Si te relaja ver vídeos ASMR en YouTube, igual sufres de un serio problema mental
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Si te relaja ver vídeos ASMR en YouTube, igual sufres de un serio problema mental

Ver vídeos de relajación ASMR es una moda de internet desde hace años. Ahora, estudios vinculan la capacidad de disfrutarlos con otros problemas psicológicos, particularmente la misofonía

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Si te relaja ver vídeos ASMR en YouTube, igual sufres de un serio problema mental

Imagine estar leyendo tranquilamente en una biblioteca. De repente a su alrededor empieza a escuchar el susurro de dos estudiantes, otro tecleando en su portátil y otro pasando lentamente las páginas de un libro. Hay dos opciones. La primera, que no le dé más importacia a menos que el volumen interfiera en su propia lectura y le moleste. La segunda, que todos esos sonidos provoquen en usted una sensación... ¡agradable! Si éste es su caso, es uno más de los que sienten el hormigueo.

Un nuevo documental en Netflix ha vuelto a poner sobre la mesa este fenómeno de internet, conocido como ASMR (acrónimo de Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma) y que básicamente significa ver en YouTube vídeos de actividades y sonidos donde alguien —habitualmente una ninfa susurrante— se cepilla el pelo, corta láminas de una pastilla de jabón o rasca la rejilla de un micrófono para provocar una sensación relajante en los espectadores.

Hasta ahora pensábamos que recibir un masaje era placentero y ahora sabemos que ver a alguien auto-masajearse las mejillas con una brocha de maquillaje puede generar las mismas sensaciones de placer. Eso sí, a coste cero y salvaguardando la privacidad del espectador.

Al fenómeno no le hacía falta que viniera nadie a reivindicarlo. El ASMR no ha dejado de crecer en los últimos años, pacientes de ansiedad y otras patología recurren a estos vídeos que, como fenómeno, ha pillado a los psicólogos e investigadores totalmente a contrapié.

Cuando ya incluso existen estrellas del ASMR como la española Ana Muñoz —400.000 suscriptores y vídeos con hasta 6 millones de visualizaciones en YouTube— ahora están apareciendo los primeros estudios científicos analizando el asunto. Y además de una herramienta terapéutica, están encontrando un lado oscuro en el cerebro de quienes son capaces de disfrutar con estos videos.

¿Qué dice la ciencia?

Los primeros en ver que estaban ante algo serio fueron Emma Barratt y Nick Davies, psicólogos de la Universidad de Swansea (Reino Unido) que analizaron por primera vez en 2015 qué motivaba a la gente a ver este tipo de vídeos. El estudio, publicado en la revista 'PeerJ' es también el mayor realizado hasta la fecha, con 475 voluntarios.

Para cuando estos investigadores publicaron su trabajo, había ya usuarios en YouTube como GentleWhispering, que en 2014 superaban los 88 millones de reproducciones.

"El ASMR puede ser inducido, en aquellos que sean susceptibles, por un conjunto de detonantes bastante consistente", decían los autores. Los detonantes son aquellos sonidos o acciones que desencadenan la sensación de placer y relajación, a los que en ocasiones se une un cosquilleo en la cabeza o el cuello. "Dado los beneficios reportados del ASMR en mejorar el ánimo y los síntomas del dolor, sugerimos que se someta a más investigaciones como una medida potencialmente terapéutica similar a la meditación o el mindfulness".

Una de las contribuciones de Barratt y Davies fue también preguntar a los usuarios de vídeos ASMR para establecer sus principales detonantes, cuáles eran exactamente esas fuentes de bienestar que encontraban en internet.

No es casual que todas las presentadoras de este tipo de contenido audiovisual se dirija a sus espectadores con un lánguido susurro. El 75% de los participantes lo pusieron primero en la lista de cosas que les generan esa relajación. En segundo lugar estaba la atención personalizada (aunque lo estés viendo en internet siempre te hablan de tú) y los sonidos 'crujientes', por ejemplo: papel de aluminio doblándose o unos dedos tamborileando en la tapadera de plástico de una crema facial.

