Las salidas laborales

Estudié derecho, pero ahora qué...

La carrera de leyes es una de las que menos parados lanzan al mercado laboral, pero ¿cuántos de esos licenciados no cambian de oficio de manera radical?

Foto: Abogados se saludan tras un juicio. (iStock)
Abogados se saludan tras un juicio. (iStock)

“Haz algo seguro, no cometas locuras”, es una de las principales razones por las que cada año los matriculados en las universidades españolas en derecho ganan por goleada a cualquier otra licenciatura. El consejo, generalmente familiar, no anda desencaminado. En estos años deberían licenciarse 61.566 estudiantes de esta carrera (la que más jóvenes españoles recluta con mucha diferencia: la segunda es dirección y administración de empresas, con 53.080 matriculados). De ellos, solo se quedarán en el paro el 10%. Son, después de matemáticas, los estudios que menos desempleados generan. Así que punto para los padres precavidos, pero ¿todos se dedican al derecho? La respuesta, rotundamente, es no.

Al actor Manu Baqueiro (Madrid, 1978), célebre por su destacado papel en la serie 'Amar en tiempos revueltos', el cuerpo le pedía teatro, pero su “parte conservadora” le pedía “una carrera seria por si aquello no funcionaba”. El primer asalto lo ganó la formalidad. Acabó la carrera “fácil”, le gustó, le dieron una beca en un despacho y allí ya no se encontró tan cómodo: “No me motivaba”. Así que terminó arte dramático y fue encadenando trabajos de publicidad con pequeños papeles hasta acabar triunfando en su profesión actual. Ganó la “parte lúdica” por KO, aunque advierte: “Volvería a elegir la misma opción, la de derecho. Yo tuve mucha suerte, pero en esta profesión, la de los actores, hay un 85% de paro”. Aunque ya sería demasiado tarde: "La verdad es que no me acuerdo de nada, cuatro cosillas de derecho civil", confiesa.

"Volvería a hacer derecho, yo tuve suerte, pero en el espectáculo hay un 85% de paro", dice el actor de 'Amar en tiempos revueltos' Manu Baqueiro

Una de las razones para escoger estos estudios, según los expertos en orientación universitaria, es precisamente que no cierran las puertas de casi nada, permiten opositar a casi todo y proporcionan una base de conocimientos útil, aunque uno dé un giro de 180º en su elección laboral. Lo cierto es que, al margen de quienes se dedican al mundo jurídico, hay muchísimas oposiciones en las que los temarios son similares a algunas de las materias de la carrera, "al margen de una metodología de estudio y memorización ya aprendida".

Probablemente, ese caso se ajusta bastante bien al del poeta, novelista, letrista y crítico musical y literario Carlos Zanón. Además de usar sus conocimientos como penalista para algunas de sus novelas de género negro, poco más le queda, a primera vista, de su paso por las aulas. “Yo no tenía ningún tipo de vocación para ser abogado o similar. Quería ser escritor o 'rock star' o ambas cosas, para qué elegir”.

Un plan genial

La elección de Carlos remite a una razón esgrimida por muchos otros 'disidentes' del derecho: “Mis padres estaban emperrados en que estudiara una carrera. Éramos una familia humilde, para ellos era muy importante y a mí no me costaba estudiar, así que estudié un poco por todo eso”. Zanón también señala, al igual que Manu Baqueiro, la temprana edad, “con 17 añitos”, a que se hace la elección de estudios. “Yo quería, al menos, trabajar escribiendo y pensé en periodismo, pero conocí a una chica que estaba estudiando derecho y cambié de opinión y acabé haciendo derecho. El plan genial tuvo dificultades. Ella iba al turno de la tarde y yo por la mañana. Ella era dos años mayor que yo. En fin…”.

Zanón siguió una inercia muy común entre muchos de los matriculados en derecho: “Nunca pensé acabar la carrera ni ejercer. Con 22 años publiqué mi primer libro de poemas y creí que la literatura me rescataría de ser abogado. Tardó un poco en ser así. Décadas. Y cuando lo ha hecho, no sé yo si ha sido un buen cambio. Empecé a dejar de ejercer cuando escribir se convirtió en algo que cada vez te exige más porque cada libro ha de ser distinto, cuando las colaboraciones y los viajes hacían que tuvieras que delegar cosas y que tu cabeza ya no estaba donde debía estar. De todos modos, disfruté más ejerciendo de abogado que estudiando para abogado”, concluye.

"Si no conocías a nadie en el mundillo o no tenías unas notas extraordinarias, solo te quedaba opositar", dice el informático Javier Pastor

La precariedad laboral que afecta a los jóvenes no entiende, eso sí, de elecciones a la hora de ingresar en la universidad. "Más del 70% de los menores de 35 años vive de manera muy precaria, aunque tenga empleo, y eso afecta a los de arquitectura, los de derecho y los que no tienen nada, aunque es verdad que a mayor nivel de estudios, más probabilidades de escapar de ese destino", subraya el sociólogo José Félix Tezanos, autor junto a Verónica Díaz de 'La cuestión juvenil. ¿Una generación sin futuro?'.

Javier Pastor, leonés de 38 años, presenta varios puntos en común con Zanón y Baqueiro: “Buscaba una carrera que tranquilizase a mis padres y tuviera salidas laborales”, explica este informático que se encarga del cableado en red y su mantenimiento en una gran empresa. Pero luego, además de no gustarle demasiado, “no tenía tantas salidas laborales si no conocías a nadie en los despachos o en el mundillo y no habías sacado unas notas extraordinarias. Siempre me quedaba en la fase de las entrevistas”. Al final, se recicló a base de cursillos, "y de un amigo que era programador", hacia la informática, que a principios de este siglo tenía una gran demanda y todavía no estaba saturada de profesionales. "Del derecho recomiendo poca cosa, pero bueno, te permite presentarte a cosas muy variadas", dice sin demasiado convencimiento.

'Top models'

Periodistas y políticos licenciados en derecho hay muchos. Muchísimos. Pero también hay modelos de pasarela, como la ‘top’ Eugenia Silva, o diseñadoras, como Lola Muñoz. También taxistas, como el decano de la profesión en Barcelona, Antonio Carmona. Camareros, temporeros, profesores... y, por supuesto, abogados y jueces.

El caso de Sergio Martínez fue inverso al del resto. Él estudio filosofía por interés, gusto y vocación. Pero después de acabar la carrera se le habían acabado el gusto, el interés y la vocación. “Hice derecho en solo tres años para recuperar el tiempo perdido y ahí sí que encontré mi verdadera pasión”. Martínez lleva 20 años ejerciendo de abogado laboralista. “Entiendo que haya gente que no disfrute demasiado con la carrera, pero la verdadera gracia de este oficio es ejercerlo, no la licenciatura en sí”.

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