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'El nacimiento de una nación': la revancha de los esclavos

Más allá de la polémica que ha dañado su carrera comercial, 'El nacimiento de una nación' queda lejos de funcionar como la película rabiosa que debería poner en jaque al cine institucional blanco

Foto: Fotograma del filme
Fotograma del filme

La campaña #OscarsSoWhite marcó la pasada edición de la entrega de los Premios de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas de Hollywood. Tras las numerosas críticas ante la nula presencia de profesionales afroamericanos entre los nominados, la industria del cine estadounidense asumió un ejercicio de autocrítica que tuvo una de sus principales manifestaciones en la histórica portada de Variety del 26 de enero de 2016 que rezaba “Shame On Us”. Hollywood se comprometió a actuar. Además, nos encontrábamos en el último año de presidencia de Barack Obama. Todo parecía indicar que la temporada 2016/2017 sería la del cine afroamericano. Y el primer film llamado a compensar tantos años de preeminencia blanca en los Oscar (y en las carteleras) fue 'El nacimiento de una nación'.

'El nacimiento de una nación': la revancha de los esclavos

Esta ópera prima del también actor Nathan Parker se estrenó en el Festival de Sundance de 2016, hace poco más de un año. Las crónicas por entonces hablaron de “una de las experiencias más emotivas jamás experimentadas en una sala de cine” y del “logro significativo” que suponía la película. 'El nacimiento de una nación' fue saludada con tanto entusiasmo que Fox corrió a adquirir los derechos de distribución por una cantidad récord. Pero este verano estalló el escándalo.

Variety publicaba en agosto una entrevista con el hermano de la mujer que había denunciado a Parker y a su compañero Jean Celestin, guionista de 'El nacimiento de una nación', por violación en su época universitaria. El cineasta nunca ocultó este episodio de su pasado. En el juicio, él fue absuelto del delito de violación. A Celestin lo condenaron a seis meses por agresión sexual. Pero la exclusiva de Variety añadía una novedad al caso. La muchacha que había presentado la denuncia se acabó suicidando años más tarde.

'El nacimiento de una nación' ha sido ignorada por Hollywood en su reparto de nominaciones y la polémica ha dañado su carrera comercial

Parker no reaccionó de la mejor de las maneras ante este giro en los acontecimientos. Sus excusas sonaron pobres ante un caso que se sitúa de pleno dentro del necesario debate en torno al consentimiento y a la violencia sexual (no solo) en los campus universitarios. Todo el asunto daría para un tesis sobre la percepción pública de una película y la gestión de crisis comunicativas. El caso es que 'El nacimiento de una nación' ha sido totalmente ignorada por la Academia del Cine de Hollywood en su reparto de nominaciones y la polémica ha dañado su carrera comercial. Además, no tardaron en aparecer títulos como 'Moonlight' prestos a abanderar la causa del cine afroamericano una vez descalificada la primera candidata.

Premisa poderosa

'El nacimiento de una nación' parte de una premisa poderosísima. Ya desde su título pretende enmendar cien años de relato cinematográfico institucional en Estados Unidos. El film se apropia del nombre de la película de David Wark Griffith que sentó las bases de lo que entenderíamos como cine clásico, tanto en lo que se refiere a la gramática como al formato de explotación comercial. Como denuncia uno de los documentales nominados, este sí, a los Oscar, 'Enmienda 13' de Ava DuVernay, este panfleto de exaltación de Ku Klux Klan contribuyó a fijar en el inconsciente colectivo blanco el estereotipo del afroamericano libre visto como una amenaza. Y normalizó, como a su manera también llevó a cabo el western, la construcción de un relato fundacional de base racista.

'El nacimiento de una nación'
'El nacimiento de una nación'

Parker se plantea subvertir este orden de cosas a través de la historia de Nat Turner, un esclavo que en 1831 lideró un alzamiento contra los terratenientes blancos que le sometían a él y a tantos otros afroamericanos a todo tipo de abusos. El director se reserva para él el protagonismo principal de la película, un drama épico en torno a una figura mesiánica que experimenta el típico proceso de conversión. Esclavo ejemplar al que enseñan a leer, Turner acaba llevando a cabo, por encargo de su propietario, una tarea de proselitismo religioso entre el resto de esclavos. Los blancos confían en que la religión funcione de antídoto frente a posibles brotes de rebelión. Sin embargo, al entrar en contacto con la cruda realidad de otros hombres y mujeres esclavizados, Turner toma conciencia de la profunda injusticia de la que están siendo víctimas y acaba encabezando la sedición contra sus opresores.

Lejos de cuestionar el modelo de cine que estableció 'El nacimiento de una nación' de Griffith, la película de Nate Parker se adhiere a las rutinas más trilladas, previsibles y plúmbeas del drama de exaltación heroica. De acuerdo en que se invierte un imaginario que el cine estadounidense apenas ha cuestionado. Aparte de la reciente '12 años de esclavitud', del británico Steve McQueen, son pocas las películas de Hollywood que visualizan el sistema la brutalidad sistemática que imperaba en las plantaciones del Sur de los Estados Unidos y/o adoptan el punto de vista de los esclavos. Sobre todo en su segunda parte, 'El nacimiento de una nación' plasma la violencia ejercida por los blancos hasta el punto que alguna escena deviene literalmente insoportable.

A Parker, además, le pierde el egocentrismo. El film se centra de tal manera en el personaje que él mismo encarna que la figura de Nat Turner nos llega hipertrofiada. Las vicisitudes del resto de personajes importan solo en tanto afectan a la psicología del protagonista y contribuyen a forjar al futuro héroe. Y esto implica también la violencia sexual que ejercen los blancos hacia las mujeres negras. Cuando la esposa de Turner es víctima de una violación, la película se interesa más por los efectos en el marido que en la mujer que ha sufrido el ataque.

En el fondo, 'El nacimiento de una nación' parte de la misma idea que algunas de las películas recientes de Quentin Tarantino: convertir el cine en un espacio de revancha histórica. También aquí se va cociendo lentamente el caldo de cultivo que desencadenará un baño de sangre final. La rabia desencadenada tenía que ser otro de los motores del film. Nada de apelar a un final conciliador o complaciente para el espectador blanco. Se trataba de plasmar cómo la situación que vivieron los afroamericanos en manos de sus “propietarios” no podía desembocar en otra cosa que en el odio más exacerbado y virulento. Pero Parker es incapaz de manejar los compases de la venganza con el virtuosismo de Tarantino y el último tramo de la película tampoco consigue estar a la altura del estallido de violencia final de, por ejemplo, 'Django desencadenado'.

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