El submarino que por fin puede sacar del pozo a la vulnerable Armada española
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Entrará en servicio en 2022-2023

El submarino que por fin puede sacar del pozo a la vulnerable Armada española

El S-81, que será el primero de la nueva serie de submarinos para la Armada española, supone un verdadero hito en nuestra construcción naval

placeholder Foto: Salida del S-81 de la nave de construcción. (Navantia)
Salida del S-81 de la nave de construcción. (Navantia)

Hoy, 22 de abril de 2021, con la presencia de SSMM los Reyes de España, se celebra el acto de botadura del submarino S-81 Isaac Peral. Es el comienzo de un complejo procedimiento para ponerlo a flote. Para España y para su industria naval, su construcción supone un hito, un antes y un después. El proceso ha sido largo y con diversos problemas, se ha necesitado apoyo exterior, pero también ha servido para investigar e innovar en varios campos. También se han se han vertido muchas críticas, algunas demasiado ácidas y otras con escaso, por decir nulo, fundamento. Pero ahí está. Es la nave que va a devolver a la Armada una capacidad necesaria. Así es el S-81 y lo que significa para la marina de guerra española.

La industria naval española ya había construido submarinos con anterioridad, pero siempre de un diseño extranjero. Los últimos de origen francés. Para la Armada se construyeron los denominados Clase 'Delfín' (o serie 60) que procedían de la Clase 'Daphné', del que se hicieron cuatro unidades, ya todas de baja, y la Clase 'Galerna' (o serie 70) procedentes de la Clase 'Agosta', de los que se hicieron otros cuatro. De ellos solo quedan dos y tan solo uno operativo, el S-74 Tramontana. Todos eran modelos SSK o convencionales (es decir, no nucleares) y de pequeño tamaño y desplazamiento.

Foto: Aviones F-18 del Ala 15. (Juanjo Fernández)

El S-81, que será el primero de la nueva serie de submarinos para la Armada española, supone un verdadero hito en nuestra construcción naval, pues es el primero que se construye con un diseño completamente propio. No se trata, como se dijo al principio, de una ‘versión’ del Scorpene. Es un submarino bien diferente y de características muy superiores.

El S-80: salto cualitativo

Los submarinos S-80, cuando se encuentren operativos, van a ser de los mejores modelos no nucleares del mundo. Son buques grandes con más de 80 metros de eslora y un desplazamiento en inmersión que supera las 3.000 toneladas. Dispone de motores diésel, generadores eléctricos y motor eléctrico para propulsión en inmersión y más adelante contarán con el sistema AIP (Air-Independent Propulsion). El conjunto de baterías consta de 180 elementos (que a futuro podrían ser de tecnología Litio-ion) de origen norteamericano, pero fabricadas en España, al igual que los elementos motrices y generadores.

placeholder Varios trabajadores de Navantia ultiman este miércoles los preparativos de la ceremonia de botadura prevista para este jueves 22. (EFE)
Varios trabajadores de Navantia ultiman este miércoles los preparativos de la ceremonia de botadura prevista para este jueves 22. (EFE)

El AIP resultó un aspecto clave y, a la vez, fuente de problemas. Este sistema permite prolongar las operaciones de los submarinos convencionales en inmersión durante tiempos prolongados. Hay de varios tipos y los más utilizados son los basados en el motor Stirling (utilizado por Suecia y Japón), el sistema francés MESMA (utilizado en los Scorpene) y los basados en pilas de combustible (submarinos 212 y 214 de origen alemán). Las pilas de combustible suelen ser los más eficaces, pero tienen el inconveniente de que utilizan hidrógeno, algo muy delicado de manejar y poco agradable de tener a bordo.

El S-80 utiliza una pila de combustible de 300 kW, pero, en lugar de utilizar hidrógeno almacenado, utiliza un reformador donde se genera hidrógeno a partir de bioetanol, un producto barato y fácil de manejar. El conjunto se denomina BEST (Bioethanol Stealth Technology) y, además de minimizar el almacenamiento de hidrógeno, pues se consume según se genera, es sencillo de operar y muy fácil de recargar con tres contenedores que se introducen y retiran una vez consumidos por una escotilla dedicada.

El problema es que se ha tardado en desarrollar al ser nueva tecnología y esto, unido a los continuos retrasos en el resto del programa, han obligado a que la Armada tomara la decisión de que tanto el S-81 como el S-82 comenzaran a operarse sin el módulo AIP, que se les colocaría en su ‘gran carena’ (fase de mantenimiento profundo) tras los primeros siete años de servicio.

placeholder Imagen artística del S-80 en navegación. (Navantia)
Imagen artística del S-80 en navegación. (Navantia)

La utilización o no del AIP es como pasar de la noche al día. Sin el AIP el submarino tiene una autonomía limitada en inmersión, marcada por la duración de sus baterías. Por ello tiene que salir a superficie o ‘hacer esnórquel’ (tomando aire a cota de periscopio) para recargarlas poniendo en marcha sus motores diésel. Así solo es posible mantenerse sumergido un máximo de entre dos y cinco días, eso si el submarino no se mueve mucho, siendo lo normal recargar casi a diario. Con el AIP es posible mantenerse sumergido tres semanas y resulta sencillo entender las enormes ventajas en cuanto a maniobrabilidad y discreción que le otorga. Es por este motivo por el que se habla de estos submarinos como ‘cuasi nucleares’.

