epidemia del siglo XXi

El problema con la diabetes tipo 2 que nunca te habían contado

Un doctor británico afirma que esta dolencia, una de las más extendidas del mundo, no es realmente una enfermedad, y la comunidad médica replica que eso "es una burrada"

Foto: El diagnóstico es fundamental en la diabetes de tipo 2. (iStock)
El diagnóstico es fundamental en la diabetes de tipo 2. (iStock)

“Usted está gorda, no enferma”, es la tesis de Sir Muir Gray, premiado doctor británico de sienes plateadas y laureado por sus pioneros trabajos en diagnóstico fetal e infantil. La diabetes de tipo 2 no existe, insiste el veterano médico, causando un considerable revuelo entre la comunidad sanitaria. “Deberían llamarlo síndrome de deficiencia caminadora”, ironizó la semana pasada el célebre doctor, negando que esta dolencia —que en España se estima que afecta a más del 10% de la población— sea realmente una enfermedad y “achacando su existencia a los hábitos de la vida moderna”.

En el mundo, se estima que hay cerca de 350 millones de personas afectadas por este problema. En España, según la Federación de Diabéticos Españoles, casi cuatro millones. Los casos se han triplicado en los últimos 20 años. Aproximadamente, el 90% de los diagnósticos se encuadran en el de la diabetes de tipo 2. La cantidad de dinero gastado por las administraciones al respecto es muy elevada. Se estima que en 2012 esta dolencia fue la causante directa de 1,5 millones de muertes y que otros 47 millones padecieron consecuencias muy serias, como infartos, ceguera o amputaciones de miembros. Sin embargo, algunos médicos españoles matizan estas cifras y achacan a los informes a través de los cuales se extraen los datos el “no ser muy serios desde el punto de vista metodológico”.

Nos salva que un 50% de los diagnosticados con diabetes tipo 2 a quienes se les prescriben 10 pastillas diarias no se las toman

“Lo que ha dicho Gray, expresado de ese modo y sin matices, es una barbaridad”, estima el doctor Carlos Martínez. “El tratamiento como una enfermedad, con medicación incluida, disminuye la mortalidad de una dolencia que lleva aparejados problemas, por ejemplo vasculares, muy graves. Otra cosa es que lo primero sea perder peso y, en concreto, volumen abdominal”, apunta Martínez. "¡Es una burrada, me parece fatal!", coincide el Dr. José Ramón Calle, especialista en endocrinología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y asesor de la Fundación para la Diabetes.

"Es la epidemia del siglo XXI, la diebesidad", exclama Calle, que le concede a Gray "que tiene razón en que es una enfermedad que tiene que ver con el estilo de vida, pero hay muchos otros factores en juego". Calle, apoyándose en todas las publicaciones y estudios de las asociaciones más prestigiosas, además de su propia experiencia clínica, es partidario del uso de fármacos "desde el mismo momento del diagnóstico, y, en muchas ocasiones, en situaciones intermedias con valores altos de azúcar en sangre".

Epidemia del siglo XXI

Cristina Ramón fue diagnosticada con prediabetes. Le recetaron metformina. Y, por supuesto, hábitos de vida saludables. “No debía comer hidratos de carbono, porque generan mucha azúcar en sangre, y debía hacer deporte, claro”. La comunidad médica española, una buena parte de ella, sí está de acuerdo con Gray en que recetar casi 10 pastillas al día a gente cuyo problema se podría resolver “simplemente perdiendo peso y moviéndose un poco” es muy excesivo. Ramón perdió interés en sus pastillas y realmente nunca llegó a tomárselas. Hasta la fecha, no ha tenido ningún problema. “Nos salva que hasta un 50% de la gente a quien se le han prescrito pastillas directamente no se las toma”, reflexiona en un foro de debate de médicos de familia Josep Franch.

Pero parece que hay un problema previo que el doctor José Javier Mediavilla resume en una pregunta: “¿Cómo diagnosticar la diabetes?”. Porque en ese aspecto sí que parece que hay algunos médicos disconformes con los procedimientos actuales. “Hay gente que nunca va a necesitar tratamiento farmacológico y que incluso puede ser contraproducente”, consideran.

El doctor Gray aconseja dejar lejos el mando a distancia al ver la televisión y aguantar los anuncios sostenido por una sola pierna

Lo cierto es que tener un nivel elevado de azúcar en sangre no implica necesariamente tener diabetes ni ninguno de los problemas graves asociados a la dolencia. "Está claro que en los últimos tiempos se está diagnosticando un poco a la ligera, pero siempre será mejor eso que dejar de tratar correctamente un caso que lo necesite", puntualiza Martínez.

Franch va más allá de Mediavilla e ironiza sobre varios de los estudios que comparan al diabético con el infartado en cuanto a riesgo vascular se refiere. "¿Alguien duda de que la industria farmacéutica está detrás de la difusión, propagación y magnificación de esta afirmación?", se pregunta retóricamente el doctor.

La realidad es que la escandalosa afirmación del sanitario británico, que no esconde los graves riesgos para la salud a largo plazo de la diabetes, tiene una base de razón, incluso de tipo práctico: “Lo peor de diagnosticarla como una enfermedad que además es crónica es que la gente la entienda como que tiene artritis reumática. Es decir, que se limiten a medicarse, cuando los problemas desaparecerían si se moviesen del sillón”. Entre sus consejos, está el de ver la televisión con el mando a distancia "bien lejos de tu alcance" y esperar aguantando sobre una sola pierna a que concluyan los anuncios.

Frivolidad

Desde la Fundación para la Diabetes, muestran cierta incredulidad ante las afirmaciones de Gray. Esta asociación ha presentado al Gobierno unas propuestas para favorecer el tratamiento de esta enfermedad que van justo en sentido contrario a los argumentos esgrimidos por el médico británico. Por ejemplo, sugieren que se creen "unidades multidisciplinares contra la diabetes en todos los hospitales de referencia". También, y ahí sí están más en sintonía con el polémico doctor, "incrementar los fondos para hacer campañas de concienciación en la vida saludable para poder evitar la diabetes de tipo 2". Por cierto, y para aquellos que se lo pregunten, la diabetes de tipo 1 es en la que los niveles de azúcar en sangre son muy altos porque el páncreas no produce insulina.

En definitiva, el debate viene dado de nuevo por una cuestión de psicología moderna: “¿Para qué hacer un esfuerzo si hay una pastilla milagrosa que me lo evita?”. Sin embargo, recuerda el doctor Martínez, “no conviene frivolizar en exceso con cuestiones de salud que tienen como resultado final la muerte”.

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