A medida que nos hacemos adultos desarrollamos una serie de rutinas vitales que, si no nos planteamos cambiar, nos acompañarán a lo largo de nuestra vida. Algunos de estos hábitos pueden ser positivos –no hay nada de malo en que estemos acostumbrados a pedir las cosas “por favor”–, pero otros no lo son tanto –quizás nuestra pareja está harta de que nos escaqueemos de poner la lavadora–. La buena noticia es que, por muy arraigado que esté un hábito, este se puede cambiar si conseguimos sustituirlo por otro.

El desarrollo de nuevas costumbres se hace más difícil a medida que nos hacemos mayores, pues nos cuesta más detener el piloto automático que rige nuestro día a día. Nuestros cerebros se acomodan fácilmente a la rutina y sacarles del carril que tienen marcado requiere de esfuerzo y dedicación. Pero, pese a esto, merece la pena intentarlo. Al fin y al cabo, lo único que puede hacernos más felices es el cambio de aquellas cuestiones de nuestra vida que no acaban de convencernos. A cierta edad todo el mundo necesita cambiar algo, ya sea la alimentación, la manera en que nos relacionamos con otras personas o nuestra forma física. 

A cierta edad todo el mundo necesita cambiar algo, ya sea la alimentación, la manera en que nos relacionamos con otras personas o nuestra forma físicaA la hora de desarrollar un nuevo hábito, lo primero que tenemos que hacer es convencernos de las ventajas que tiene su práctica. ¿Nos hará sentirnos mejor? ¿Seremos más felices? ¿Mejorará nuestra calidad de vida? ¿Y nuestra salud? ¿Será beneficioso para la gente que nos rodea? Si descubrimos que la respuesta a todas preguntas es afirmativa, tendremos la motivación suficiente para acometer el cambio, pero con esto no basta. El camino será complicado, y estará lleno de baches. Por ello, es conveniente que vayamos paso a paso, siguiendo estos puntos.

1. Divide tu objetivo en metas alcanzables

Si, por ejemplo, tu objetivo final es hacer deporte todos los días, tendrás que ir incorporando el hábito poco a poco. Si nada más empezar corres una maratón lo más probable es que, en primer lugar, no la acabes, y, en segundo lugar, no vuelvas a intentarlo nunca, pues te dolerá todo el cuerpo. Empieza desde el principio, poco a poco, y ve incrementando el esfuerzo a diario. No importa cuál sea tu objetivo, tienes que tener claro que no lograrás alcanzarlo de la noche a la mañana. Los cambios vitales requieren un esfuerzo y deben implementarse poco a poco.

2. Modera tus expectativas

El perfeccionismo no es un buen compañero. Si al principio las cosas no salen como esperabas, y fallas al incorporar el nuevo hábito, no desesperes. Inténtalo de nuevo poniendo un objetivo menos ambicioso. Si, por ejemplo, tu objetivo es volver a estudiar, quizás tres horas todos los días sea demasiado. Mejor empieza con media hora y, si tras ese tiempo no estás cansado y ves que puedes continuar, añade otra media, y así sucesivamente. 

3. Elige bien los tiempos

A la hora de incorporar una nueva actividad a nuestra vida debemos elegir bien el momento en que vamos a llevarla a cabo. Todos tenemos momentos en el día en que nos encontramos más activos. Hay personas que rinden más de día y otros que lo hacen más de noche. Lo mejor es realizar la nueva actividad en nuestro mejor momento, aunque tengamos que desplazar otras tareas. Incorporar un nuevo hábito requiere de todo nuestro esfuerzo, y nos costará menos arrancar si lo hacemos en el momento del día adecuado.

4. Cambia tu lenguaje

Para que un cambio de hábito fructifique tenemos que evitar usar expresiones del tipo “estoy obligado a hacer” o “tengo que hacer” por “quiero hacer” o “he elegido hacer”. Parece una tontería, pero el hecho de que nos convenzamos de que la nueva actividad que vamos a realizar es una elección personal que mejorará nuestra vida es decisivo, y el lenguaje ayuda a apuntalar esta idea.

5. Haz que sea divertido

A la hora de desarrollar un nuevo hábito vital el aburrimiento puede ser uno de nuestros peores enemigos. Ya sea a la hora de cambiar nuestra dieta, o empezar a hacer deporte, toda nueva rutina puede ir asociada al hastío. No en vano podemos pensar que si no lo hemos hecho antes es porque no era algo divertido. Lo mejor para vencer esta resistencia es acompañar nuestro cambio de otras cosas que sí nos diviertan. Si nos aburre hacer deporte, quizás nos parezca más llevadero con música, y si estamos cambiado nuestra dieta, quizás será más divertido si innovamos con las recetas. Todo cambio vital se puede hacer de muchas maneras, lo importante es encontrar el modo que encaje con nosotros.

6. Enorgullécete de tus progresos

La motivación es decisiva para incorporar un nuevo hábito a nuestra vida, por ello, a medida que avanzamos, debemos ser conscientes de nuestro esfuerzo y nuestros progresos. Celebra cada paso que des en la consecución de tu objetivo y mantén la alegría hasta el final. Una vez que el hábito esté arraigado, formará parte de tu vida todo el tiempo que desees.