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Cuando actualizar Google Maps en España se convierte hasta en un asunto de Estado
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¡ALGUIEN TENDRÁ QUE PINTAR ESA FAJANA!

Cuando actualizar Google Maps en España se convierte hasta en un asunto de Estado

Se está formando un nuevo delta por la erupción de La Palma y en algún momento alguien tendrá que ponerlo en internet. Esta es la mano 'invisible' que redibuja los mapas cuando hay una nueva carretera, un nuevo pueblo o una calle

Foto: Foto: Unsplash.
Foto: Unsplash.

"Muskiz es Muskiz, no Somorrostro; y Hondarribia no es Fuenterrabía, ni Sopela es Sopelana, ni Xemein es Jemein como aparecen en Google Maps o en los mapas de guía Repsol. Tampoco se escriben con grafía castellana Valmaseda (Balmaseda), Gordejuela (Gordexola), Ciérvana (Zierbena), Guecho (Getxo), Mundaca (Mundaka), Oyarzun (Oiartzun), etc.". Esta queja se escuchó en el Congreso, en una sesión de control al Gobierno, por parte de Íñigo Barandiaran, diputado del PNV. Era mayo del 2017 y el 'jeltzale' exigía al por aquel entonces ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, una vigilancia "más activa de la información geográfica" tras observar "una absoluta falta de respeto de algunos operadores de internet a las denominaciones oficiales de municipios donde existe la lengua cooficial", algo que, según explicaba el político guipuzcoano, podían generar "confusión en los usuarios" de estas aplicaciones.

Foto: Foto: Copernicus EMS.

No era ni mucho menos la primera y única vez que actualizar los datos de los planos de la empresa estadounidense entraba en la agenda política en nuestro país. Ese mismo año, tras una petición del Parlamento de Galicia, la Xunta solicitó tanto al Gobierno como a la multinacional que respetase la toponimia local y no castellanizara los nombres de lugares como Sanxenxo o A Coruña, porque la denominación oficial es la gallega. En Cataluña también se han dado quejas similares.

Cuatro años después, muchos de estos problemas siguen, a pesar de que Google ha hecho algunas actuaciones para resolverlo. Aunque tengamos las imágenes en la cabeza de los coches del buscador recorriendo ciudades y caminos para crear las vistas de 'Street View', la realidad es que los de Mountain View recurren a la información de fuentes externas. Algunas de ellas oficiales como pueden ser el Servicio Geológico de EEUU o el Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México. Pero para enriquecer el servicio también utilizan información de proveedores privados, como la Wikipedia, que son los que siguen recurriendo a la toponimia en castellano.

"Nosotros seguimos la normativa, y la nomenclatura que utilizamos es la oficial", explica Marcos Pavo López, jefe del área del registro central de cartografía del Instituto Geográfico Nacional (IGN), el principal organismo del que se alimenta Google Maps o Apple Maps en el caso de España. "Respetamos lo que dicta el que tiene la competencia. Buenos ejemplos son los de Palma de Mallorca, que ha cambiado de nombre varias veces; las provincias vascas o los de ciudades como Girona, Lleida…", remata.

La mano invisible que 'redibuja' España

El IGN es un pilar fundamental para las aplicaciones de mapas que utilizan millones de personas a diario en sus teléfonos móviles. Está en la cúspide de una red de organismos nacionales, autonómicos y locales que componen una mano invisible encargada de dar forma y mantener al día la cartografía patria. Es decir, son los que registran cómo cambia de forma España. Y eso incluye, por supuesto, la fajana que las coladas que descienden ladera abajo desde el volcán de Cumbre Vieja en La Palma están creando. Pero también se ocupan de tomar nota de otras modificaciones, como pueden ser la aparición de nuevas carreteras o los límites de los pueblos. "Nosotros nos encargamos de escalas de 1:25.000 o 1:50.000. Las más detalladas corren de mano de comunidades y ayuntamientos, para evitar duplicidades", cuenta Pavo.

