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Cuando la ciencia amenaza una enfermedad: ¿habrá otro éxito como el de la hepatitis C?

España cuenta entre sus éxitos de innovación en salud con la gestión de un tratamiento efectivo contra la hepatitis C. Sirviendo de modelo, ¿podrá repetirse una victoria de este tipo?

Si buscamos un ejemplo de innovación en el sistema sanitario español, probablemente acabemos llegando al mismo punto: la aparición de la fórmula capaz de curar el virus de la hepatitis C en más del 95% de los casos. Este hito está lejos de parecerse a cualquier avance futuro en el tratamiento de enfermedades hepáticas, según los expertos. Y es que, desde que en 2015 el Ministerio de Sanidad desarrollase el Plan Nacional para la Eliminación de la Hepatitis C ya se han tratado 100.000 pacientes en España.

Pero, ¿qué hemos aprendido del procedimiento aplicado a la hepatitis C? ¿Hemos sentado un precedente para la eliminación de otras enfermedades? Y sobre todo, ¿contamos con los mecanismos necesarios para incentivar la innovación? Con el objetivo de dar respuesta a estas y más preguntas, nos hemos reunido con Javier García Samaniego, coordinador de Alianza para la Eliminación de las Hepatitis Víricas en España (Aehve), y José Luis Calleja, jefe de Sección de Hepatología del Hospital Universitario Puerta de Hierro en la mesa redonda ‘El valor de la innovación y su impacto en el sistema sanitario’, organizada por El Confidencial y Gilead.

La innovación ha dado muestras de ser un aspecto clave en el avance del sector sanitario. Queríamos saber en qué momento de la innovación en salud se encuentra España y si el caso de la hepatitis C ha sido el punto de partida. Conocer, además, qué factores han permitido esta innovación, qué procesos la han entorpecido y qué queda por hacer para hablar de enfermedad residual.

El plan que lo hizo posible

¿Cómo ha sido posible que una enfermedad infecciosa como la hepatitis C, que hasta hace poco era la octava causa de muerte en el mundo, se encuentre cerca de desaparecer en España? El desencadenante lo podemos situar en ese plan estratégico del sistema nacional de Salud de 2016, que costó 1.600 millones de euros y que se pudo poner en marcha gracias al acuerdo entre el Ministerio y todas las partes implicadas. Según los expertos, este pacto ha retornado a la sociedad entre 4.600 y 7.000 millones gracias a la alta tasa de curación y la brevedad del tratamiento.

El inicio de las investigaciones en medicamentos innovadores para la hepatitis C se remonta al año 2000. José Luis Calleja recuerda que, hasta llegar a los fármacos orales actuales que curan a más del 95% de los pacientes en un corto periodo de tiempo –de 10 a 12 semanas– y sin efectos secundarios, se ensayaron al menos 15 compuestos de los que finalmente quedaron 3 o 4: “La primera condición que hubo en España para que se diese esta innovación fue el diseño de un plan nacional que aunó el esfuerzo de pacientes, profesionales, administración e industria farmacéutica no solo para llegar al fármaco con el que pudiésemos tratar desde el paciente más leve al más grave, sino también para que, una vez lo tuviésemos, fuese rentable para todo el mundo”.

Los fármacos orales curan a más del 95% de los pacientes en un periodo de 10 a 12 semanas

Antes de su introducción en el mercado en 2015, Calleja ya imaginaba que “estos fármacos iban a ser un tsunami que iba a convertir la hepatitis C en una enfermedad residual”. Tres años más tarde, “estamos viendo los beneficios en los hospitales” y la OMS ya ha anunciado que prevé acotar la enfermedad en 2030.

Mientras, el último estudio epidemiológico sobre la enfermedad impulsado por el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander, el Clínico Universitario de Valencia y el Universitario Puerta de Hierro de Madrid fijaba un objetivo todavía más ambicioso para acotar la enfermedad en nuestro país: el año 2021.

Javier García Samaniego, coordinador de Alianza para la Eliminación de las Hepatitis Víricas en España.
Javier García Samaniego, coordinador de Alianza para la Eliminación de las Hepatitis Víricas en España.

Próximo objetivo: los no diagnosticados

Para Calleja, el objetivo de 2021 “es muy ambicioso, porque tenemos que pensar en la hepatitis C como un problema de salud pública y, aunque logremos curar a todos los pacientes diagnosticados, nos falta identificar el número real de personas infectadas por el virus que existen”. Y este es precisamente el reto principal por abordar en la próxima fase de implantación del medicamento.

