HEMOS VISTO SU NUEVA VERSIÓN EN ACCIÓN

Volando el Black Hornet: el 'helicóptero' militar de 33 gramos contra las emboscadas

Un minidron de tan solo 16,8 cm ideado para la exploración en zonas de conflicto ha cautivado a ejércitos de medio mundo, también el español. Es tan discreto que no lo ves si no lo tienes encima

Foto: Foto: M. Mcloughlin.
Foto: M. Mcloughlin.

El operario que lo va a poner en marcha lo sujeta con la mano. Lo agarra haciendo una pinza tan solo con tres dedos, por los costados. Lo hace con la facilidad de quien sostiene una tiza o un rotulador para empezar a escribir. A simple vista parece de juguete. Cualquiera, fuera de contexto, lo podría confundir con uno de esos drones, la mayoría de origen chino, que se han puesto de moda como regalo socorrido en Navidades, días del padre, cumpleaños y otras efemérides notables. Pero nada de eso. Lo que está a punto de levantar el vuelo antes nuestros ojos tiene origen nórdico y se llama Black Hornet, una de las naves no tripuladas para fines militares que más ha dado que hablar en los últimos años.

Cuando uno habla de drones militares se imagina enormes naves mastodónticas capaces de alzar el vuelo cargados de proyectiles, como los que utilizó EEUU en su ofensiva contra el Estado Islámico en Oriente Medio. Lo último que se nos pasaría por la cabeza es una miniatura como esta, que apenas alcanza a ocupar el espacio de un gorrión. El fuselaje no alcanza un peso de 33 gramos. En Teknautas hemos tenido la ocasión de ver en acción la tercera generación de este aparato de la multinacional FLIR (que adquirió Prox Dynamics AS, la empresa que inventó el aparato en cuestión) que ya milita en ejércitos de varios países, incluido el español, que disponen de varias unidades de la versión precedente que han probado en el Ejército de Tierra y Ejército de Aire.

No pica, se mueve como una avispa

Foto: M. Mcloughlin.
Foto: M. Mcloughlin.

No es un arma letal. No está ideado para hacer un roto a las posiciones enemigas con su potencia de fuego. Ya dirán ustedes qué fuerza puede tener una máquina de treinta gramos de peso, 16,8 centímetros de largo y cuyo rotor tiene un diámetro de 12,3 cm. Su forma y su color, salvando las distancias, recuerdan a un helicóptero. Su mejor arma son sus dos cámaras. Y es que el Black Hornet está ideado para ayudar en tareas de vigilancia y exploración para soldados que vayan pie.

Por sus dimensiones es muy cómodo de llevar encima, aunque también han creado una lanzadera para colocar en la parte superior de diferentes vehículos militares y poder activarlos sin tener que bajarse.

Un caso práctico para hacernos idea de su utilidad. Imaginen que una unidad de infantería pretenden avanzar hacia un poblado en una zona de conflicto. Para asegurar que no serán objeto de una emboscada, se puede dirigir uno de estos Black Hornet hasta el punto para comprobar si está exento de peligro sin necesidad de mandar una avanzadilla ni poner en peligro a ningún integrante del equipo. También serviría en caso de retirada, dicen los creadores del invento, para comprobar que la vía de escape está libre de sorpresas.

Fotos: Michael Mcloughlin.
Fotos: Michael Mcloughlin.

El tiempo que el aparato tarda en ponerse en marcha oscila entre 30 segundos y dos minutos, dependiendo el modo de lanzamiento. Lo cierto es que es un proceso muy rápido y sobre todo silencioso. En la demostración que acudimos solo percibimos el zumbido de las hélices cuando lo tuvimos delante de nosotros. A un palmo. A la mínima que se alejó se perdió por completo entre el sonido ambiente del jardín en el que nos encontrábamos. Tiene un rango de hasta dos kilómetros, lo que permite manejarlo desde una posición lo suficientemente precavida.

Avanza a una velocidad de hasta seis metros el segundo. Puede soportar lluvia ligera y ráfagas de viento de hasta 37 kilómetros por hora y no tiene problemas para funcionar en entornos muy fríos (de hasta menos 10 grados) o muy cálidos (de hasta 43).

Foto: M. Mcloughlin.
Foto: M. Mcloughlin.

Este nuevo Black Hornet, que ha sido bautizado con el apellido PRS (Personal Reconnaissance System), tiene una autonomía de 25 minutos. Si fuese un dron comercial estaría en la parte alta del mercado, ya que la mayoría se sitúan por debajo de esa marca salvo honrosas excepciones como el DJI 4. Es importante remarcar que no es una máquina para el público general, sino que está pensando para su uso por parte de fuerzas armadas y necesita un permiso específico.

Para el día y para la noche

Foto: M. Mcloughlin.
Foto: M. Mcloughlin.

