en la eurozona todo cuesta lo mismo

La 'ley del precio único' o cómo el euro mutila el nivel de vida de los españoles

¿Cuánto cuesta un iPod en Finlandia? ¿Y una blusa de H&M? Podríamos pensar que, dado los distintos niveles adquisitivos, el precio varia. Pero no es cierto

Foto: Una chica mira una camisa de Zara en Madrid (Reuters)
Una chica mira una camisa de Zara en Madrid (Reuters)

¿Cuánto cuesta un iPod en Finlandia? ¿Y una blusa de H&M? Podríamos pensar que, dado que el nivel adquisitivo en el país nórdico es mucho más elevado que en España (allí el salario medio anual es de 38.112 euros, frente al nuestro, que es de 19.102), estos bienes debieran costar más. Pero su precio es exactamente el mismo. Y es debido al euro.

Es la conclusión a la que ha llegado un grupo de investigadores del MIT y la Universidad de Chicago tras comparar el coste de cerca de 120.000 productos de Apple, H&M, Ikea y Zara en 85 países. Los precios de los bienes de consumo que comercializan las grandes cadenas cuestan prácticamente lo mismo en todos los países de la Eurozona.

Una de las reglas básicas del mercado que conoce todo el que tenga unas nociones básicas de macroeconomía es la 'ley de precio único'. Según esta, en mercados competitivos (sin costes de transporte ni barreras al comercio), los productos idénticos vendidos en diferentes países deben tener el mismo precio, ya que, si resultara más barato comprar un bien en otro país, habría incentivos para adquirirlo allí, lo que aumentaría la demanda del bien en el país externo incrementando su coste hasta que se igualaran ambos precios.

Para adquirir el mismo producto de una multinacional un español tiene que emplear el doble de su sueldo que un holandésSe trataba, en cualquier caso, de una ley que nunca había sido respaldada por la evidencia. Dado que siempre hay algún tipo de costes de transporte, distribución o impuestos, ningún estudio empírico había constatado la existencia real de la 'ley de precio único'. Hasta ahora.

“Lo sorprendente de nuestra investigación es que hemos encontrado la ley de precio único”, ha explicado Roberto Rigobon, profesor de management en la MIT Sloan School of Management y coautor del estudio. “Y hemos descubierto que es enormemente dependiente de la divisa en que los precios están marcados”.

Si comparamos los precios de los bienes de consumo, idénticos en cada país, con el salario medio de estos (dividido en 12 pagas), veremos que, para adquirir el mismo producto, un español tiene que gastar el doble que, por ejemplo, un holandés.

La divisa, mucho más importante que lo que se creía

La divisa, en este caso el euro, parece ser un factor mucho más poderoso a la hora de determinar los precios que las características particulares de cada país y consumidores. “Los economistas tienden a creer que lo que determina la diferencia internacional de precios son cosas como los costes de transporte o de la información, los aranceles, las diferencias culturales y otros factores”, asegura Alberto Cavallo, también profesor del MIT y coautor del estudio. “Lo que hemos descubierto es que todas estas cosas no importan demasiado cuando los comercios etiquetan los productos en la misma divisa”.

Las empresas fijan un precio pre-impuesto en cada país pensado para que el precio final sea el mismo en toda la EurozonaEl estudio, publicado en el Quarterly Journal of Economics, analiza los precios que las cuatro compañías internacionales ponen a sus productos en cada país. Los investigadores examinaron tanto los precios online (de todos los portales) como los de tienda y no encontraron diferencias significativas dentro de los países de la Eurozona.

Lo interesante es que, dado que estas grandes multinacionales tienen productos idénticos, producidos en los mismos sitios y repartidos con los mismos sistemas logísticos y de distribución, la 'ley de precio único' debería cumplirse tanto en los países de la Eurozona como en los que están fuera de esta. Pero no es así. Es la moneda única la que provoca que los precios sean idénticos.

El caso de Dinamarca es especialmente ilustrativo. Aunque siguen usando la corona, esta se fija con respecto al euro, pero, pese a esto, los precios divergen enormemente respecto a los de la Eurozona. Y lo mismo ocurre con los países que no usan el dólar pero fijan su moneda con respecto a él. “Esto indica”, en opinión de Cavallo, “que no es la flexibilidad o rigidez del tipo de cambio lo que explica las diferencias”.

El IVA de cada país también podría hacer que el precio de venta al público de los productos cambiara, pero las empresas fijan un precio pre-impuesto en cada país pensado para que el precio final sea el mismo en toda la zona euro. Una explicación a esta práctica de las empresas, tal como sugiere el estudio, podría ser que las firmas tienen en cuenta que los consumidores pueden consultar los precios de cada país en la red y considerarían “injusto” que hubiera una diferencia de precios. “Es posible que sea esto”, apunta Cavallo, “pero puede ser que, simplemente, las empresas piensan en los precios sólo en función de las divisas”.

Una igualdad que genera desigualdad

Sean cuales sean los beneficios o los defectos de la zona euro, la investigación indica que la moneda común está cumpliendo con uno de los objetivos declarados de sus promotores: crear un sistema de precios unificado. Pero ¿es esto algo positivo? Sí, si el nivel adquisitivo también se estuviera unificando, algo que no está ocurriendo ni de lejos.

Las compañías están poniendo los precios en Grecia y Alemania como si fueran dos barrios de la misma ciudadComo apuntan los economistas del MIT, la unificación de precios es un arma de doble filo. A los consumidores relativamente acaudalados de algunos países europeos les beneficia que los precios se igualen. No en vano, un alemán sólo tiene que invertir el 11% de su sueldo mensual para comprarse un iPad. Pero en lugares como Grecia, Portugal o España, donde estamos sufriendo unas importantísimas reducciones salariales, la unificación de los precios no hace más que reducir el poder adquisitivo de los ciudadanos. Para comprar el mismo producto de Apple, un español tiene que invertir el 24% más de su salario. 

“Las compañías están poniendo los precios en Grecia y Alemania como si fueran dos barrios de la misma ciudad”, asegura Rigobon. “Tener una divisa común implica que, en los buenos tiempos, disfrutas de la estabilidad de precios de Alemania. Pero también la sufres cuando pasas por una mala racha”.

Actualmente, los investigadores están estudiando los precios de Letonia, que acaba de incorporarse a la zona euro, para saber si el efecto observado en su estudio tiene también lugar en el corto plazo.

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