Hasta que ellos no den fe del delta que está creciendo en la costa oeste de La Palma, esto no aparecerá en Google Maps. Hasta que ellos no calculen la extensión exacta, el Instituto Nacional de Estadística no podrá actualizar tampoco cuánta superficie ocupa nuestro país. Eso sí, antes de empezar a actualizar nada es obvio que tienen que esperar a que la erupción cese y la tierra deje de escupir lava.

placeholder Foto: EFE.
Foto: EFE.

Cuando eso ocurra, lo más probable es que no se tarde en programar un vuelo ortofotográfico, que no es otra cosa que una aeronave equipada con cámaras digitales que van captando el terreno desde el cielo. "Antiguamente se hacía con equipos analógicos. Cuando se revelaba el carrete, se digitalizaba y se procesaban los cambios y se trazaba la cartografía", cuenta este experto, a la par que explica que también se apoyan en imágenes por satélite.

Sus expediciones, explican desde el IGN, se suelen repetir cada dos o tres años y están incluidos en plan nacional conocido como Plan Nacional de Ortofotografía Aérea (PENOA). En Canarias se realizaron en 2006, 2009, 2012, 2015 y, por última vez, en 2018. La serie, por lógica, dice que en 2021 se debería repetir este proceso. "Es cierto que con el tema del covid se ha retrasado todo. Pero se puede presuponer que se priorizará este caso por el especial interés que reviste". En el caso de Canarias, las autoridades ya han ejecutado algunos vuelos de este tipo con la objetivo de obtener una perspectiva más detallada de la trayectoria de la colada y sus consecuencias sobre el terreno.

Pero la nueva silueta de la isla no será lo único que tengan que estudiar. También las nuevas alturas, tanto por debajo (cartas naúticas) como por encima del mar. "Tradicionalmente, eso se hacía con instrumentos de topografía clásica, tomando medidas en cotas concretas o con GPS de mano. Sin embargo, ahora se puede realizar con drones gracias a fotografías estereoscópicas o vuelos que van equipados con sensores LiDAR, capaces de emitir un pulso de luz con el que medir la distancia hasta el suelo".

Recartografiar La Palma de arriba a abajo

"Este es un evento especial, pero el territorio cambia mucho más de lo que pensamos. Es un ser vivo, por así decirlo", explica Aitor Calero, responsable en España del Área de Tecnología e Innovación de Esri, una conocida multinacional de software de sistemas de información geográfica, localización y cartografía.

Es un proveedor de muchas administraciones públicas en España, entre ellas el Cabildo de La Palma, que está utilizando su tecnología para monitorizar y dar respuesta a la emergencia. "Cuando esto acabe, hay que pensar que van tener que rehacer la cartografía entera de la isla. Van a tener que hacer un modelo digital de superficies, hay una nueva montaña, la colada de lava tiene una altura determinada…".

Esri cuenta con un servicio conocido como 'Living Atlas', que tiene cobertura geográfica mundial, en el que ofrecen datos de todo tipo y cuentan con proveedores de información como el IGN. Preguntado por cuánto puede demorar actualizar los planos de la isla, Calero habla de varios escenarios. Explica que si se opta por recetas tradicionales y manuales como "drones u operadores de cartografía terrestre", el proceso podría demorarse "cuatro, cinco o seis meses". Sin embargo, si se utilizan técnicas de geointeligencia artificial y algoritmos aplicados a automatizar procesos de imágenes podríamos estar hablando "de pocas semanas". "Tenemos que tener en cuenta que esto afecta en cascada a muchas capas de información. Es registrar la nueva topografía, pero también rehacer los mapas del catastro o de las tuberías, que muchas se han fundido por el calor".

La Wikipedia de los mapas

Sin embargo, hay una plataforma que se ha adelantado a todos ellos y ya tiene la fajana incluida en sus mapas: OpenStreetMap. "Teníamos un colaborador en la zona y gracias a las imágenes que liberan los satélites de Copernicus ha podido mapearla", explica Esther Mingot, una de las 152 voluntarias activas con las que cuenta esta plataforma abierta en nuestro país, que por cierto, también da servicio a firmas como Esri.

