Los usan Hizbulah, Al Qaeda y Daesh desde 2014

Los drones del ISIS: cuando los juguetes voladores se hacen terroristas

Es un fenómeno viejo como la guerra, es decir, viejo como el mundo: el enemigo acaba empleando contra ti las armas que usas contra él

Foto:  Un vídeo propagandístico de Daesh muestra a sus miembros manejando drones
Un vídeo propagandístico de Daesh muestra a sus miembros manejando drones

Es un fenómeno viejo como la guerra, es decir, viejo como el mundo: el enemigo acaba empleando contra ti las armas que usas contra él. Cualquier herramienta efectiva en el campo de batalla será copiada, porque el enemigo siempre aprende, y el uso por las fuerzas militares del mundo de aviones no tripulados no iba a ser una excepción.

Desde al menos 2014 grupos considerados terroristas como Hizbulah, Al Qaeda o Daesh han demostrado disponer de la capacidad de usar drones voladores para fines de vigilancia, control, espionaje y propaganda, pero desde finales del pasado año también los emplean en tareas ofensivas: ya se han registrado numerosos ataques y no pocas bajas, especialmente en la Batalla de Mosul. Daesh dispone incluso de talleres y factorías para ensamblar y adaptar sus propios modelos, y ha desarrollado municiones específicas para usarlas en ellos.

Al mismo tiempo los rebeldes houthíes de Yemen han usado una lancha teledirigida para atacar una fragata saudí en el Mar Rojo. Los drones, que nacieron como símbolo de supremacía tecnológica sólo al alcance de las más grandes potencias, están ahora también en manos de terroristas. Los sistemas antidrones serán por tanto cada vez más necesarios.

Una historia de drones de guerra

Conceptualmente los drones, entendiendo como tales a los vehículos sin tripulación diseñados para dañar al enemigo, son tan antiguos como los brulotes, las minas, los torpedos o los misiles. Por ejemplo en la Segunda Guerra Mundial se emplearon (aunque sin éxito) aviones bombarderos teledirigidos en la Operación Afrodita, en uno de cuyos ataques murió Joe Kennedy, y los alemanes emplearon bombas guiadas Fritz-X para hundir el acorazado italiano Roma y otros buques aliados.

El avión espía A-12 Oxcart
El avión espía A-12 Oxcart

Durante la Guerra Fría se desplegaron drones espía como los D/M-21 del A-12 OXCART (antecesor del SR-71 Blackbird), señuelos para atraer misiles enemigos y también aviones no tripulados como blancos para entrenamiento o pruebas de armas. Las fuerzas armadas estadounidenses los emplearon profusamente en Vietnam, si bien las limitaciones tecnológicas de la época provocaron una alta tasa de pérdidas de aparatos.

En su encarnación moderna los aviones de combate no tripulados fueron desarrollados por Israel a partir de los años 70 y 80 para ampliar sus capacidades de reconocimiento táctico sin poner en riesgo a sus pilotos. En los 90 las fuerzas estadounidenses adquirieron modelos israelíes que utilizaron en la Primera Guerra del Golfo y comenzaron a desarrollar sus propios proyectos.

Los más conocidos

Uno de los más conocidos es el MQ-1 Predator, lanzado en 1995 como aparato de reconocimiento y armado con misiles desde principios de los 2000 que se convirtió en estandarte de la guerra global contra el terrorismo tras los ataques del 11 de septiembre de 2001. Este y otros modelos como su derivado MQ-9 Reaper han sido y siguen siendo profusamente utilizados en las guerras de baja intensidad de Irak y Afganistán y en acciones antiterroristas en numerosos países de Oriente Medio: su éxito ha llevado a la proliferación de estos sistemas, que ahora forman parte del arsenal de numerosas naciones.

MQ-9 Reaper
MQ-9 Reaper

Aparatos como el Predator y sus equivalentes tienen capacidades a las que sólo pueden aspirar naciones con recursos militares potentes. Pueden ser dirigidos desde la otra punta del planeta, haciendo extenso uso de redes de comunicaciones vía satélite, sistemas de geoposicionamiento y electrónica de navegación semiautomatizada. A menudo son atendidos por varias tripulaciones, una lejana que se encarga de la misión y otra más próxima que se ocupa del mantenimiento, y en ambos casos rotatorias para garantizar tiempos de misión muy largos.

Armados con misiles aire-tierra y diversos tipos de bombas ‘inteligentes’ han demostrado ser muy útiles como sistemas de vigilancia con gran persistencia y capacidad de ataque rápida y letal, siempre en entornos donde el control del aire está firmemente en manos amigas y el enemigo carece de capacidad antiaérea. Ningún grupo terrorista dispone de los recursos para desplegar un sistema así.

Anhelados por grupos terroristas

Lo que no quiere decir que no lo anhelen. Ya desde mediados de la primera década del siglo organizaciones como Hizbulah empezaron a utilizar drones para realizar tareas de reconocimiento táctico, amenazando con emplearlos a modo de ‘misil de crucero del pobre’ para realizar ataques con cargas explosivas en Israel. Los modelos usados eran de fabricación iraní y mucho menos sofisticados que los de los países occidentales pero la organización los empleó durante la incursión israelí al sur del Líbano en 2006, sin mucho éxito.

En 2012, sin embargo, una incursión por un drone que salió del Líbano, recorrió el Mediterráneo y entró por Gaza llegó a pocos kilómetros de la central nuclear de Dimona [pdf], centro del programa atómico israelí, en lo que se interpretó como un aviso de Irán para disuadir un posible ataque a su propio programa atómico.Más recientemente un F-16 israelí derribó un drone que había despegado de Gaza. Y fuerzas houthíes usaron una lancha teledirigida para atacar una fragata saudí en el Mar Rojo.

