Turismo de proximidad

Cinco destinos de vacaciones para redescubrir los tesoros nacionales

El paréntesis de visitas al extranjero se presenta como una oportunidad para conocer rincones que durante la época estival suelen colgar el cartel de completo en nuestro país

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Si hay algo en lo que estamos de acuerdo es que este va a ser el verano más atípico de la historia reciente. No solo veremos menos turistas extranjeros en nuestro territorio, sino que la mayoría de los españoles tampoco cogerá un avión para pasar sus vacaciones en destinos exóticos o lejanos. Este paréntesis se presenta como una oportunidad para el turista nacional, que tendrá la opción de visitar algunos rincones que durante la época estival suelen colgar el cartel de completo.

También es el momento para redescubrir esos destinos nacionales que siempre están en la lista de deseados pero que, por estar cerca, siempre acaban cayendo en favor de otros que se encuentran más lejos. Este verano es tiempo de visitar cascos históricos Patrimonio de la Humanidad, enclaves únicos o paraísos silenciosos donde la desconexión de la rutina no es una opción, sino una obligación. Estos son solo cinco ideas para seguir disfrutando del verano en la 'nueva normalidad'.

Alcalá de Henares, historia del Siglo de Oro

La localidad madrileña es conocida por ser cuna de Miguel de Cervantes y es obligada la visita a su casa natal. Su casco histórico —declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco— no puede ser más reconocible, con su calle Mayor soportalada que conduce a la plaza de Cervantes, con la estatua del escritor y lugar de encuentro para los alcalaínos. Visita obligada también la de la Universidad, fundada en el siglo XV por el Cardenal Cisneros, cuyo sede principal cuenta con tres patios donde se concentran cada año lo mejor del mundo de las letras para celebrar el Premio Cervantes.

Pero Alcalá tiene mucho más, como el Corral de Comedias, el más antiguo de España documentado, o la Ciudad Romana de Complutum, una de las ciudades más importantes de la Península Ibérica. También un tesoro algo más apartado del conjunto histórico que merece también ser visitado: el Palacio de Laredo, del siglo XIX. Con restos arqueológicos de edificios de Toledo, Jaén, Guadalajara o la propia Alcalá, este edificio mezcla los estilos mudéjar, gótico, hispano-musulmán o neoclásico.

Alcalá da para mucho y, sin alejarse demasiado de la historia, uno de los lugares para alojarse es el Parador, que ocupa el antiguo convento de dominicos de Santo Tomás, una construcción del siglo XVII situada dentro del conjunto monumental de la ciudad complutense. Este complejo, que combina tradición y vanguardia y ha sido convento, cuartel, colegio y cárcel antes que hotel, ha visto como su capilla se transformaba en spa y las celdas se convertían en las habitaciones más suntuosas del edificio.

Granada, de la época árabe al renacentismo

No hay mejor ciudad que combine historia, gastronomía y montaña que Granada. Sierra Nevada y La Alhambra son dos de sus puntos estrella, pero la ciudad andaluza ofrece al viajero mucho más. El barrio del Albaicín, Patrimonio de la Humanidad en 1984, fue el germen de la actual ciudad de Granada y conserva aún toda la magia de su pasado árabe. A su lado, el barrio de Sacromonte, de fama mundial por sus cuevas donde se canta, se baila y se respira flamenco; unas calles que sigue conservando ese espíritu de barrio.

Además de los árabes, los Reyes Católicos también dejaron su impronta en la ciudad, con la Catedral como símbolo más característico o el Monasterio de San Jerónimo, un edificio renacentista con dos claustros ajardinados. Es obligado cuando se visita Granada deambular por sus calles, regatear en sus tiendas o disfrutar de terrazas del Campo del Príncipe, en el centro del antiguo barrio judío del Realejo.

¿Y para descansar? La opción es el Parador de Granada, que se asienta sobre un antiguo palacio nazarí convertido en convento de franciscanos por los Reyes Católicos. Su privilegiada ubicación —dentro del recinto de la Alhambra— permite a los huéspedes disfrutar de excepcionales vistas sobre el Generalife, los jardines de Secano y el Albaicín. Una panorámica que se puede contemplar desde algunas habitaciones, su restaurante y su terraza de verano.

