no a las cosquillas

Maltrato y tráfico ilegal: la verdad tras los virales de animales en internet

Vídeos de YouTube, gifs, memes... los animales han conquistado la red, pero en el camino se alimentan estereotipos que ponen en peligro la conservación de muchas especies

Foto: A los loris no les gustan las cosquillas
A los loris no les gustan las cosquillas

Cerca de siete millones de personas han visto un vídeo en YouTube que muestra a un loris perezoso (una especie de primate) disfrutar de las cosquillas que le hace su dueña. También roza los siete millones de clics uno en el que un cariñoso oso polar acaricia con ternura a un perro. En otro con más de tres millones de visitas, un grupo de tigres persigue y caza un dron como gatos juguetones. Pero en internet las cosas no siempre son lo que parecen y los virales de animales no son una excepción.

Sergio FerrerSergio Ferrer

Los loris, nativos de Indonesia, han pagado el precio de ser demasiado adorables. Ahora están en peligro de extinción, no sólo por la deforestación, sino por el tráfico ilegal. Antes de transformarse en mascotas exóticas a las que los turistas puedan hacer cosquillas, estos animales son separados de su familia cuando aún son crías; se les arrancan los incisivos con tenazas o se les cortan con cortauñas para evitar que los futuros dueños se den un baño de realidad y sufran las consecuencias de tener en casa uno de los pocos mamíferos venenosos conocidos.

Internet ha creado una visión ingenua e irreal de los animales, hasta el punto de confundir especies salvajes y domésticas y apoyar la explotación

El paso obligatorio por el dentista puede causar infecciones que resultan mortales en el 90% de los casos. Además, estos animales salvajes no llevan bien la vida en cautividad: sus niveles de estrés aumentan y sufren problemas de salud como diabetes, obesidad, fallos hepáticos y desnutrición. Como pierden sus dientes, la reinserción en la naturaleza se vuelve imposible. Para empeorar su situación, los loris, nocturnos por naturaleza, se ven obligados a compartir las rutinas diarias de sus dueños. Todo esto si sobreviven al transporte, ya que entre un 30 y un 90% no llegan a su destino.

"Las cosquillas son tortura" es el nombre de una campaña de International Animal Rescue que intenta concienciar sobre la situación de unos primates cuya fama ha crecido a través de YouTube, gifs y memes. Es sólo uno de los ejemplos que muestran cómo internet ayuda a crear una visión ingenua e irreal de los animales hasta el punto de confundir especies salvajes y domésticas y apoyar (sin querer) la explotación con fines turísticos y comerciales.

Necesitamos documentales más respetuosos, volver a los días en que sólo enseñábamos el comportamiento: más animales, menos humanos

El etólogo y primatólogo Frans de Waal hace justo lo contrario en su página de Facebook, donde comparte a diario vídeos que muestran la cara más desconocida e inteligente de los animales. Este investigador de la Universidad Emory (EEUU) es consciente del peligro de la viralización: "Hay demasiados vídeos [en internet] de gente abrazando leones o cogiendo serpientes. Todo comenzó con los programas de televisión cuyos presentadores no estaban satisfechos manteniendo la distancia", comenta a Teknautas.

Desde mapaches a petauros del azúcar, De Waal lamenta que tanta gente tenga animales exóticos 'domados'. "O no tan domados, porque no vemos todos los accidentes que ocurren y los espectadores se llevan la impresión de que pueden acercarse a un aligator para hacerse un 'selfie' o salir del coche durante un safari con leones, sin saber que para muchos animales no somos amigos sino aperitivos".

Es lo que sucede en la granja de tigres siberianos con apariencia de reserva natural en la que se tomaron las imágenes del dron, donde crían a estos enormes felinos en peligro de extinción para comercial de forma ilegal con su piel y entretener a los turistas. Un lugar que deja escenas tan surrealistas como esta (atención al autobús del final, flashes de cámara incluidos):

El zoólogo Jules Howard también ha criticado en su columna de 'The Guardian' lo que ha bautizado como "la última forma de crueldad animal" en referencia a las consecuencias que puede tener para la naturaleza un 'selfie' en apariencia inocuo. En este sentido, las redes sociales y el afán de postureo hacen que nuestro amor por los animales pueda resultar mortal: tras ver en Facebook a nuestro primo subiendo en elefante en Tailandia nosotros también queremos compartir una foto tan buena, ignorantes de que la domesticación de este animal salvaje consiste en golpear y maltratar a una cría durante meses.

En otras ocasiones las imágenes no contribuyen al tráfico ilegal o a la explotación, pero alimentan los estereotipos 'achuchables'. El tierno oso polar del comienzo del artículo es en realidad el mayor superdepredador de la Tierra. "Para nosotros parece que jueguen, pero el perro intenta alejarse. Los depredadores como los osos polares suelen probar a una nueva presa potencial para ver cuánto se defendería en caso de ataque", aclara a Teknautas la investigadora experta en estos úrsidos, Susan Crockford. Desde Polar Bear Internacional nos confirman que el can fue devorado poco después de que se grabara el vídeo.

A los loris jóvenes se les arrancan los dientes. (Wikipedia)
A los loris jóvenes se les arrancan los dientes. (Wikipedia)


No todos los vídeos son malos

Como ocurre en la página de Facebook de De Waal, en internet también abundan los contenidos sobre animales positivos para la divulgación y la conservación. "Hay muchos vídeos buenos que nos muestran fragmentos de comportamiento e inteligencia que de otra forma nunca veríamos, como aves que usan herramientas, juegos entre especies distintas y actos de heroísmo. Todo esto es muy educativo y ha cambiado la visión del público sobre estas criaturas", defiende el investigador.

De Waal defiende el valor educativo de una película bien hecha: "Necesitamos documentales más respetuosos, necesitamos volver a los días en los que sólo enseñábamos el comportamiento: más animales, menos presentadores humanos". Y para los pobres loris, menos cosquillas.

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