la mayor oferta de empleo público

Los nuevos opositores: "Soy mujer, tengo más de 40 años, niños y voy a aprobar"

El perfil del opositor ha cambiado vertiginosamente en menos de ocho años tras los récords de desempleo en 2013, que dejaron a millones de cuarentones en la calle

Foto: Estudiantes en un examen. (iStock)
Estudiantes en un examen. (iStock)

En marzo de 2013, según la Encuesta de Población Activa, se volvía a reventar el techo de parados en España alcanzando los 6.202.700. De ellos, algo más de un millón eran jóvenes. Pero los otros cinco millones no eran tan jóvenes. Muchos de ellos superaban los 40 años. Y sus probabilidades de encontrar otro empleo semejante al que habían perdido, nulas. Algunos hicieron cálculos: la indemnización del despido sumada a los dos años de subsidio de desempleo servirían para sostenerlos mientras preparaban las oposiciones. Pero se toparon con que no había casi oferta de empleo público. Y que, además, la idea no solo se les había ocurrido a ellos. Estos días se ha conocido que en los próximos tres años se sacarán a oposición 250.000 plazas públicas, además de otras 67.000 solo en 2017.

“A partir de 2013 cambió radicalmente el perfil de la gente que vino a nuestra academia”, explica David, preparador de la oposición de Prisiones. “Ya desde 2009, en los inicios de la crisis, había variado un poco, subiendo hasta la treintena la edad más típica, pero en los últimos cuatro años ha aumentado hasta más de los 40 e incluso 50”. El perfil del nuevo opositor, “sobre todo del que aprueba”, es mujer, tiene más de 35 años, cargas familiares y estudios medios o superiores. Y, por supuesto, proviene del desempleo de larga duración o el trabajo de escasísima calidad.

Al principio intentaba ser creativa al contestar a las preguntas del temario y eso no funciona para nada así, hay que memorizar

Lidia Sanchis, de 49 años y con tres hijos, responde punto por punto a esa descripción, aunque aún espera su plaza. Periodista, trabajó en la Radio Televisión valenciana más de 15 años. Hasta que, sencillamente, ese medio desapareció consumido por una deuda y un descrédito gigantescos. Lidia optó por las oposiciones a profesora de castellano. Aunque tardó en entender la mecánica correcta de los exámenes: “Al principio, aplicaba técnicas periodísticas, aportando ideas y enfoques distintos al temario, tratando de ser creativa. Luego descubrí que eso no funciona así. Que lo que te piden es memorizar los temarios lo mejor posible y ya está”, explica mientras viaja en tren de Castellón a Valencia para asistir a las clases de una preparadora de oposiciones. Regresará a su casa a las nueve de la noche.

La inversión que debe hacer un opositor es: los temarios (dependiendo del examen, pueden llegar a los 600 euros), la academia o preparador individual (también muy variable, pero oscilante entre los 100 y los 400 euros mensuales) y las tasas de las pruebas propiamente dichas, cerca de los 60 euros de media. El tiempo de preparación también es muy variable dependiendo de la persona y la naturaleza de la prueba, aunque las más sencillas oscilan entre uno y tres años de estudio.

Nueve horas de lunes a domingo

Carlos Valiña, opositor y maestro de opositores con su libro ‘Método profesional para aprobar’, corrobora la impresión de Sanchis: “lo primero que tienen que hacer es entender que no vale lo de la carrera o el colegio. Hay que memorizarlo todo”. Y, para eso, este secretario judicial dice que hay que estudiar “al menos 36 horas a la semana para las más sencillas". Valiña, al que le gustan mucho las metáforas y las comparaciones, lo explica así: “No puedes construir el puente de Brooklyn con un saco de cemento”. O también así: “No es lo mismo cruzar el canal de la Mancha que el océano Atlántico”.

Ángel tiene 47 años y vive en Ciudad Real. Ahora es un hombre inclinado sobre una Constitución española, pero hace poco más de tres años gritaba antes de marcar el golpe: era instructor de artes marciales en su propio gimnasio. Esa fue la primera vez que se reinventó. Pasó de estar 25 años conduciendo camiones “hasta que llegó la crisis y la empresa quebró” a ser “un emprendedor de esos”. Y de montar su propio negocio a venderlo y con el dinero ganado aguantar un par de años para sacarse unas oposiciones a funcionario de prisiones: "¡La vida da muchas vueltas, y más cuando todo se va al carajo!".

Si no me gusta el perfil del que se apunta a mi academia, lo echo, no quiero que pierdan el tiempo ni que me lo hagan perder

Estudia de ocho a nueve horas diarias “de lunes a domingo”. Pero no le gusta. “No entiendo para qué nos hacen memorizar todas estas cosas que no te van a servir para nada en el trabajo. Sería más lógico que te formaran en lo que vas a hacer”. “La oposición es como una competición y ya está, no tiene mucho que ver con las cualidades reales de cada uno”, insiste Ángel.

La academia de David, la de Prisiones, es un poco peculiar. “Si no me gusta el perfil de la persona que se apunta, le digo que no venga más. No quiero que me hagan perder el tiempo ni que lo pierdan ellos”. "Esto es algo muy duro y si alguien no se lo va a tomar en serio, simplemente no va a funcionar, así que en ese sentido se puede decir que somos algo elitistas", añade.

Tirando de ahorros y de familiares

El método son las palabras clave. “Para mí, que soy de ciencias, me vienen fenomenal. ¡Tú recuerdas las claves y después viene el apellido de golpe!”, explica Cecilia, que lleva varios años en paro, tiene 43 años y dos niños de cinco y seis años. “Hace años se me quedó en la memoria la posibilidad de opositar y hace poco me dije que ya bastaba de trabajos precarios, temporales y mal pagados. Llevo nueve meses tirando de ahorros y estudiando casi 10 horas diarias”. Para poder afrontar este periodo de estudio, Cecilia ha tenido que contar con la ayuda de sus familiares, especialmente para que se hagan cargo de sus hijos. "La jornada del opositor es más larga que la de un trabajador normal", insiste.

“Actualmente, hay gente hasta de 60 años preparando oposiciones. ¿El motivo? Que simplemente no pueden ir a otro sitio. Lo más curioso es que creen que están en desventaja y no es cierto, al contrario. Suelen ser más cultas, racionan mejor el esfuerzo y su experiencia en la vida les hace enfocar con más tino las cuestiones”, razona Valiño, que también da el visto bueno a la tesis de que las mujeres se ajustan más al perfil exitoso del opositor: “Estudian más y tienen más paciencia y resistencia”.

Alma, Corazón, Vida

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