de Besmayah, 40 kilómetros al este de Bagdad. Son media docena de miltares las que corren.

Julia, gaditana de 36 años, no se lo toma como una carrera, sino "como una experiencia". El año pasado lo hizo en 10 horas y este año ha conseguido ser de las primeras en categoría femenina. Manuel, su marido, cree que todo hay que vivirlo. Rosa, de 23 años, se entrenó con tiradas muy largas de 120 kilómetros en carretera. "Yo vengo a disfrutar", proclama. La aventura. Como todos los 'cientouneros' que llevan el valor siempre dentro.

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