"Somos una base de datos geográficos que sirve para hacer mapas. Nuestro contenido es abierto, se puede hacer negocio con ello siempre y cuando se nos atribuya", cuenta. "La mayoría de aportaciones son, como quien dice, por amor al arte. Pero también hay empresas que han contratado a personal para enriquecer y completar nuestra información. Una de ellas es Amazon, que tuvo empleados chequeando el sentido de circulación de las calles de los mapas que utilizaban luego para el reparto". Los dato que recogen, principalmente, vienen de recogida en campo, gracias a los GPS, o datos abiertos compatibles.

placeholder Vista de la fajana en OpenStreetMaps. (OpenStreetMaps)
Vista de la fajana en OpenStreetMaps. (OpenStreetMaps)

Mingot explica que no es tan raro que se adelanten al IGN o a las apps más conocidas. Cuenta el caso de un mapeador que aprovechó el periodo de confinamiento en el que uno no podía salir del pueblo para "registrar los senderos y rutas de su municipio", algo en lo que plataformas como Google Maps o Apple Maps "apenas entran". Ella misma, en su localidad, se enteró de que una zona de aparcamiento iba a ser sustituida por una rotonda. La registró y hasta meses después no empezó a aparecer en dichas plataformas. "Además, la forma no era exacta", bromea.

Ellos son más rápidos pero tienen menos recursos. Principalmente, tienen dos obstáculos. El primero, que dependen de tener un voluntario cerca de donde se producen los cambios en muchas ocasiones. El segundo, que dependen de fuentes oficiales. "Si necesitamos subir un pueblo perdido de Castilla, no podemos recurrir a Google Maps, que es un proveedor privado", lamenta. Unas carencias que suelen solucionar con las bases de datos del IGN (con quien alcanzaron un acuerdo) o del Catastro, con "todo lo bueno y con todo lo malo que eso tiene".

placeholder Senderos marcados y registrados en OSM. (OpenStreetMaps)
Senderos marcados y registrados en OSM. (OpenStreetMaps)

"Normalmente se puede caer en el error de pensar de que los mapas ya están hechos, que está todo hecho en la era en la que estamos", argumenta Marcos Pavo, que recuerda lo infrecuente de eventos como los de La Palma en España. El principal motor de cambio es la intervención humana: nuevas vías de comunicación o construcciones de vivienda. "Son cosas percibibles que afectan al relieve del paisaje continuamente, a las elevaciones, mueven taludes y grandes cantidades de tierra".

Dónde empiezan y acaban los pueblos

Una de las construcciones que se perciben en los mapas que dependen directamente de este órgano son las autopistas, autovías... Cuando se encuentran con una nueva, los funcionarios recurren a inventarios de carreteras, la documentación de los titulares, cartografía local o bases de datos como las de la Dirección General de Tráfico para etiquetarlas correctamente.

placeholder Vista aérea de Don Benito y de Villanueva. (EC)
Vista aérea de Don Benito y de Villanueva. (EC)

Pero entre sus atribuciones se encuentra un singular cometido: marcar dónde empieza y dónde acaba cada pueblo y ciudad. "Cuando en 1870 se fundó el Instituto, la unidad de trabajo era el término municipal. Un topógrafo acompañaba a la comisión de cada pueblo y paso a paso iban haciendo el deslinde, acordando los límites a cada paso. Luego se apoyaba en herramientas como la brújula o las cadenas para cartografiar todo", cuenta Pavo. El IGN también es el encargado de 'borrar' las líneas que separan a dos ayuntamientos cuando se unen, algo más habitual de lo que parece.

Es lo que tendrá que hacer, por ejemplo, si finalmente Villanueva de la Serena y Don Benito se fusionan para crear la tercera ciudad más grande de Extremadura, una decisión basada en informes que auguran un gran crecimiento económico y una subida de las rentas. "Habrá una resolución de la Junta con un decreto en el que se incluirán probablemente las coordenadas de los nuevos lindes. Con esos datos de la publicación oficial, nosotros lo llevaremos a nuestros mapas", concluye Pavo.