Como decimos, la mejor arma de este Black Hornet son sus cámaras. En este caso han sido remozadas y mejoradas frente a la anterior versión. Cuenta con dos sensores para transmitir fotografías y vídeo en tiempo real mediante radio frecuencia encriptada.

El vídeo alcanza una resolución de 640 por 480 píxeles. Sin embargo, es posible que en algún momento se necesite algún detalle concreto y entonces se puede capturar una imagen fija de hasta 1600 por 1200px, lo que permite analizar mucho más profundamente los elementos.

Además de las piezas electroópticas, también cuenta con nuevos sensores térmicos (con una calidad de imagen/vídeo de 160x120px) que permiten también su uso cuando cae el sol. Cuando trabaja en entornos oscuros fusiona las capacidades de ambos sensores para crear mejores capturas.

De la misma manera que se puede utilizar indistintamente de día y de noche, también se puede utilizar tanto en interiores como exteriores. Todo gracias a su plataforma de navegación. Además de contar con compatibilidad con GPS y GNSS (Global Navigation Satellite System), trabaja con un sistema basado en su campo de visión para poder seguir operando en zonas donde la señal GPS es débil o directamente está bloqueada.

Centro de control... y de carga

Foto: M. Mcloughlin.
Foto: M. Mcloughlin.

Pero ¿esto desde dónde se maneja? Por si alguno había fantaseado ya con un soldado sacando un 'smartphone' y manejando el Black Hornet con una aplicación, deben saber que cuenta con un centro de control, que hace también las veces de base de carga. Cuando está cerrado parece una bolsa normal y corriente, que tiene ciertas similitudes con esas que uno se compra para llevar su réflex con varios objetivos. Sin embargo cuando se abre, se descubre una generosa pantalla táctil en la que se puede acceder a varios controles, información de batería, posición... Así como visualizar la imagen que está transmitiendo el dron en ese momento. Además de la transmisión, el material también se puede almacenar en una tarjeta externa, ya que los aparatos cuentan con ranura con este fin.

El modelo que vimos cuenta con dos ranuras de carga, aunque uno de los responsables de FLIR, comentaba que esta pieza podría ser customizada para incluir más unidades dependiendo las exigencias del cliente. Con este sistema mientras usas uno, puedes estar dando un chute de energía al otro. Como las manos, al menos una de ellas, van a estar ocupadas con el control, tiene dos tiras para poder tenerlo colgado sin necesidad de estar sujetándolo constantemente. El mando, por cierto, recuerda a un 'joystick' que cuenta con ocho botones y está unido a la base por cable.

Foto: M. Mcloughlin.
Foto: M. Mcloughlin.

El Black Hornet PSR cuenta con varios modos de vuelo. Puedes manejarlo manualmente o fijar una ruta predeterminada con varios puntos de interés. Cuenta con un sistema de vuelo semiautomático que facilita y mucho el aprendizaje. Según cuentan sus responsables, la formación para manejar estos drones es de tres días, aunque en la primera jornada ya se tienen las nociones suficientes para manejarlo con cierta soltura. Si se pierde la señal o el cifrado se rompe, la nave volverá automáticamente a su punto de partida.

Las pruebas en España

Foto: M. Mcloughlin.
Foto: M. Mcloughlin.

Como decimos, este es uno de los drones que más han dado que hablar en los últimos tiempos. Ha sido utilizado en varias misiones de la OTAN en zonas de conflicto como Mali, Afganistán o Irak. En España se dieron a conocer en la primera mitad de 2018, cuando saltó la noticia de que la Legión se había hecho con varias unidades de la versión anterior del Black Hornet a la que hemos visto en acción, un modelo menos avanzado pero que contaba con un armazón todavía más ligero, 16 gramos. El nuevo peso se debe a la inclusión de nuevas piezas y un fuselaje más robusto. Fue la Brigada Alfonso XIII la que protagonizó esta sonada adquisición.

Tanto el Ejército de Tierra, el del Aire y la Armada incorporaron varios 'Black Hornets 2'

Esta unidad es la base de la llamada Brigada 2035, que viene a ser un grupo experimental que tantea las vías que tiene el Ejército de Tierra para adaptarse a los retos propiciados por los avances tecnológicos. Pero no son los únicos, ni mucho menos, que lo han incorporado a sus filas. El Escuadrón de Zapadores Paracaidistas del Ejército del Aire o la Fuerza Especial Naval de la Armada también disponen de ellos.

Foto: M. Mcloughlin.
Foto: M. Mcloughlin.

Pero el Black Hornet se ha utilizado por medio mundo. En el caso de esta nueva versión, FLIR ha firmado un acuerdo con el Ejército de Estados Unidos por valor de 39,60 millones de dólares para un suministro masivo de estos aparatos. En el caso de Francia la inversión es aún mayor: han concedido a la compañía un contrato que asciende hasta 89 millones. En total, son más 30 los países que han hecho algún 'bolo' con alguna de las generaciones de esta máquina. Además de los ya mencionados, están Australia, La India o Reino Unido.

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