El virus de la hepatitis C se transmite a través de la sangre y, según la OMS, la mayoría de las infecciones se producen por exposición a pequeñas cantidades de sangre a través del consumo de drogas inyectables, de prácticas de inyección o de atención sanitaria poco segura y de la transfusión de sangre y productos sanguíneos sin analizar. Los antivíricos pueden curar más del 95% de los casos de infección por el virus de la hepatitis C, lo que reduce el riesgo de muerte por cáncer de hígado y cirrosis. Pero el acceso al diagnóstico y el tratamiento es limitado, ¿estamos seguros de que podremos hablar de enfermedad residual tan pronto?

"Para que la hepatitis C sea residual tenemos que solucionar el problema del infradiagnóstico" (Javier García Samaniego)

Según Javier García Samaniego, “para decir que la hepatitis C es una enfermedad residual en España tenemos que acotar el problema del infradiagnóstico”. Si no queremos interrumpir el éxito de esta innovación, para Samaniego, “una vez que ya hemos tratado a la mayor parte de los pacientes que teníamos conocidos, es imprescindible tratar a las personas que no saben que tienen”.

El conflicto, en su opinión, es que “a la administración le da miedo que salgan enfermos de debajo de las piedras, pero si no afrontamos este problema podemos morir de éxito porque, efectivamente, van a emerger casos que no estamos contando”.

José Luis Calleja, jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Universitario Puerta de Hierro.
José Luis Calleja, jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Universitario Puerta de Hierro.

"Necesitamos datos actualizados"

La falta de datos actualizados procedentes de la administración es algo habitual. El problema es que a veces esta realidad se convierte en temeraria y esto es precisamente lo que sucedió cuando los expertos se propusieron encontrar un fármaco contra la hepatitis C. Javier García Samaniego recuerda que “el plan tenía que responder a una necesidad urgente y, en el momento de ver para cuántos pacientes teníamos que desarrollar la medicación, vimos que las previsiones estaban infladas”.

Esta es, sin duda, una de las principales lecciones que ambos expertos han aprendido de la innovación. “Si queremos innovar con eficiencia en salud –insiste José Luis Calleja– necesitamos tener datos actualizados y fiables en cualquier campo susceptible de desarrollar innovaciones terapéuticas porque saber cuántos pacientes vamos a tener que tratar es una información fundamental. En este sentido, la administración debería estar especialmente preocupada por tener los datos de la carga de enfermedad actualizados”.

"Si queremos innovar con eficiencia en salud necesitamos tener datos actualizados y fiables" (José Luis Calleja)

Pero, ¿realmente hay tantas posibilidades de innovar en salud a corto plazo? El caso de la hepatitis C va a ser, según estos hepatólogos, muy difícil de repetir, al menos en su campo de especialización. Samaniego cree que “aunque nos falta perspectiva histórica para ver lo que hemos conseguido con este tratamiento, en medicina no todos los modelos son reproducibles. En el caso de otras enfermedades del hígado, por ejemplo, un nuevo medicamento no tiene por qué suponer el alta a los pacientes de manera inmediata, como en el caso de la hepatitis C, ya que necesitan mayor atención médica para las enfermedades derivadas”. Sea como sea, lo que sí tiene claro es que “las innovaciones que vengan detrás tendrán que verse en el espejo de la hepatitis C”.

La innovación, fuera del discurso político

Cuando hablamos de innovación solemos pensar en la última tecnología, pero las terapias innovadoras van más allá y hacen referencia a la capacidad de solucionar necesidades no cubiertas. En este sentido, José Luis Calleja cree que “son necesarios mecanismos para evaluar qué es y qué no es innovación”, no sin antes “sacar del debate político la innovación en sanidad y ubicarla en el debate técnico para que las decisiones que se tomen sean en beneficio de todos los ciudadanos”.

La innovación, en su opinión, “tiene que definirse desde el punto de vista del impacto que tiene sobre la salud de los pacientes, que realmente cambie el manejo de una enfermedad habitualmente grave” como ha sucedido con los fármacos orales contra la hepatitis C.

"Sin innovación es imposible que la medicina progrese y que la salud general de los ciudadanos mejore" (José Luis Calleja)

Y es que los avances en esperanza de vida, en diagnóstico precoz de enfermedades prevalentes o en herramientas terapéuticas para enfermedades que hasta hace muy poco no tenían tratamiento “se han desarrollado en el marco de una revolución tecnológica impresionante. Esto demuestra que sin innovación es imposible que la medicina progrese y que mejore la salud general de los ciudadanos”.

Desde la experiencia, en definitiva, Calleja propone que “todas las partes implicadas se pongan de acuerdo. Que el acceso a las innovaciones que son relevantes se dé a un precio sostenible para los pacientes y que haga la inversión rentable para el Estado”.

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