Armamento de primer nivel

Como armamento disponen de seis tubos lanzatorpedos de 533 mm. Desde ahí se podrán lanzar torpedos, minas, misiles antibuque e incluso misiles de crucero. Los torpedos seleccionados son los DM2A4. Se trata de un magnífico torpedo de origen alemán, en servicio con muchos países. Es filodirigido, es decir, al lanzarse permanece unido al submarino por un fino cable que se va desenrollando y que, en este caso, utiliza fibra óptica. Este guiado posibilita que el submarino actualice la posición del blanco elegido de manera prácticamente instantánea a la vez que permite que el torpedo vaya en modo pasivo (muy discreto) hasta el momento final del ataque. También permite que sea usado en modo remoto como un ‘dron’ submarino para reconocimiento. El alcance es de 50 km, su velocidad de 90 km/h y su carga explosiva de 250 kg.

A los torpedos se unen los misiles antibuque UGM-84 del Block II (se corresponde con la denominación UGM-84L o 'Lima'), unos misiles que la Armada ya emplea en sus buques de superficie (en versiones anteriores) y que conoce muy bien por su probada eficacia. El Bloque II es una versión moderna de alta precisión con guiado inercial y GPS que deriva de las famosas bombas JDAM (Joint Direct Attack Munition) que también utiliza la Armada para sus Harrier. A esta precisión se une un alcance de alrededor de los 140 km.

placeholder Submarino Tramontana. (Armada)
Submarino Tramontana. (Armada)

Por último, el submarino va a contar con capacidad de integrar misiles de crucero, los polémicos (por considerarse un arma netamente ofensiva) UGM-109 Tomahawk. La Armada ha estado a punto de utilizar este misil con anterioridad para las fragatas F-100 (de hecho, la venta llegó a estar autorizada por la DSCA norteamericana), pero se renunció a ello en su momento. Ahora tampoco está claro. A favor estaría la enorme capacidad ofensiva que se le daría a estos buques y que los convertiría en los únicos del mundo no nucleares con este armamento. En contra pesa el hecho de su enorme precio, las cuestiones políticas y el espinoso tema de que su utilización necesita la participación de Estados Unidos si se quisiera utilizar con su máxima capacidad y precisión.

Electrónica puntera

El conjunto de electrónica estará a la altura del resto. Contará con un sistema de combate SUBICS (SUBmarine Integrated Combat System) diseñado por Lockheed Martin y Navantia, pero su núcleo será el SCOMBA, que es el Sistema de Combate de la Armada y que permitirá la integración plena de los S-80 con el resto de unidades.

Los sonares, que son fundamentales en el submarino, son de diversa procedencia. El de casco (a proa) y el de flanco (costados) son de Lockheed Martin. El de proa se usa muy poco en operaciones reales, pues es un sonar activo con el que se obtiene mucha precisión, pero delata al submarino. El de flanco es fundamental y en el S-80 es enorme. Esto es muy bueno pues, cuanto más grande sea el hidrófono y más elementos tenga, es posible discriminar más frecuencias. Complementan esos equipos el sonar remolcado (situado en la parte alta del timón vertical de popa) DTAS de tecnología española y fabricado por SAES.

El conjunto de mástiles es otro aspecto importante e incluye mástil de inducción (esnórquel), periscopio de ataque (muy pequeño y discreto, solo usado para el cálculo final), periscopio optrónico (de origen norteamericano) muy bueno y con funcionalidades automatizadas, radar ARIES-S (de INDRA), antena de GPS y AIS y antenas de comunicaciones y guerra electrónica.

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Foto: EFE.

Para un país con España, con tanta costa, dos archipiélagos, uno de ellos situado a más de 1.000 kilómetros de la península e intereses en pesca, comercio y navegación, disponer de submarinos es imprescindible. El submarino es un elemento de disuasión y lo que se denomina un arma de ‘negación’, es decir, no es un elemento de control del mar, pero niega al enemigo el uso del mismo. En caso de conflicto, tan solo la sospecha de la existencia de un submarino en una zona paralizaría por completo el tráfico naval de superficie. Ni siquiera tiene que estar allí y ni siquiera tiene que actuar ni atacar ningún buque para que su efecto disuasorio funcione.

Pero, además, sumergido, usando sus sonares y en modo pasivo, escudriña las profundidades y proporciona una cobertura fundamental a las unidades de superficie propias. Recordemos que, por ejemplo, todos los CSG (Carrier Strike Group) o grupos de combate de portaaviones norteamericanos siempre llevan uno o dos submarinos nucleares con ellos.

También es un elemento vital para operaciones de inteligencia, control y obtención de información, lo que se denomina ISR y operaciones especiales, por ejemplo, con inserción de equipos de reconocimiento, más difíciles (a veces imposibles) de realizar con medios aéreos o de superficie.

Es cierto que en el desarrollo del S-80 se cometieron errores, se alargaron los plazos y se incrementaron los costes, pero es la primera vez que se hacía y hay que pensar que el esfuerzo ha merecido la pena. Todos los proyectos militares de todos los países han sufrido problemas. A Gran Bretaña con sus submarinos Astute les pasó lo mismo que a nuestro S-80: exceso de peso, retrasos, sobrecostes, y tuvieron que recurrir a la misma empresa americana que nosotros: Electric Boat. Recordemos los problemas del portaaviones francés Charles de Gaulle, de los destructores británicos Type 45 o de los portaaviones americanos Gerald R. Ford.

El problema vendrá porque el S-81 no entrará en servicio hasta finales de 2022 o 2023, lo que significará alargar aún más la vida del viejo Tramontana. Además y pese al coste, cuatro unidades son insuficientes a todas luces y se deberían hacer como mínimo una más o mejor llegar a las seis.

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