LA GENTE NO ES EXHIBICIONISTA, PERO...

Los lugares del amor: "En el sexo, el escenario también cuenta, y mucho"

Está de moda amarse en lugares públicos, parece algo innovador. Pero, ¿de verdad lo es? ¿A alguien le gusta? ¿No será que se miente más que se habla?

Foto: Hay lugares recurrentes en la fantasía. El agua es uno de ellos. (Corbis)
Hay lugares recurrentes en la fantasía. El agua es uno de ellos. (Corbis)

"¿Te aburre la monotonía de hacer el amor siempre en el mismo sitio? ¿Estarías dispuesta a soltarte la melena y empezar a innovar? (...) te proponemos hacer el amor en un lugar público", “no hay nada mejor que tentar a tu pareja a salir de la rutina”, “En el sexo, el escenario también cuenta, y mucho”… Son sólo algunos fragmentos de artículos de revistas femeninas, de moda o tendencias que presentan el sexo al aire libre como el último grito. Lo que hay que hacer para estar al día. Para no ser alguien aburrido.

Miren Larrazábal, psicóloga clínica y sexóloga, presidenta de FESS, la Federación Española de Sociedades de Sexología, se queja de que a veces hay mucho intrusismo a la hora de hablar sobre estos temas: “Aunque indudablemente todo el mundo puede opinar sobre el sexo, también es bueno escuchar lo que dice la gente profesional, y en este tema una cosa es que empleemos la creatividad y la imaginación y todo lo que conlleva el erotismo y otra es que todos los días tengamos que estar inventando escenarios”.

Experiencias en lugares habitados

Pero éste no es un fenómeno del todo nuevo, en el cine, por ejemplo, siempre han destacado las escenas que mezclaban sexo y adrenalina. Incluso muchas películas sólo se conocen por una escena de este tipo, en las que los cineastas suelen mostrar especial inclinación por garajes, ascensores y servicios, sobre todo los de los aviones.

En lugares así, en la naturaleza, si surge la oportunidad, me parece interesante hacerloLo he hecho en tres lugares extraños. Una vez, en el trastero de mi casa, porque vivo en un cuarto, empezamos y no llegamos, el trastero era lo que estaba más cerca en ese momento. Dos, en un tren-cama, que tuvimos que atar la puerta con un cinturón para que no entrase nadie. Y tres, en el patio de mi instituto, pero por la noche, nos colamos”. Son las experiencias de Laura, una periodista de 25 años.

“Nunca tendría relaciones en la calle o en una tienda, en un sitio muy público, pero sí que las he tenido en el parque. En lugares así, en la naturaleza, si surge la oportunidad sí que me parecen interesantes. Aunque una vez estaba con un chico en uno, lo estábamos haciendo sobre una manta,  aparecieron unos perros y me quedé helada, menos mal que pasaron de largo”, cuenta Ana, informática de 29 años.

En la playa

Para Raquel García Romeral, psicóloga y sexóloga, responsable del Gabinete RgR, “el papel que juegue el escenario en los encuentros sexuales dependerá de los deseos de cada uno y de cómo éstos se combinen con los del otro en la relación de pareja. Por tanto, la relación entre espacio y relaciones de amatoria no es común para todos nosotros y en consecuencia, cada pareja lo vivirá de forma diferente. Un mismo espacio podría ser facilitador, obstaculizador o resultar indiferente en la erótica”.

Ver que había un tío a diez metros que nos iba a ver y a oír me parecía una situación molesta e incómoda

Del mismo modo que encontramos a entrevistados que esbozan una sonrisa cuando recuerdan sus aventuras sexuales al aire libre, que las relatan como si fueran travesuras, no faltan los que han tenido experiencias negativas. No hasta el punto de resultar traumáticas, pero sí desagradables. Carlos revela su experiencia: “Hace dos veranos tuve ese problema con mi novia en la playa. Se empeñaba en tener sexo, el simple hecho de estar en la playa la excitaba muchísimo, casi hasta ponerse insoportable, y a mí sin embargo me cortaba mucho. Ver que había un tío a diez metros que nos iba a ver y a oír me parecía una situación molesta e incómoda. Terminamos discutiendo y me sentí mal, porque parecía que era a mí al que no le apetecía tener sexo, cuando sí que tenía ganas, de hecho siempre tengo, pero no así, no ahí con gente mirando”.

“Metafóricamente podríamos apuntar –sigue Raquel García- que un espacio puede subir la temperatura, dejarla como está o enfriarla. Para algunas parejas, los elementos percibidos como "novedosos" o interpretados como "prohibidos" pueden suscitar excitación mientras que para otras ese escenario puede resultar "limitante", "expuesto" y alejado del concepto de intimidad que valoran en sus encuentros. Por eso, la diversidad de deseos de cada sexo, de cada hombre y de cada mujer, y cómo éstos se combinan en cada pareja y espacio, nos impide generalizar”.