No todo el mundo siente el ASMR

Otro de los hallazgos de estos dos psicólogos es que esta relajación con vídeos de ASMR no le funciona a todo el mundo, o lo que es lo mismo, hay gente cuyo cerebro está programado para sentir placer con los susurros y otra que no.

En uno de estos estudios, aunque pequeño, analizaba la red neuronal por defecto (la que funciona cuando el cerebro está relajado) de 11 voluntarios a los que el ASMR les provocaba relajación en contraste con 11 individuos del grupo de control. Al final del estudio, los del ASMR mostraban, en general, una menor conectividad funcional que los otros voluntarios. También mostraba un "aumento de conectividad entre las regiones de las cortezas occipital, frontal y temporal", lo que sugiere que la ASMR favorece la asociación de aquellas redes que se activan en estado de reposo.

Un fragmento del capítulo de 'Internet y el nuevo periodismo' sobre ASMR. (Buzzfeed)
Un fragmento del capítulo de 'Internet y el nuevo periodismo' sobre ASMR. (Buzzfeed)

También la personalidad parece tener un papel en determinar si usted disfrutará de estos vídeos relajantes. Un estudio de 2017 corrobora a Barratt y Davies en que los que sienten el ASMR puntúan muy alto en inestabilidad emocional (neuroticismo) y apertura a las nuevas experiencias. Por contra, puntúan menos que los controles en aspectos de la personalidad como extroversión, amabilidad y responsabilidad.

Uno de los estudios más recientes, publicado en PLOS por psicólogas de las universidades de Manchester y Sheffield, ofrece dos hallazgos muy interesantes sobre el ASMR: primero, que si no lo tienes, no lo tienes. Por mucho que una persona quiera relajarse con ese tipo de vídeos, si no tiene ASMR podrá tranquilizarse, pero nunca sentirá ese cosquilleo único que les recorre el cráneo y baja por la espina dorsal.

Lo segundo es que la relajación por ASMR activa también otras respuestas fisiológicas y, por ejemplo, reduce el ritmo cardiaco o aumenta la conductividad de la piel, algo que ocurre cuando se alteran ciertos estados emocionales.

El doble filo del ASMR

Quizá tras leer todo esto se sienta usted desafortunado por no padecer esta condición. ¡Podría relajarse tanto en sus actividades cotidianas!

Más o menos al mismo tiempo que los psicólogos identificaban el ASMR como un fenómeno, en otros centros descubrían a su reverso tenebroso: la misofonía. Quienes padecen este trastorno sufren una respuesta negativa, emocional o físicamente, al escuchar ciertos sonidos. Algunos sentían irritación y otros, directamente, rabia violenta. Comenzaron a aparecer casos de gente que llevaba años sin cenar con su familia porque escuchar el choque metálico de los cubiertos les hacía perder los nervios.

La gran revelación llegó con el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre misofonía, publicado en marzo de 2018 por científicos holandeses. El estudio fue incapaz de encontrar causas relevantes para que alguien sintiera esa aversión a determinados sonidos. "Es poco probable que otro trastorno clínico, psiquiátrico o psicológico subyacente 'real' pueda explicar la misofonia", decían.

Aproximadamente el 50% de los voluntarios que reportaron sufrir misofonía (aversión al sonido) eran también capaces de disfrutar el ASMR

Sin embargo encontraron algo mucho más interesante. Aproximadamente el 50% de los voluntarios que reportaron sufrir misofonía eran también capaces de disfrutar el ASMR. "Esto plantea una pregunta interesante sobre los mecanismos misofónicos: ¿La anormal prominencia a estímulos y la percepción alterada de los estados del cuerpo permite también recibir respuestas emocionales y físicas positivas a sonidos particulares?", se preguntaban.

El corpus científico es aún demasiado prematuro para estar seguro, pero varios autores mencionan que "se ha sugerido que la misofonía y el ASMR representan dos extremos de un mismo espectro de sensibilidad al sonido". Algunos sonidos, como el de alguien mascando o chasqueando los labios, resultaban estar en ambos grupos.

Algunas personas se relajan escuchándolo, otras se vuelven absolutamente llenas de furia y otras, las dos cosas al mismo tiempo. Es complicado.

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