"Ahora es mejor": el regreso de la red social que sacó el lado más tóxico de Internet
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Mensajes anónimos, violencia y amenazas

"Ahora es mejor": el regreso de la red social que sacó el lado más tóxico de Internet

La ‘app’ de mensajería anónima Yik Yak existió entre 2013 y 2017, sembrando polémica y contribuyendo al cotilleo entre los más jóvenes. Ahora regresa de nuevo pisando fuerte

Foto: (Foto: Yik Yak)
(Foto: Yik Yak)

Han pasado cuatro años desde su cierre, pero Yik Yak ha resurgido de sus propias cenizas. Su versión original, creada Tyler Droll y Brooks Buffington, estudiantes de la Universidad Furman, en Carolina del Sur, tardó poco en cosechar una amplia pero polémica popularidad. Triunfó sobre todo entre el público más joven, que lo utilizaba a diario en institutos y universidades. Sin embargo, el anonimato que proporcionaba a sus usuarios se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para insultos, acoso y amenazas. Ahora vuelve a abrirse paso en el ya crispado panorama de las redes sociales y, pese a que sus creadores estén intentando evitarlo, se prevé que venga cargada de grandes dosis de conflicto. "No estoy bromeando, ha vuelto y es mejor", anunciaba en el perfil de Twitter de Brian Baugartner, el actor que interpreta a Kevin en la popular serie americana The Office.

En 2014 la aplicación alcanzó su punto álgido, recaudando 73 millones de dólares en fondos de capital de riesgo y estaba valorada en 400 millones de dólares. Las descargas aumentaban por momentos y se mantuvieron durante meses. Fue al comienzo de 2014 cuando comenzó su declive. Las descargas pasaron de 1.8 millones en septiembre de 2014, a 125.000 en septiembre de 2016, según informaba The New York Times. Unos meses más tarde, se produjo el despido del 60% de su plantilla y poco después llegó su cierre definitivo. Square, la empresa estadounidense de servicios financieros y pagos digitales, pagó entonces 1 millón de euros por varios de sus ingenieros y por la propiedad intelectual de la marca.

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“Es la misma experiencia de Yik Yak que millones de personas conocieron y amaron, y ahora puedes vivirla de nuevo”. Así se presenta la marca, de nuevo, desde su web. Pero el dulce recuerdo que expone, no se corresponde con la lista de polémicas que trajo consigo el uso indebido del servicio de mensajería. En 2014, un instituto en Massachusetts tuvo que evacuar sus instalaciones en dos ocasiones por amenazas de bomba generadas a través de Yik Yak, y lo mismo ocurrió en otro centro escolar en California.

Violencia verbal, lenguaje racista y sexista y casos de ‘bullyng’ se convirtieron en la tónica dentro de la plataforma y su equipo no llegó a tiempo a proporcionar soluciones. La imposibilidad de identificación de los usuarios hacía muy difícil combatir los abusos de manera legal y el uso de la' app' en casos de ciberacoso estaba cada vez más normalizado. Jordan Seman, una estudiante del Middlebury College, en Vermont escribió una carta dirigida a la compañía en relación con los ataques sufridos en la plataforma de mensajería por su condición física.

"Me desplacé por el tablero de mensajes y vi: 'Si pudiera golpear a un hipopótamo por librarme de los finales, cazaría a Jordan Seman'". "Un millón de cosas pasaron por mi mente: ¿Alguien me está mirando? ¿Debería haberme puesto este vestido? ¿Alguien me vio comer esa segunda galleta?", decía la carta. "Fuimos ingenuos", declaró Buffington en una entrevista a Huffpost. "Diseñamos la aplicación principalmente para estudiantes universitarios. Usar la aplicación de la forma en que pretendíamos que se usara requiere una cierta cantidad de madurez y responsabilidad, éramos idealistas sobre quién poseía eso".

Yik Yak permitía el envío de mensajes anónimos a través de la creación de un foro con un tablero de mensajes (parecido al que estamos acostumbrados a ver en Twitter) al que pueden acceder los usuarios que se encuentren en un radio de unos 8 km. Permitía a las comunidades compartir información dentro de un área específica, en la mayoría de casos, campus universitarios o institutos. Sus nuevos propietarios adquirieron los derechos para volver a desarrollar la aplicación en febrero de 2021 y han manifestado estar comprometidos en “hacer de Yik Yak un lugar divertido libre de acoso, amenazas y todo tipo de negatividad”.

En su segunda vida, Yik Yak obliga al usuario a registrarse utilizando su número de teléfono, e incluye un apartado en su web con “recursos de salud mental”. “Si ves a alguien intimidando o amenazando a otra persona, vota en contra de inmediato y denuncia el mensaje. Los ‘Yaks’ que alcancen un total de 5 votos serán eliminados”, se puede leer en su página. La empresa ha vuelto con un mínimo de conciencia sobre el peligro que puede generar un mal uso de su herramienta, aunque está por ver si sus esfuerzos al respecto serán suficientes.

El peso de las etiquetas

Como consecuencia de los problemas generados en colegios e institutos, a principios de 2016, la 'app' incorporó la opción de vincular a sus usuarios con sus cuentas de redes sociales. Algo que fue opcional hasta que se implementó su obligatoriedad en agosto de ese mismo año. La esencia de la 'app' se vio entonces dañada y su cierre llegó pocos meses después.

Ahora, aunque tomándose muy en serio los casos de intimidación y acoso, Yik Yak vuelve a defender la importancia de una comunicación privada y "sin etiquetas". "Pasamos nuestras vidas 'online' bajo el peso de etiquetas, tanto autoimpuestas (marca personal) como aquellas que nos asignan nuestros pares (etiquetas sociales)", explica la marca. "Las etiquetas son ideales para algunas situaciones; nos ayudan a comprender rápidamente con quién estamos hablando y nos ayudan a crear nuestras propias marcas personales. Pero a veces queremos experimentar la vida sin el lente permanente y constante de las etiquetas".

"Estamos comprometidos a combatir el acoso y la incitación al odio en la plataforma Yik Yak por todos los medios necesarios", añade. Si los medios a emplear funcionan correctamente, la aplicación será un lugar de encuentro entre comunidades como universidades, festivales, empresas o barrios. Ahora bien, está por ver si realmente sus nuevos dueños logran crear ese lugar seguro al que aspiran y, si de conseguirlo, este entorno es tan atractivo como lo fue en su día, cuando los mensajes de odio campaban a sus anchas.

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