Al mismo tiempo y debido a las mejoras en la tecnologías de las baterías y de los sistemas de control automático se produjo un importante desarrollo de los drones comerciales, tanto los destinados al mercado de aficionados y aeromodelismo como al profesional, donde estos aparatos comenzaron a ser utilizados en tareas como la vigilancia de tendidos eléctricos o la captura de imágenes aéreas. Modelos populares como el AR de Parrot contribuyeron a normalizar el uso entre los aficionados al facilitar tanto el vuelo como la toma de imágenes; sus dos versiones disponen entre otras cosas de estabilización y aterrizaje automáticos y pueden ser pilotados de un modo sencillo usando un teléfono inteligente.

Del mercado civil al militar

A la vez que este tipo de aparatos entraba en el mercado civil los militares empezaron a demandar versiones adaptadas sobre todo para el reconocimiento de corto alcance que ahora forman parte del equipo estándar de muchas unidades profesionales. Los grupos terroristas, incapaces de desarrollar su propia tecnología, empezaron a usar los modelos disponibles en el mercado abierto. Así en la guerra civil de Siria diversas facciones han empleado tanto drones militares de origen ruso o iraní como aparatos de tipo comercial más o menos adaptados a sus necesidades. De entre los diferentes participantes uno de los más activos ha sido el grupo Daesh, en especial estos días en Mosul.

Al principio Daesh utilizaba modelos de tetra o hexacópteros comerciales probablemente adquiridos en el mercado libre y en misiones de vigilancia y reconocimiento. En varias ocasiones las fuerzas que reconquistan el territorio iraquí han detectado el uso de este tipo de sistemas para escoltar y vigilar la ruta seguida por coches o camiones suicidas, una de las tácticas favoritas del grupo terrorista. También se usaron drones en la elaboración de vídeos de propaganda, una actividad vital para el grupo.

Más tarde se empezaron a detectar modelos equipados con cargas explosivas y convertidos así en una especie de ‘bombas volantes’, aunque su baja capacidad de transporte y su relativa lentitud y baja velocidad los hacen vulnerables a ser derribados con simples fusiles de asalto o ametralladoras. Aunque el éxito no les acompaño sin embargo el grupo siguió con el desarrollo de este tipo de armamento, lo que ha dado lugar a algunas sorpresas e incluso a unas pocas bajas.

Versiones adaptadas por Daesh

Primero aparecieron, tanto en vuelo como en los vídeos, drones adaptados para el bombardeo desarrollados en los propios talleres del grupo. Así empezaron a verse tetracópteros tipo Phantom 3 Advanced, de Maverick Drone Systems (o sus clones) adaptados para el lanzamiento de bombas fabricadas en los propios arsenales de Daesh.

Adaptadas a partir de granadas de 40 mm, con o sin espoletas de mortero añadidas y estabilizadas con una ‘cola’ de plástico creada ex-profeso Daesh ha conseguido crear minibombas lanzables mediante simples mecanismos añadidos a los drones comerciales, armamento que fabrica en grandes números. En algunos vídeos analizados por Bellingcat se discuten diferentes sistemas de lanzamiento, armamento y estabilización (colas de varios tipos, incluyendo una similar a una pelota de bádmington y varios tipos de paracaídas) probados por el grupo; en algún caso estas bombas han llegado a causar un par de bajas entre los Peshmerga kurdos, aunque su efectividad es más que limitada.

Una versión más avanzada bautizada por el grupo como Reaper parece ser un derivado del modelo comercial de drone de ala fija Skywalker X-8 dotado con unos rudimentarios sistemas de lanzamiento de este tipo de pequeñas bombas, insuficientes para causar gran daño pero que pueden ser peligrosas para la infantería al descubierto o incluso para vehículos blindados ligeros. Los drones de ala fija, más rápidos y capaces de volar más alto, tienen el inconveniente de que su precisión en los lanzamientos es mucho menor.

Drones de fabricación casera

Y la cosa empeora aún más cuando se trata de drones de fabricación casera como los que han aparecido en Mosul, construidos con piezas de plástico, cinta adhesiva y motores de aeromodelismo y empleados como ‘bombas volantes', aunque con un éxito muy limitado: las tropas iraquíes que avanzan en Mosul han derribado decenas de ellos sin que hayan causado grandes desperfectos. Para complicar los planes de Daesh de aumentar el uso de este tipo de aparatos la inteligencia estadounidense ha conseguido localizar y facilitar la destrucción de algunas de las redes de talleres que fabricaban tanto las bombas como los aviones y helicópteros no tripulados, lo que sin duda contribuirá a que se reduzca su empleo en el campo de batalla.

Lo que está claro es que los drones forman ya parte de la batalla, y no sólo en los enfrentamientos entre ejércitos avanzados; de ahí el interés de muchas fuerzas armadas por desplegar sistemas antidron lo más eficaces posibles. Es el eterno tira y afloja entre ataque y defensa, ejército y guerrilla, fuerzas del orden y terroristas; lo que uno utiliza el otro lo intenta copias y adaptar a sus propias capacidades y necesidades. Los helicópteros y aviones que hace poco eran juguetes pueden ser herramientas militares eficaces y letales riesgos en manos de terroristas. Porque en la guerra ningún avance tecnológico permanece mucho tiempo siendo unilateral.

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