El campo puede ser un lugar idílico para hacer el amor, pero también puede ser un infierno. (Matthias Ritzmann/Corbis)
El campo puede ser un lugar idílico para hacer el amor, pero también puede ser un infierno. (Matthias Ritzmann/Corbis)

La descarga de los neurotransmisores

Igualmente, Larrazábal subraya que el sexo es un juego de dos: “Hay mucha gente que el miedo le impone y les excita o les funciona. Ese juego sexual y los juegos eróticos, como hacerlo en el ascensor o en el coche en determinados sitios públicos puede ser muy erótico, pero la clave es que a tu pareja ese juego también le resulte excitante. Todo lo que es la descarga de determinados neurotransmisores nivel sexual produce excitación, el problema es cuando a un miembro de la pareja ese tipo de juego le atrae y al otro le produce el efecto completamente opuesto”.

La gente no responde en las encuestas lo que hace sino lo que cree que debería hacer

No obstante, proliferan las encuestas, algunas patrocinadas por marcas de preservativos, que arrojan datos en los que aproximadamente la mitad de las parejas han tenido sexo al aire libre. Karme Freixa, también psicóloga y sexóloga, se muestra muy escéptica con los resultados de estas consultas: “La gente en temas de sexualidad miente más que los políticos en campaña electoral. No tenemos por qué creernos todo lo que nos cuenten. Lo que responde la gente a este tipo de encuestas es un asunto que está estudiado, se contesta aquello que es normal en su momento, lo normal entre comillas. Es decir, si ha estado de moda tener relaciones 3 ó 4 veces por semana, las tiene toda la población, si está de moda masturbarse 5 veces a la semana, la gente contesta que lo hace. No responden lo que hacen, sino lo que creen que deberían hacer”.

Freixa también diferencia entre el sexo al aire libre y la necesidad de público cuando se tienen relaciones sexuales: “la sexualidad como cualquier otra cuestión hay que cultivarla y lógicamente la adrenalina es un revitalizante de cualquier cosa, sea del trabajo, de las relaciones con nuestros amigos o de la sexualidad, lo que pasa es que yo creo que a veces hemos confundido la liberación sexual con los absurdos sexuales. Si estamos en el balcón y nos tocamos con la emoción de que igual nos ven, pues puede tener su gracia, son cuestiones que están ahí y forman parte del juego sexual, pero si necesitamos público es que tenemos un gran afán exhibicionista. Y en general la gente no es exhibicionista, suele hacer las cosas en la intimidad. Una vez puede ser, pero querer público delante no es lo que suele necesitar la gente”.

En lugar de relaciones parece que tenemos trabajos forzadosLarrazábal opina que “el sexo tiene que ser seguro y responsable pero también lúdico y placentero. Entonces cuando le quitas al sexo el sentido lúdico y de placer, lo convertimos en algo muy mecánico y la sexualidad no es un ejercicio gimnástico. Muchas veces las relación sexual consiste en el juego erótico escaso o muy pequeño y dirigido al coito, tres o cuatro posturas y se acabó y el sexo hay que enriquecerlo mas. Poder jugar y disfrutar”.

Cuestión cultural y educativa

Incluso estas situaciones de tensión o estrés podrían terminar con eyaculación precoz, tal y como explica Freixa, “Cuando estás en un entorno, hay quien te marca los limites y si los transgredes, no suelen ser todo lo placenteras que deberían ser. Si los chicos se acostumbran a relaciones sexuales muy rápidas, la eyaculación también lo será. Pero todo esto se debe a que seguimos con un modelo en el que en la relación sexual la estrella invitada es el coito. Si aprendemos a que el sexo es comunicarte a través del cuerpo, hay mucho más que la penetración. Seguramente en casa de papa y mama se podría jugar a otros juegos sin penetración y orgasmo al mismo tiempo, porque en lugar de relaciones parece que tenemos trabajos forzados”.

Muchas generaciones han aprendido a tener relaciones a través de la pornografía

Pese a todo, Larrazábal sentencia que no hay que olvidar que todo está sujeto a patrones culturales: “Cuando hablamos de cruising de todas estas variaciones en nuestra actividad sexual están influidas sin duda ninguna por la cultura en la cual estamos desarrollando nuestra actividad sexual. Problemas que ahora mismo se ven como disfunciones sexuales, hace 100 años no lo eran”.

Sin embargo, tampoco se debe confundir modernidad con represión, tal y como explica Freixa: “En nuestro país pasamos de una gran represión sobre todas las cuestiones de sexualidad, acompañada de un machismo feroz, a que la liberación pase por detalles como que las mujeres enseñen los pechos en TV con cualquier excusa. Eso ha conllevado que muchas generaciones hayan aprendido a tener relaciones a través de la pornografía, que es androcéntrica y muy poco femenina, que no es la realidad al fin y al cabo. Muchos chicos aprenden que deben tener una erección enseguida, que ha de mantenerse horas y horas, que ella siempre va a estar a punto… cuando las relaciones empiezan mucho antes del coito”.

Y Raquel García concluye: “hay que evitar forzarse para que a uno o a otro les guste o no un escenario, pues en el terreno erótico las obligaciones son incompatibles con los deseos”.

Alma, Corazón, Vida
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