EL GREMIO HACE HUELGA

6 razones por las que los taxistas te odian

Un conductor profesional nos confiesa los hábitos que no soporta de sus clientes y que, sin embargo, ha aguantado a lo largo de los más de diez años que lleva en el oficio

Foto: Una mujer coge un taxi en el aeropuerto de Madrid. (iStock)
Una mujer coge un taxi en el aeropuerto de Madrid. (iStock)

A ti te molesta mucho que suenen coplas en su taxi, que intente pegar la hebra para hablar de fútbol, de política, del tráfico, o que dé sospechosas vueltas por calles que no te suenan de nada. Quizá, también, que tenga los asientos cubiertos con bolitas que se te clavan en la espalda, que en el vehículo huela de manera asfixiante a ambientador de pino o que del espejo retrovisor central cuelguen muñequitos que tintinean al chocar entre si. Pero resulta que a él también le molestan cosas que haces tú. Miguel, diez años al volante de uno de los 70.223 taxis que circulan por España, nos señala las seis cosas que más detesta de sus clientes.

Aprovechando la huelga en Barcelona y Madrid (la ciudad española donde más circulan, 15.733) para protestar contra lo que el gremio entiende como competencia desleal de las plataformas que ofrecen alquiler de coches con conductor, hemos querido que un taxista se desahogara y expulsase sus demonios.

Algunos cierran con tal fuerza que casi vuelcan el coche contigo dentro. Te pueden joder la puerta y encima te pegan un susto

Lo primero que menciona Miguel parece muy obvio, pero en un habitáculo pequeño tiene su importancia: "Lo que más me desagrada y no es nada raro es la falta de higiene de algunos clientes, que huelan de manera desagradable por no ducharse, a sudor por no ponerse desodorante, todas esas cosas de limpieza. Vamos, que sean unos guarros asquerosos". Miguel trabaja para una compañía de seguros y en ocasiones tiene que hacer trayectos muy largos, "a Huelva o a Francia, depende de quién se haya quedado tirado en la carretera y de dónde sea...", así que las carreras pueden ser de varias horas. Tema olores, pues, importante. Es lo primero, pero la lista de lamentos no ha hecho más que comenzar.

Lo segundo que saca de quicio a Miguel y a "todos" sus compañeros sin excepción es "EL PORTAZO", así, con mayúculas. Porque "EL PORTAZO" no es un portazo cualquiera, sino la madre de todos los portazos. Se produce con el coche aparcado en plano: "Algunos clientes cierran con tal fuerza que casi vuelcan el coche contigo dentro. Te pueden joder la puerta y encima te pegan un susto de narices si estabas contando monedas o distraido". Y concluye sus amargas reflexiones Miguel: "Dan ganas, literalmente, de matarlos... pero como ya están fuera..."

La encerrona de la maleta

La tercera cuestión que desespera a Miguel y a los de su gremio es lo que ellos llaman el cliente del "ya que". Estos clientes son aquellos que han pactado una ruta en la que no se pone a funcionar el taxímetro. Por ejemplo, a Toledo. Pero durante el trayecto "ya que estamos aquí, pare un momento que voy a comprar algo de cenar en el Eroski" o "ya que pasamos justo por delante, páreme un segundo a saludar a mi tía". Y así. "Por supuesto, después no quieren revisar la tarifa aunque hayas estado una hora esperando enfrente del portal de su familiar como un pasmarote".

En cuarto lugar, le desagrada mucho, a él y a casi todos los de su oficio, que la gente no entienda que el coche es su herramienta de trabajo y que dependen de él y de que esté en buen estado: "Me cabrea muchísimo el cliente que te pisotea tooodo el umbral inferior o zonas del interior del habitáculo sin necesidad por no levantar los pies para entrar al taxi, ¡joder, no es tan difícil! ¡Después te tiras una hora frotando con líquidos especiales para dejarlo limpio y ese tiempo no te lo paga nadie!".

Odian al cliente del "ya que". Es aquel que durante el trayecto va cambiando la ruta: "Ya que estamos cerca de casa de mi tía..."

Para la quinta plaza, reserva a aquel cliente "que te llama y te dice con voz muy suave: ¿te importa subirme la maleta? Tú, educadamente, le dices que por supuesto... y cuando entras al portal y descubres que es un quinto sin ascensor te dan ganas de matarlo". Por cierto, subraya Miguel, "el tipo responsable de la encerrona es habitualmente joven y podría subirse él la maleta perfectamente".

Y para el sexto y último lugar, Miguel reserva el clásico entre los clásicos: "Un fulano te paga con 50 euros una carrera que cuesta cuatro". Todos te dirán que no les importa, pero todos mentirán. Les importa y mucho. Más que nada porque al siguiente que les pague de la misma manera no van a tener forma de darle las vueltas. Eso sí, Miguel confiesa que muchas veces, cuando dicen que no tienen suelto ("no somos el Banco de España"), mienten. Pero estos asuntos les molestan tanto que es posible que si lo haces una vez y te reconocen, ya no te quieran volver a coger nunca más. Advertido quedas.

Alma, Corazón, Vida

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