Ronda, la ciudad soñada

La localidad malagueña de Ronda queda divida por el Tajo, un desfiladero de más de 150 metros de profundidad por dónde discurre el río Guadalevín que salva el llamado Puente Nuevo, construido en el siglo XVIII y con 98 metros de altura, foco de toda cámara que se precie. Las vistas desde sus balcones hacia las casas colgadas hacia el precipicio son increíbles. Su interior alberga el Centro de Interpretación para conocer cómo se construyó esta obra de ingeniería.

Pero que el árbol no tape el bosque. Ronda cuenta con más atractivos, como el Palacio de Mondragón —que mezcla estilos árabe y renacentista y que actualmente alberga el museo de la ciudad— o la Iglesia de Santa María la Mayor, de estilo gótico, renacentista y barroco. Sin olvidar la Plaza de Toros de la Real Maestranza —visita obligada por su historia—, la ciudad de Ronda no puede entenderse sin la figura del bandolero andaluz y por eso le rinde homenaje con un museo único en España.

Y descansar no significa parar de disfrutar. El Parador de Ronda es un excepcional balcón que se asoma sobre la Garganta del Tajo y del Valle de los Molinos. El complejo aprovecha el edificio de la antigua casa consistorial, que data del siglo XVIII, y que se encuentra en un enclave privilegiado junto al Puente Nuevo.

Toledo, la ciudad de las tres culturas

Sus más de 2.000 años de historia y su posición estratégica en el corazón de España han convertido a Toledo en una de las ciudades españolas con mayor riqueza cultural. Conocida como la ciudad de las tres culturas, debido a la convivencia pacífica durante siglos de cristianos, musulmanes y judíos, la ciudad alberga entre su muralla un excepcional legado en forma de palacios, fortalezas, mezquitas, sinagogas e iglesias.

La Catedral de Santa María, de estilo gótico; el Alcázar, con detalles renacentistas y platerescos; la Singoga del Tránsito, el edificio hispanojudío más importante de España, o la Puerta de Bisagra son solo un botón de muestra de lo que ofrece esta ciudad que, con el paso de los siglos, se ha convertido en un auténtico museo arquitectónico al aire libre.

Toledo también se puede disfrutar desde las alturas, para contemplar la belleza de su meandro, el río, sus puentes y murallas y su casco histórico. Existen infinidad de miradores repartidos por las afueras de la ciudad como El Mirador del Valle o el Cerro del Emperador. Coronando este último, se encuentra el Parador de Toledo, un cigarral de estilo toledano que permite apreciar el esplendor y monumentalidad de la capital castellano-manchega; con vistas panorámicas desde algunas habitaciones, salones, terraza y piscina. Un espacio en el que desconectar y dejar que el tiempo vuele.

Santiago de Compostela, el final del camino

No podemos hablar de Santiago de Compostela sin hacer referencia al Camino de Santiago. Y aunque es innegable que la mayoría de los turistas son peregrinos, a la capital gallega no solo se va para recoger la Compostela. La ciudad tiene muchos otros atractivos que merece la pena descubrir. Por supuesto, la Catedral y la Cripta en la que descansa el Santo Apóstol, pero también monumentos que van desde el Pazo de Raxoi hasta la Colegiata de Santa María la Real de Sar, pasando por el Parque de la Alameda, el pulmón verde de la localidad. Tampoco hay que perderse sus mercadillos como el Mercado de Salgueiriños, el Mercado de antigüedades de la Plaza de Cervantes o el Mercado de Abastos —el segundo monumento más visitado después de la catedral— donde se pueden comprar productos típicos de la zona.

Santiago es el infinito mar de piedras de su zona vieja pero también es gastronomía, una parte activa de la cultura de la ciudad. Hay más restaurantes por metro cuadrado que en cualquier otro lugar de esta comunidad, con precios adaptados a todos los bolsillos y con el denominador común de la calidad.

En la plaza del Obradoiro, centro neurálgico de la parte antigua de la ciudad, se encuentra el Hostal de los Reyes Católicos, un antiguo hospital de peregrinos del siglo XV convertido en Parador y una visita obligada para cualquier turista que se precie. En su interior, los huéspedes tienen acceso a cuatro patios, un espectacular claustro, una capilla renacentista y elegantes salones, además de dos espléndidos restaurantes.

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