Este órgano delega funciones en entidades regionales para llegar más lejos y más al detalle. En algunos casos, la responsabilidad también recae incluso en entidades locales, como el Ayuntamiento de Madrid. "Nosotros y Barcelona somos casos especiales porque tenemos equipos propios que producen cartografía pública", explica José María Boyano Sánchez, subdirector general de Innovación e Información Urbana.

¿Quién pone a Rafaella Carrá en el mapa?

Del trabajo de su departamento depende que la Plaza Rafaella Carrá, recientemente aprobada por el pleno municipal, y otros cambios de calle como los que se han vivido en los últimos años fruto de la Ley de Memoria Histórica aparezcan en Google Maps. "Nosotros no tenemos interacción directa con ellos. Ellos son los que cíclicamente, con el sistema que corresponde, visitan nuestro geoportal y descargan la información para incorporarla", explica este técnico.

placeholder Ortofotografía del Palacio Real. (Ayuntamiento de Madrid)
Ortofotografía del Palacio Real. (Ayuntamiento de Madrid)

En el ayuntamiento actualizan las bases de datos con estos cambios y otros como nueva numeración en las calles y la "ponen a disposición del INE" que es quien "tiene el callejero completo". "Nosotros, como todos los ayuntamientos, tenemos esa obligación de cara a cosas como el censo electoral, que se actualiza cada seis meses", cuenta. "Los otros son los que a través de sistemas informáticos consultan estos registros continuamente y automáticamente. Y no solo Google, también los proveedores de servicios como empresas de gas o luz, que necesitan saber si hay un nuevo edificio o cambiado la dirección".

Para hacer y mantener los mapas, explica Boyano Sánchez, tienen diferentes recursos. El primero son los vuelos ortofotográficos. "La Comunidad vuela una vez por año", puntualiza. "Además, nosotros realizamos compras de imágenes por satélite cada seis meses". Para el caso de los túneles, que no se pueden captar por estos métodos, cuentan con un coche equipado con un radar en el techo para hacer 'mobile mapping'. "Esto se complementa con actualizaciones periódicas. Nosotros, por ejemplo, sabemos cuándo va a acabar una obra municipal, así que en el momento en que los técnicos terminan, puedes añadir esa información".

Foto: Brigadas contra incendios retiran ramas rotas por la nieve en Madrid. (EFE)

El consistorio pone todo este material que genera a disposición del público, pero también lo hace para apoyar otras actividades. "Nos viene muy bien para la gestión municipal. Por ejemplo, comparando unas imágenes satelitales con otras se puede detectar que hay una actuación o un aumento de volumen en determinado punto de la ciudad y comprobar si se hace con licencia o no. Si no es el caso, se puede actuar en temas de disciplina con las correspondientes sanciones". El subdirector de este área explica que tiene más aplicaciones. "Después de Filomena, utilizamos imágenes de antes y después de la borrasca para calcular la pérdida de masa arbórea", dice. "Tiene múltiples usos. Combinando estos materiales con soluciones de inteligencia artificial podemos detectar qué tejados tienen amianto o no y proceder al desmontaje. Incluso, ahora que está tan en boca de todos, podemos ver qué superficie del espacio público está ocupada por las terrazas".

"Muskiz es Muskiz, no Somorrostro; y Hondarribia no es Fuenterrabía, ni Sopela es Sopelana, ni Xemein es Jemein como aparecen en Google Maps o en los mapas de guía Repsol. Tampoco se escriben con grafía castellana Valmaseda (Balmaseda), Gordejuela (Gordexola), Ciérvana (Zierbena), Guecho (Getxo), Mundaca (Mundaka), Oyarzun (Oiartzun), etc.". Esta queja se escuchó en el Congreso, en una sesión de control al Gobierno, por parte de Íñigo Barandiaran, diputado del PNV. Era mayo del 2017 y el 'jeltzale' exigía al por aquel entonces ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, una vigilancia "más activa de la información geográfica" tras observar "una absoluta falta de respeto de algunos operadores de internet a las denominaciones oficiales de municipios donde existe la lengua cooficial", algo que, según explicaba el político guipuzcoano, podían generar "confusión en los usuarios" de estas aplicaciones.

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